Crímenes de niños: “El Loco” Vera, cerca de ser un hombre libre - LA GACETA Tucumán

Crímenes de niños: “El Loco” Vera, cerca de ser un hombre libre

08 Dic 2021 Por Gustavo Rodríguez

En Los Pizarro aseguran que el diablo tiene rostro. Es el de Jorge Orlando “El Loco” Vera, el hombre que mató a su esposa y a dos hijos el 13 de junio de 2007. El triple homicida se escapó y nunca se lo pudo atrapar. Su paradero desde hace 14 años es un misterio y sigue alimentando mitos. Algunos dicen que murió de hambre en el monte. Otros, que vive de lo que le da la naturaleza en medio de los cerros y que duerme en desconocidas cavernas. Pero también están los que aseguran que se radicó en Santiago del Estero y se gana la vida con los aportes de la gente que le paga para curar empachos, mal de ojos y hasta caídas de paletillas. Si no es atrapado en los próximos seis meses, podrá caminar libremente, ya que la causa en su contra prescribirá.

Pero más allá del imaginario popular, el “Loco” Vera fue una especie de monstruo social. En 2001 fue condenado a nueve años de prisión por abuso sexual calificado por haber atacado a sus hijas durante años. Una de ellas cruzó ese umbral de terror que le había marcado su padre y contó todo lo que vivió. Después lo hizo su hermana. Y por último, varios de los integrantes de la familia confirmaron los ataques y relataron el infierno que vivieron durante muchísimos años. Vera recibió la condena y, después de escuchar el fallo en su contra, prometió vengarse de sus familiares.

En la cárcel mostró un comportamiento ejemplar. Tuvo sus problemas, como otros acusados o condenados por abuso sexual, delito que no es bien visto por ese salvaje “código tumbero” que se impone en las cárceles del país. “Era un tipo reservado. En las únicas peleas que participó fue por haberse defendido del ataque de otros internos”, indicó Juan Jiménez, un hombre que compartió encierro con él. “Él recibía las visitas de sus familiares, creo que hasta la esposa fue a verlo en un par de oportunidades. Pero no sé qué pasó y no volvió nunca más”, añadió el ex recluso. En ese interín, por temor a lo que pudiera suceder, la familia del convicto solicitó medidas de protección. La Justicia dictó una prohibición de acercamiento a favor de los temerosos parientes. Pero en este caso se demostraría que un papel firmado por una autoridad judicial no es ningún freno para los violentos.

Polémico permiso

“El Loco” estaba detenido desde septiembre de 2000 cuando su familia lo denunció. Ya estaba en condiciones de acceder a la libertad condicional, pero el tribunal integrado por los jueces Carlos Pellegri, Diego Vital Graneros y Carlos Meschwitz le negó la libertad condicional por un informe recibido días antes de que cometiera el triple crimen. La psicóloga Patricia Ricau y el psiquiatra Guillermo Díaz habían diagnosticado que era “egocéntrico, con pensamiento mágico, escasa capacidad de espera y reactividad agresiva”. “Evidencia falta de control sobre su vida pulsional (en psicoanálisis, energía psíquica profunda que orienta el comportamiento hacia un fin y se descarga al conseguirlo) y emocional, irritabilidad y tendencia a la actuación. Posee características perversas de la personalidad”, agregaron.

El informe del Servicio Penitenciario decía todo lo contrario. El director de Institutos Penales en esos días, Ernesto Salas López, hoy fiscal del Centro Judicial Capital, señaló: “La facultad de otorgar los permisos es del Poder Judicial, pero los jueces no deciden nada sin los estudios que se hacen en Institutos Penales. Su conducta era tan buena que hasta era el encargado de salir a hacer las compras para otros internos, o para trabajar en la huerta, que está fuera del penal. Evidentemente se había ganado la confianza, pero no le habían dado la libertad por los riesgos que conllevaba su personalidad”.

Desde 2005 estaba siendo beneficiado con un régimen de libertad transitoria contemplado en la ley 24.660. Así, una vez al mes disponía de una salida excepcional de 48 horas. Sin embargo, los jueces habían dejado en claro que tenía prohibido acercarse a la casa de su esposa. Al contrario, en la unidad carcelaria, los informes de conducta, hechos por profesionales, siempre favorecieron a Vera. “Casi nunca los diagnósticos que se hacen en la cárcel y en Tribunales son coincidentes. Esa es una cuestión que habría que analizar”, dijo el juez Pellegri. “Vera era considerado peligroso por sus impulsos sexuales. Jamás se habló de su instinto criminal. Tenía permiso para que fuera a la casa de su hermana en la capital”, dijo Meschwitz.

El homicida recibió ese permiso por orden del juez Graneros el 9 de junio. Tenía que dirigirse a la capital a visitar a una pariente y regresar dos días después. Pero nunca lo hizo. “La pregunta es: ¿por qué no se dispuso consigna en la vivienda de las ahora víctimas cuando se supo que Vera estaba prófugo y que era posible que fuese a ese lugar? Todos dicen que se hicieron las comunicaciones correspondientes cuando advirtieron que el violador estaba prófugo. Pero Vera no tuvo oposición para concretar la masacre”, planteó el periodista de LA GACETA Rodolfo Casen.

