El sistema de sospecha constante en la UNT

El sistema de sospecha constante en la UNT

Muchas discusiones de la campaña de las elecciones de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) se han acercado peligrosamente a sofismas, porque dejaban plantada la duda sobre la posible falsedad de verdades planteadas como principios irrefutables. Tal ha sido el caso de la asamblea del jueves (donde se eligió rector) cuando se discutió entre voto secreto y voto cantado. La defensa exacerbada por asambleístas de la oposición del voto secreto como elemento clave de la democracia, superador de la barbarie del siglo XIX y el conservadurismo, se caía cuando se advertía que esos mismos grupos habían proclamado la validez del voto cantado hace cinco años. No era un principio, sino un paradigma, que se modifica según la circunstancia.

Igual actuaba el oficialismo al proponer el voto a viva voz como un elemento democrático clave para evitar la compra de voluntades y la corrupción que, supuestamente, permite este sistema de elección indirecto, que lleva necesariamente a las negociaciones en las que los intereses de las partes afloran sin freno. “Te doy esto, me das aquello”. De ahí a que haya “bolsones académicos” (promesas de cargos, gestiones, publicaciones) hay un paso, y otro más grande a las compensaciones económicas, como las que se proponía en el famoso video de 2010 del entonces secretario de Bienestar Universitario, Ramiro Moreno, supuestamente ofreciendo contratos a cambio de votos.

El jueves, los oficialistas no tuvieron pruritos en levantar su moción de voto cantado tan livianamente como la habían propuesto porque no era un principio; era un elemento de negociación y cuando vieron que les daban los números, cambiaron el paradigma.

¿Cómo queda el sentido común en el debate entre voto secreto y voto cantado? Sacudido, avergonzado, con la imagen de la Universidad por el piso, tironeado entre saber si se trata de una cuestión ética, de una conquista democrática o si todo eso puede quedar supeditado a una discusión de marketing que esconde la negociación entre bambalinas.

Presiones y estrés

Otra situación de principio distorsionado se dio el 19 de abril, cuando renunció el presidente de la Junta Electoral –el entonces decano de Educación Física, Rubén Taboada-, estresado por una situación que no pudo manejar. Dijo que era un asunto personal, de salud, pero nunca dio a conocer qué presiones tuvo. Se lo vinculaba con la oposición, al igual que al suplente, el ex decano de Agronomía y Zootecnia, Roberto Corbella, que era, además y efectivamente, candidato por la oposición para repetir el cargo en la Facultad.

El sentido común dice que ambos deberían haberse apartado de sus puestos en la Junta Electoral, ya lanzada la carrera de los comicios. Nadie lo planteó, ni en el oficialismo ni en la oposición, porque el escándalo sirvió en la escaramuza eleccionaria. Corbella, acompañado por la apoderada de su fórmula política, Rosa Castaldo (ex decana de Psicología), fue a reclamar el cargo, remando contra el sentido común. El mismo Corbella, indeciso, reconocía a LA GACETA que no estaba bien ser juez y parte. Pero no era cuestión de principios, sino parte de la batalla eleccionaria. Renunció días después al cargo, cuando ya se habían dado febriles negociaciones entre los equipos de las listas para ver quién ocuparía el lugar de Taboada.

También las impugnaciones estuvieron fuera de lugar: debieron hacerse apenas conocidos los candidatos, para que las decisiones de la Junta Electoral no fueran cuestionadas éticamente ni formaran parte del fragor de la campaña. Acaso parte del futuro sistema electoral de la UNT sea una Junta Electoral con miembros capacitados, profesionales, independientes de vínculos políticos con las listas.

Parloteo superficial

La definición de las autoridades de la Junta dio indicios de cómo el sistema funciona por negociaciones por debajo de los debates de principios, que terminan siendo parloteos superficiales. Primero en la sesión del 22 de abril, declarada secreta y luego caída cuando se retiró la oposición, y después en la sesión veloz del 27 de abril, cuando se volvió a retirar la oposición y se eligieron autoridades a toda velocidad. Se vio que se había negociado el día anterior y que ambos grupos habían llegado con una estrategia para la reunión. Los oficialistas lo ejecutaron a rajatabla e impusieron que se eligiera a Sandra Márquez para la Junta.

Luego se sabría que en el organismo electoral se decidió que la presidenta fuera la abogada Ángeles Igarzábal, quien había nombrada tiempo atrás, al mismo tiempo que Taboada. ¿Para qué hubo tanto fragor con la renuncia de Taboada y el caso Corbella? Escarceo electoral.

