Seis claves para entender ese estigma llamado inflación - LA GACETA Tucumán

Seis claves para entender ese estigma llamado inflación

Frente a la incertidumbre económica, los analistas proyectan tres posibles escenarios que pueden darse en la Argentina, según se tomen o no medidas para corregir el rumbo.

05 Dic 2021
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La inflación seguirá siendo el estigma de la economía argentina durante 2022. Al menos eso es lo que refleja el último Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM), una proyección que una veintena de consultoras privadas realizan y cuyos resultados son sistematizados por el Banco Central. Esos consultores han advertido que este año, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) cerrará en torno del 51%, mientras que para el año que viene estiman que estará en un 52%. La situación aún no puede ser controlada por el Gobierno nacional, que analiza extender los acuerdos de precios por temor a que la “inercia inflacionaria” siga hipotecando el poder adquisitivo de la sociedad, pero también el acuerdo con el FMI, que ya ha reclamado a la gestión del presidente Alberto Fernández que adopte medidas que tiendan a bajar las expectativas inflacionarias, además de diseñar una política macroeconómica sostenible para refinanciar la deuda.

La preocupación por esta cuestión ha sido tal que ayer hubo una cumbre entre el ministro de Economía, Martín Guzmán, con su par de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, y con el secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti. La idea es alcanzar acuerdos de precios que resulten “efectivos y sostenibles”, con el fin de que contribuir a una reducción gradual de la inflación. Ese sería uno de los puntos que estaría dentro del Plan Económico Plurianual que el propio Presidente prometió enviar al Congreso en el transcurso de la próxima semana. “Para frenar la inflación en los elevados niveles que tiene la economía argentina, se necesita diseñar e implementar un programa de estabilización consistente. Es decir, que coordine de manera efectiva las políticas fiscal, monetaria, cambiaria y comercial, con el fin de sentar bases para un crecimiento sostenido de la economía. Otros instrumentos aislados no tendrán ningún efecto para frenar la inflación”, afirma a LA GACETA el economista Eduardo Robinson.

Según el consultor, en contextos de elevada incertidumbre y cuasi descontrol de las variables financiaras, las alternativas de inversión son escasas, pero también requieren de un análisis minucioso acerca del perfil del ahorrista, tomando en cuenta el plazo, el monto y el riesgo que está dispuesto a correr con su capital. Desde esta perspectiva, Robinson considera que una regla general es posicionarse en instrumentos que vayan ligados a la evolución de la inflación y del dólar. “Para los perfiles conservadores, los Fondos Comunes de Inversión, plazos fijos UVA, o la compra de divisas. Para los más arriesgados, activos acciones en Argentina y en el extranjero y criptoactivos”, acota.

Adrián Ravier, doctor en Economía, sostiene que, entre los economistas, hay consenso de que la inflación argentina es monetaria. “Los economistas sabemos cuál es el problema en el país y cuál la solución: dejar de emitir dinero”, puntualiza en una charla con nuestro diario. Frente a esa cuestión, Ravier afirma que al Gobierno le cuesta asumir las consecuencias de bajar el gasto público para que las expectativas inflacionarias desciendan. “Todos sabemos que ese proceso tiene costos políticos, económicos y sociales; por eso el Gobierno no está dispuesto a hacerlo. Más aún, en la Argentina hay mucha inflación reprimida por controles de precios, por cepos cambiarios y por tener las tarifas de los servicios públicos privatizados pisadas”, enumera. A su entender, esa situación causará más inflación. Ravier señala que el Gobierno puede apelar a dos vías: un programa de estabilización, que llevará mucho tiempo para generar consensos con todos los actores económicos y, además, sostenerlo en el tiempo sin excesos monetarios, o apelar a una convertibilidad o una dolarización como solución inmediata.

La incertidumbre económica sigue dominando el escenario nacional. No hay políticas económicas claras que vislumbren una rápida corrección de aquellos desequilibrios. ¿Qué le espera a la economía argentina en el corto y mediano plazo? Pilar Paschini, economista del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa) plantea tres escenarios posibles:

• El primer, y sin dudas el más pesimista, sería la “profundización del modelo populista”. Esto implicaría continuar con alto déficit fiscal, financiado vía emisión monetaria. Atraso del dólar oficial y tarifas. Más regulaciones y controles de precios. Esta estrategia ignora el nivel de reservas, la aceleración de los subsidios, saturación de las Leliq para sacar de circulación los pesos que la gente rechaza. Ante semejante nivel de inconsistencia macroeconómica el final es fácil de predecir: más deterioro social por mayor inflación, menor producción y destrucción de empleos.

• El segundo escenario, podría denominarse “continúa la mediocridad”. Implicaría la firma de un acuerdo con el FMI para diferir vencimientos y moderar el riesgo país, y comenzar a revertirse el atraso tarifario. En la misma línea, que el Central administre una devaluación del peso y alinear el dólar oficial con la inflación. Esto debería ir acompañado de austeridad en el gasto público apostando a que, con una inflación de no menos del 50%, se licúen los excesos fiscales. El desempeño de la economía dependerá del contexto internacional. La economía y el empleo podrían repuntar levemente, aunque la inflación seguirá siendo alta. La situación social se sigue degradando, sin embargo, con un escenario más controlado.