El hecho

La noche ya se había apoderado de Los Pizarro, una localidad rural ubicada a seis kilómetros al oeste de La Cocha. La casa de los Vera, como casi todas las viviendas del caserío, estaba semivacía. La mayoría de los ocupantes estaba en el bar del pueblo preparándose para disfrutar de la final de la Copa Libertadores. El Boca de Carlos Bianchi se preparaba para golear en el partido de ida (ganó 3 a 0) a Gremio, de Brasil.

Sin que nadie lo viera, Vera ingresó al domicilio con una pistola 11.25 y redujo a su esposa Olga Zamudio (48) y a sus hijos Gustavo Antonio (22) y Jorge Luis (18). Luego los amordazó y los maniató con cinta de embalar. Con un filoso cuchillo, los torturó provocándoles cortes en diferentes partes del cuerpo y por último les disparó con un arma de fuego. Luego se escapó silenciosamente. Gustavo fue el único que sobrevivió al ataque. Arrastrándose por las heridas, llegó a una casa vecina de un pariente para avisar lo que había ocurrido. Fue trasladado al hospital de la zona, pero llegó sin vida. Los parientes fueron hasta donde se registró el hecho y descubrieron los otros dos cuerpos.

En cuestión de minutos el lugar se llenó de policías y periodistas. En ese momento se produjo un hecho insólito. Los uniformados decidieron mover los cuerpos que estaban en el lugar para que la prensa pudiera tomar imágenes y después volvieron a acomodar todo como supuestamente estaba en el momento de hallazgo. En otras palabras, modificaron totalmente la escena del crimen. Fue tan alevoso el daño que causaron, que el ex jefe de Policía Hugo Sánchez (que fue condenado después por la desaparición y el crimen de Paulina Lebbos) sancionó al personal y, junto al Ministerio Público Fiscal, creó un protocolo especial para preservar los lugares donde se registren homicidios y cualquier otro delito. Hubo otro error de los efectivos: cuatro horas después de haber cometido el crimen se hizo un cerco policial para evitar que se escaparan. Los vecinos aún aseguran que los uniformados le tenían miedo.

A partir de ese momento, Vera vivió en la clandestinidad y la comunidad de Los Pizarro recluida por temor a que el triple homicida regresase a culminar con su terrorífico plan de venganza. Después del hecho, hubo custodia policial en ese paraje. El paso de los uniformados dejó su huella: varias jóvenes quedaron embarazadas por haber mantenido romances con las personas que debían cuidarlas. Dicen los lugareños que ninguno se quedó en el lugar, sino que pedían el cambio de destino ni bien se enteraban de que iban a ser padres.

La investigación

“Jorge siempre me decía que iba a matar a su mujer y a los hijos que habían testimoniado en su contra. Yo le decía que no cometiera ninguna locura y que se hiciera cargo de sus errores. Parecía que tenía una enfermedad en la cabeza, por cómo hablaba. En varias ocasiones le avisé a la Policía lo que él me decía”, dijo José Domingo Vera, uno de los hermanos del violador. La fiscala Cecilia Tasquer no tenía dudas del móvil y el autor del triple crimen. Pero tenía otros datos para confirmar. El más importante, determinar si había actuado solo o con la complicidad de alguien. Versiones indicaban que había llegado hasta ese lugar en un auto blanco. Pero nunca se consiguió probar esa teoría.

Otro fiscal, Edgardo Sánchez, también investigaba a Vera. Lo tenía entre los sospechosos de haber asaltado, junto a otra persona, a un hombre en Concepción el día antes de que se registrara el triple homicidio. Tenía dos indicios para sostener esa sospecha: el hombre que cometió el atraco era muy parecido a él y se movilizaba en un auto blanco. Demasiadas coincidencias. Pero todo quedó en la nada porque la víctima no estuvo en condiciones de reconocerlo.

Tasquer pasó a ser jueza y la causa quedó en manos de Sánchez. La prioridad siempre fue encontrarlo, pero hasta ahora ha sido una misión imposible. “Lo buscamos en todas partes de la provincia, en Mendoza, Catamarca, Buenos Aires, Córdoba y Santiago del Estero. Todas las versiones que nos hacían llegar se las investigaba. Pero su figura se transformó en una especie de mito que complicó su búsqueda, ya que la gente decía que lo había visto aquí o allá”, indicó Sánchez, ahora juez de impugnación del Centro Judicial de Concepción. El único dato concreto es que por un tiempo se ocultó en una alcantarilla cercana a la escena del crimen.

Lo más probable es que Vera no tenga la más mínima idea de derecho penal. Pero su condición de renegado le jugó a favor todo este tiempo. El segundo hombre más buscado de la provincia (el otro es el oficial Darío Pérez, condenado por el homicidio del juez de Menores Héctor Agustín Aráoz) tiene todas las leyes a su favor. Las normas indican que existe un plazo de tiempo para juzgar a una persona que cometió un delito. En su caso, por la expectativa de la pena (prisión perpetua) es de 15 años. Y los tiempos se acabarán para el 13 de junio de 2022. Es probable que el Ministerio Público Fiscal haya enviado una notificación para informarle que estaba acusado de triple homicidio agravado. Pero al no haber sido encontrado, no fue informado oficialmente de su situación procesal. Ningún juez podrá convalidar ese paso procesal para que se detuvieran los tiempos procesales. En otras palabras, el hombre considerado como un diablo en Los Pizarro, si está vivo, podrá caminar libremente a partir del próximo 14 de junio.

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