17 Mayo 2022

“Tomemos un cafecito, y charlamos...”. Fase muy común entre amigos que se encuentran en el centro. Motivo para reafirmar una amistad, contar o enterarse de... cerrar un negocito, etc. Mas los tiempos cambian, para bien o para mal. En este caso, para mal. El cafecito no se “toma”. Se disfruta. Son sólo unas gotitas dulces, como para cortar la tirantez del momento, ya que vivimos estresados. Pero... esta buena costumbre está comenzando a perderse. El fantasma de la inflación campea en el bolsillo. Para este nimio ejemplo, hay que pensar en disponer de $ 500 pesos como mínimo. ¿Y si el invitado/a pide una medialuna? Hay que estar preparado. Es lastimoso cómo nos vamos empobreciendo. Suplantar la amable charlita en el bar por el mensaje de parado en la incomodidad de la vereda. Argumentar “estoy apurado” para no mostrar la hilacha. “Cosas veredes, Sancho”, se atribuye como dicho por el Quijote a su ayudante. Me adhiero. Más aún: ¿Cuánto faltará ver?

Darío Albornoz


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