Una especie de debate

Ya sobre el fin de la campaña, en dos programas de la GACETA, se dio otro debate principista. Fue cuando apareció el candidato opositor José Luis “Pío” Jiménez en “Panorama Tucumano” y dio pie a que se transparentara que había intereses de la política partidaria –no quiso hablar de apoyo del jefe de Gabinete, Juan Manzur, pero no lo negó rotundamente, y sí habló de simpatías de algunos radicales a los que mencionó-. Y metió en medio de la guerra electoral al secretario general de la UNT, José Hugo Saab, al decir que era un poder dentro de la universidad, que era un modelo que había que cambiar y que generaba temor.

Eso dio pie a la respuesta de Saab al día siguiente en LG Play, donde, además de refutar sus críticas, dijo que en tres asados en noviembre, “Pío” le había ofrecido que fuera su jefe de campaña. Saab (que en marzo pasado, en medio de la guerra interna entre Manzur y Osvaldo Jaldo, había sido separado de su cargo de asesor del Ministerio de Educación de la Nación “por pedido de Manzur”, según dijo) aludió a las negociaciones de los equipos de cada lista y mencionó que una “persona le hace la campaña al contador Jiménez”. Ahí se hizo alusión a la venenosa “guerra larvada” de la que habían hablado el decano de Medicina, Mateo Martínez, y el representante de los no docentes, Ángel Morales, y que dio lugar a las sospechas de grupos de política partidaria metidos a presionar en estos comicios. Estas sospechas (siempre rumores) dieron lugar al planteo de voto cantado pedido por el oficialismo en la asamblea del jueves.

“Estructura de pecado”

Poderoso o no, fue Saab y no Sergio Pagani el que sostuvo la polémica con Jiménez, y nadie salió a refutar luego a Saab. ¿Era una batalla de talentos para los comicios? No hubo debate de candidatos (Pagani, hoy rector electo, no se presentó a “Panorama Tucumano”). La suerte mediática ya estaba echada. Lo último que quedó en el escarceo electoral fue la presentación en la Justicia federal de la impugnación a Mercedes Leal como candidata a vice siendo jubilada como investigadora, planteo que fue rechazado.

¿Qué impresión queda en la comunidad universitaria de esta campaña? La de una pelea que, exenta de la violencia y las vergüenzas de otras épocas (ni agresiones, ni votos origami)- abundó en batallas desgastantes que no debieron existir. Debates consentidos por ambas partes como formas de una “estructura de pecado”, como lo definió el docente Hugo Ferullo en una sesión del Consejo Superior.

Sin tratar en la campaña, quedaron temas como el caso YMAD y la minería, que entre 2014 y 2018 hicieron caer a la universidad al fondo de las sospechas de corrupción. Hay un ex rector, Juan Cerisola, que será enjuiciado por el manejo de las regalías mineras, y fue la acción del Consejo Superior de esos años la que logró que se debatiera el tema. Aún no se sabe qué va a pasar con la UNT y la minería: se hizo un acuerdo con YMAD cuyo destino es incierto, porque la cuestión se trató en dos sesiones secretas del Consejo Superior el año pasado, de las cuales no quedan informes escritos. En esos años de temas fuertes (14-18) también se descubrió la fragilidad de la UNT con respecto a presiones de la política sobre Canal 10 –hay que recordar el escándalo de los 45.000 segundos de publicidad que debió pagar el PJ- y los manejos poco claros de las casas de la residencia de Horco Molle. En su informe, el rector saliente, José García, dio cuenta de lo que falta en esta gestión y coincidieron todos, oficialistas y opositores, en la necesidad de cambios en el sistema electoral. ¿Y Asunt? Obra social que no es tal y que arrastra constante déficit y problemas. “Faltó balance crítico: son personas que ya eran autoridades; ¿Por qué no impulsaron antes las cosas que prometen ahora?”, dice el sindicalista Ariel Osatinsky, de Adiunt.

Lo que falta elegir

En el programa “Panorama Tucumano”, Jiménez hizo alusión al manejo del presupuesto de las autoridades salientes (se jactan de tenerlo equilibrado) y dejó una extraña sensación en cuanto a que “una buena gestión no significa que lo mejor ha sido lo austero. Hay una confusión si bien se ha trabajado en el ordenamiento de la parte salarial, desde el punto de vista de la gestión, no”. Esta alusión a la parábola de los talentos deja la duda y el desafío sobre cómo debe ser un proyecto de trabajo universitario.

Y falta hablar del organismo de definición de políticas y de control, que es el Consejo Superior. Es el que se va a elegir en estos días, y la definición de sus integrantes acaso sea tan importante como las del Rectorado, porque de ellos dependerá que la UNT vaya para adelante, apoyada y controlada, o escore en pequeños o grandes escándalos o en debates inconducentes. Es que está presa de un sistema venenoso que deja a quienes compiten sacudiéndose las sospechas de permitir una campaña sucia. Tienen que estar aclarando constantemente que son honorables. Sistema que necesita más principios, menos sofismas.

Tamaño texto
Comentarios