• El tercer escenario se llamaría “salir de la decadencia”, una especie de punto de inflexión. Asumir una actitud pasiva lleva a la explosión inflacionaria y aplicar los ajustes tradicionales, además de políticamente costoso, en el mejor de los casos aporta paliativos, pero no soluciones. La dirigencia política debería comprender que se necesita un ordenamiento integral del Estado (equilibrio fiscal, presión impositiva tolerable para la producción y brindar servicios estatales de alta calidad). Con esto, se puede tener una macroeconomía ordenada, una tasa de inflación de un dígito y una legislación tributaria y laboral mucho más moderna que transforme el crecimiento económico en mayores empleos de calidad, finaliza Paschini.

1- Origen
¿Cuáles son las características de la inflación?

Según el economista Eduardo Robinson, el concepto de inflación se basa en tres características: que exista aumento de precios, que la tendencia ascendente sea persistente en el tiempo (y probablemente progresivo) y que sea un aumento generalizado. “Esta definición es de carácter genérico y, por lo tanto, no resulta concluyente en torno de cuánto habrá de considerarse como sostenido o continuado un aumento en el nivel general de precios”, aclara. ¿Cuánto tiempo deberá operar el mal para que se reconozca su existencia? Las diversas manifestaciones inflacionarias han permitido elaborar una tipología genérica que está directamente emparentada con la interpretación de las causas o fuentes de la inflación.

2- Perturbaciones
la causa inflacionaria tiene una connotación estructural

Esta tesis de inflación se origina en la idea de que las perturbaciones que la originan deben atribuirse a desequilibrios no monetarios. En parte, este comportamiento responde a las imperfecciones de la organización económica y social, es decir, a las rigideces de la estructura productiva.
En términos más precisos, se produce a partir de movimientos en los precios relativos en una economía donde los precios absolutos o monetarios no son tan flexibles a la baja como al alza. En otros términos, puede decirse que existen sectores, mercados de productos o factores cuyos precios resultan rígidos hacia abajo y elásticos hacia arriba, lo que se traduce en subas de precios, indica el economista Eduardo Robinson.

3- Desequilibrios  
cuando la causa responde a un exceso de demanda

Una de las fuentes de la inflación, de acuerdo con la experiencia, se origina en el aumento de los precios de los bienes y servicios a causa del exceso de demanda agregada con respecto a la capacidad de oferta del aparato productivo. En otros términos, el economista Eduardo Robinson explica a LA GACETA que responde a una situación en la cual la suma de las pretensiones de gasto de los sectores económicos supera las disponibilidades de bienes y servicios de la economía. “Se trata de un desequilibrio entre la oferta y la demanda agregadas. En estos casos, la economía se encuentra funcionando cerca del pleno empleo. Quiere decir que la brecha entre el producto potencial y el efectivo es muy baja o nula”, puntualiza el consultor. Tarde o temprano este exceso de demanda presionará sobre los precios provocando un aumento generalizado en los productos.

4- Lo psicológico
¿Cuándo se dice que importan las expectativas?

Según Robinson, las causas por expectativas responden a las anticipaciones que los agentes económicos tienen o formulan sobre la inflación. Es una explicación con connotaciones económicas, pero con fuerte contenido psicosociológico. Esta manera de identificar la inflación, implica tropezar en la práctica con algunas dificultades. El primer problema radica en que puede haber alza de precios que no son inflacionario, sino que son sólo parte del normal funcionamiento de la economía tal como ocurriría si fracasa una cosecha o si la economía se está recuperando desde el fondo de una recesión. En el primer caso, el alza en los precios tendrá una autolimitación y en el segundo no se estaría ante un problema serio, con lo el alza en los precios no debe considerarse inflacionaria.

5- Transferencia
La inflación de costo que se traslada al precio final

En esta causa de la inflación se verifican incrementos en los costos de producción. De esta manera, los aumentos se infiltran y propagan a través de las funciones de producción, y por ende, son sensibles a acciones de sectores que procuren a través de modificaciones en sus precios mejorar su ingreso real (sectores con poder de mercado, el Estado mediante las tarifas de servicios públicos, suba de salarios sobre los niveles de productividad, encarecimientos de las importaciones, entre otros.  En definitiva, la inflación de esta naturaleza se manifiesta en la economía cuando los costos de producción experimentan reajustes que terminan siendo transferidos a los precios de los bienes y servicios, a lo que termina pagando el consumidor, al final de la cadena de comercialización.

6- Dinero y deuda
cuando el problema está relacionado directamente con los desequilibrios fiscales

La forma de financiar los desequilibrios fiscales, ya sea vía emisión de moneda o colocación de deuda terminan deteriorando el poder de compra de la moneda. El exceso de oferta monetaria en relación a la demanda monetaria, hace que baje el precio del dinero o lo que es lo mismo, que suba el precio del resto de los bienes y servicios, puntualiza el economista Eduardo Robinson. Cuando la colocación de deuda pública es creciente, y la economía se encuentra estancada, las expectativas negativas traban la inversión y se resiente el aparato productivo, lo que lleva a restricciones de oferta. La emisión de moneda ha sido exponencial en la Argentina. De allí que el mercado reclama al Gobierno que desacelere el proceso de emisión de dinero para no presionar al alza los precios de la economía nacional.

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