Las duras condiciones de la vida en la alta montaña

29 Nov 2021

En estos días LA GACETA relató cómo los pobladores de Anfama, a 1.800 metros sobre el nivel del mar, acostumbran a realizar verdadera proezas, inimaginables para quienes residen en los ejidos urbanos.

Todo comenzó cuando un grupo de personas debió trasladar en camilla a un enfermo durante ocho horas. Gonzalo Carrazano, de 20 años, hijo del cacique de Anfama, se había quebrado el fémur el 2 de este mes y al día siguiente debieron bajarlo en camilla porque el avión sanitario no podía llegar por el mal tiempo. Con la lluvia, el barro se hace jabón y debieron cruzar ocho veces el río hasta llegar a El Siambón donde los esperaba una ambulancia que lo trasladó hasta un hospital.

En agosto de 2020 la sociedad tucumana se había conmovido con la muerte de Tomás Terán Nougués, un empresario de 40 años, quien fue encontrado en la localidad de Colalao del Valle en el fondo de un barranco. El empresario amaba los valles. Había iniciado un emprendimiento de viviendas ecológicas y pretendía instalar unas aerosillas en plena montaña. “Tenía dos sueños en su vida: instalarse en Colalao del Valle y terminar el camino que uniera esa localidad con Hualinchay. Estaba dispuesto hacerlo gratis con tal de poder disfrutar de esos paisajes de los que se había enamorado para siempre”, dijeron sus amigos luego de conocer su trágico final.

La docente Isabel Vera, quien hace una década trabaja en las escuelas de alta montaña, después de la pandemia comenzó a relatar en su cuenta personal de Facebook los problemas y condiciones en las que desarrolla su actividad. Contó de las dificultades que afrontaron los educadores afectados desde el 12 de marzo a las instituciones educativas de Anca Juli, Chasquivil y Anfamas: habitaciones húmedas, instalaciones sin agua potable, sin leña ni la posibilidad de bañarse, fueron algunas de las situaciones que enfrentó como docente de la escuela N° 215.

En Salta, a 2.800 metros de altura sobre el nivel del mar en la Quebrada del Toro (departamento de Rosario de Lerma) se encuentra la localidad de El Alfarcito que fue tocada por la “varita mágica” de un sacerdote: el padre Sigfrido Maximiliano Moroder, o Padre Chifri. Allí dejó plantados los cimientos para que la comunidad de la zona mantenga sus tradiciones y raíces y desarrolle una actividad productiva que pueda brindarles el sostén económico necesario. Hoy es una comunidad visitada por turistas de todo el mundo que llegan como parte del camino del Tren a las Nubes a comprar artesanías, almorzar o merendar, conocer la escuela albergue y disfrutar el aire puro de la puna.

Sus acciones fueron motorizadas por su espíritu inquieto: construyó un comedor comunitario para 170 chicos en Rosario de Lerma y una escuela albergue; organizó y llevó a cabo la primera Fiesta y Feria de la Papa Andina en el año 2011 a fin de promover más la economía de los productores de la zona; creó el Centro de Artesanos de Alfarcito para permitir que tuvieran un lugar donde poder vender sus artesanías, recibir talleres que los capaciten en nuevas técnicas y los asesoren en las ventas. Todo un trabajo que continúa la Fundación Alfarcito.

La vida a más de 2.000 metros de altura sobre el nivel del mar es dura. El apoyo del Estado debe ser sostenido en el tiempo, con proyectos que inspiren a la población a sostener su vida ahí.

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