Un día entre bocinas y motores en Tucumán

Se encargan de mantener a raya el tránsito en las ciudades. Aunque ya forman parte del paisaje, su rol es importante para el cumplimiento de las normas de tránsito.

CONTROLES. En un día, en cinco horas, se llegan a retener 20 vehículos por diferentes infracciones. la gaceta / fotos de franco vera CONTROLES. En un día, en cinco horas, se llegan a retener 20 vehículos por diferentes infracciones. la gaceta / fotos de franco vera

Cada mañana se levantan temprano. Mientras todavía muchos duermen, ellos se preparan para salir a la calle. Con calor o con frío, están: en las escuelas, en los cruces peatonales o en las zonas de congestión vehicular. Están y luchan día a día para revertir el caos automotor y, de paso, para educar a los conductores. Y esa sí que es una tarea muy difícil.

7:30 en Yerba Buena. Hay una relación proporcional entre el amanecer y la cantidad de autos que empiezan a inundar la avenida Aconquija. Al 2300, más o menos, los inspectores de tránsito ya están ubicados en las inmediaciones de un colegio. De a poco, y cada vez con más fluidez, empiezan a aparecer los vehículos: de a uno, de a dos, hasta que la acera empieza a llenarse. Y empieza la doble fila. Y comienzan también todos los problemas.

La imagen es de la Ciudad Jardín, pero se repite en toda la provincia. Y en todos los establecimientos educativos. Los “papis” llegan y se toman su tiempo para saludar al nene, para darle dinero, para peinarlo, para acomodarle la ropa, para llevarlo hasta la entrada... Y todo eso complica el tráfico. Vehículos de pequeño o gran (muy gran) porte obstruyen el paso: en doble (o triple) fila, estacionando en perpendicular o incluso ocupando sin ningún reparo la zona para discapacitados. “Esto es de todos los días. Y es una problemática que la genera el usuario; la comodidad de la gente en general produce los retrasos en el tráfico”, resume a LA GACETA Sebastián Robledo, encargado operativo de la subdirección de Transporte de Yerba Buena e inspector desde hace 14 años.

Después de la tormenta, la calma

Así empieza el día de algunos inspectores. En las escuelas. “No es un tema de clases sociales, sino de educación. Pasa en todos lados por igual; hay una falsa sensación de seguridad -asegura Robledo-; si ayer falté a las normas y no pasó nada, y si hoy no pasa, mañana tampoco. Si me multan, pago la multa y ya está... ese es el pensamiento. Hasta que pasa algo”. Y es así: hay desaprensión por las normas -confirmarán luego los otros inspectores-. Un ejemplo: mientras hablamos, un vehículo está estacionado en el espacio para discapacitados. ¿La razón? Una madre ingresó a la escuela a ver a su hijo que izaba la bandera. “Lo que pasa es que (para el buen funcionamiento del tránsito) dependemos de la voluntad del ser humano”, resume Nicolás Juárez Dappe, subdirector de Tránsito del municipio.

Superadas las primeras horas de la mañana (que suelen ser las mas caóticas) lo que sigue son los controles de documentación, el apoyo en zonas peatonales y el manejo del tránsito. Pasadas las 8, y aunque el tráfico aumenta, Yerba Buena ya está más calmada; mientras algunos inspectores controlan los pasos de peatones y miran con atención el accionar de los vehículos (teniendo en cuenta el todavía novedoso cambio de sentido de las calles) otros ya están realizando controles de papeles.

“Ahí nos pasa de todo: a veces tardan mucho en buscar los documentos, se suben al cordón para eludir el control, se excusan en lo digital o aceleran y se van. Y es obvio: el que no quiere ingresar es el que no tiene las cosas en reglas. Por día, en cinco horas de control, podemos llegar a retener 20 vehículos; y la mayoría son de jóvenes”, cuenta Robledo. Y es así: en el control, la primera persona en infracción que llega es joven.

Caos, siempre caos

Mientras tanto, en San Miguel de Tucumán la situación es más complicada. Terminada la hora del ingreso en los colegios, no se aquieta nada. En nuestro recorrido nos acompaña el subsecretario de Tránsito Enrique Romero. Mientras circulamos por el microcentro, su radio no deja de sonar: hay incumplimiento de normas de tránsito por dónde sea que se mire. “Tengo ‘sucia’ calle Córdoba”, “por favor, un inspector a Laprida”, “una camioneta se llevó puesta a un inspector”, “me acabo de quedar sin talonarios para infracciones”, son algunos de los mensajes que recibe. Y es que el volumen de vehículos que ingresa a la capital es impactante. “La mayor infracción tiene que ver con el estacionamiento en zona prohibida. Después está la gente que es cómoda y estaciona en doble fila, sin darse cuenta que estorban. En tercer lugar vienen las motos, que en el 80 % de los casos están en falta”, cuenta Antonio Daniel Tarifa, jefe de la sección varitas de la subsecretaría de Tránsito de la capital, e inspector desde hace 32 años. “Cada inspector, puede labrar entre 25 y 50 actas por día”, afirma. Romero luego da más precisiones: “por mes, hacemos 14.000 actas”.

“La imagen del inspector tiene un paralelo con el de policía, pero nosotros estamos para mantener la seguridad en el tránsito. A mucha gente no le gusta que controlemos y algunos se ofuscan, se enojan y hasta nos insultan -relata Tarifa-; lo más difícil es mantener la paciencia, pero tenemos vocación de servicio para estar en la calle. Nuestra tarea no es fácil; somos mal vistos y a veces nos agreden. Tenemos que pedir ayuda a la policía”.

Realmente, el trabajo de los inspectores en la capital también es complicado: autos estacionados frente a carteles de “prohibido estacionar las 24 horas”, motos sin patente, vehículos de pequeño y gran tamaño obstruyendo salidas, taxis parados en calles transitadas, bicis y motos en las veredas... Hay de todo. Y la figura de los inspectores -admiten ellos- no es siempre respetada. “Lo que pasa es que las personas tienen la capacidad de ignorar indicadores, carteles y órdenes”, considera Tarifa.

De hecho, a ellos también se los ignora. En nuestro día acompañándolos, uno de la Capital fue embestido por un camión. No es la primera vez que pasa. Lo que sucede, es que aún hoy, su figura es controversial. Y ninguno está exento de las malas situaciones con infractores.

Comentarios