Testimonios tucumanos sobre Robin Wood - LA GACETA Tucumán

Testimonios tucumanos sobre Robin Wood

19 Oct 2021
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Daniel ferullo - Editor

La historieta argentina (y mundial) está de luto. En la noche del domingo falleció en Encarnación, Paraguay, el guionista Robin Wood. Ese era su verdadero nombre: nació el 24 de enero de 1944, en Colonia Cosme, Caazapá, descendiente de irlandeses y escoceses que viajaron desde Australia para fundar una colonia socialista.

Tuvo una infancia difícil. Con una madre ausente, fue criado por su abuela. Luego, entre viajes a Buenos Aires y Encarnación, vivió solo, en orfanatos o casas donde cobraban para cuidarlo. Llegó a dormir en la calle y a comer día por medio. Tuvo trabajos duros: albañil, obrero de fábrica y obrajero en el Alto Paraná. También tuvo una vida rica y aventurera, conoció y vivió en los cinco continentes.

No terminó su educación formal (tenía sexto grado de primaria), pero hablaba perfectamente seis idiomas y llegó a convertirse en el mayor guionista de la Argentina, el más prolífico y el más publicado de lengua castellana, el más premiado y el más internacional de todos nuestros autores. Sus personajes se publicaron en el país, Uruguay, Paraguay, Chile, Brasil, Perú, Colombia, Francia, España, Italia (donde es venerado), Suiza, Alemania, Bélgica, Australia y Turquía, entre otras tierras.

Fue un hombre apasionado: por los viajes, por el deporte (experto karateca que participó en campeonatos internacionales, hizo paracaidismo y compitió en maratones), por la historia, por la lectura, por las mujeres y por la historieta. Amó y honró el género creando personajes inolvidables como Nippur de Lagash, Dennis Martin, Jackaroe, Mi Novia y Yo, Savarese, El Cosaco, Gilgamesh, Dax y Dago, entre otros, todos desarrollados para la mítica Editorial Columba en sus revistas El Tony, D’Artagnan, Fantasía, Intervalo y Nippur Mágnum.

Las tiradas de las revistas superaban los dos millones de ejemplares vendidos mensualmente en la década del 70. Con esa editorial trabajó hasta su cierre, en 2000. Luego su producción se destinó a Italia, donde Dago es un personaje tan popular como Nippur en la Argentina (o mayor aún) y se sigue publicando.

Ingresa a la historieta a los 22 años de la mano de su amigo, el dibujante Lucho Olivera. El primer guion que escribió fue “Historia para Lagash”, que fue el primer episodio de Nippur. Luego vendrían sus otros grandes personajes. Pero lo que realmente importa es el aporte que Wood realiza a la historieta argentina con su gran calidad literaria, con su gran humanismo y por la empatía instantánea que generaban sus personajes en los lectores. Todos recordamos alguna aventura de Tino y Tom, el perro y personaje más inteligente de Mi Novia y Yo; algún silencio de Jackaroe; alguna misión de Dennis Martin; alguna aventura o reflexión de Nippur; algún sufrimiento de Savarese, una obra maestra de la historieta argentina...

Justamente es con Savarese que se inicia, en 1982, su carrera en Italia. Y fue un romance inmediato, que continúa hasta hoy. Sobre todo por Dago; la legión de admiradores del “jenízaro negro” va en aumento, contando entre ellos a Umberto Eco, nada menos. El filósofo que instaló la historieta en el mundo académico era su declarado admirador.

En los 90, Wood recibiría dos veces el Premio Yellow Kid, considerado el Oscar de la historieta; ya retirado, seguía recibiendo reconocimiento por parte de sus colegas. El último premio fue de la Asociación Profesional de Guionistas de Cómic Españoles, en 2020, en reconocimiento a toda su obra.

Es -casi- imposible definir lo que significó Robin Wood para millones de lectores y para generaciones de argentinos. No hubo (no hay) otro guionista que haya conectado tanto con su público. De todas las edades, de todas las clases sociales y por tanto tiempo. Fue un genio, fue único.

César Carrizo - Historietista

Robin Wood, ese obrero lector, viajero incansable, vagabundo que “robaba” ideas a las ricas fuentes universales para dárselas como guiones a extraordinarios dibujantes, cómplices de esa mágica lectura en viñetas.

Así se ganaron la eternidad cada vez que leemos Dago, Nippur, Savarese, Pepe Sánchez, Mi Novia y Yo, Merlín y tantos otros personajes.

Como dice Umberto Eco, uno de sus grandes lectores: “para sobrevivir, debes contar historias”. Por eso, no ha muerto. Simplemente es un adelantado (otra vez), viajando a un mundo que ninguno de nosotros aún puede imaginar.

Segundo Moyano - Historietista

Para mí fue, es y va a ser un hombre en parte moldeado por su obra, ya sea como historietista o como ser humano. Entre la aventura misma, en cada historieta nos regalaba principios, códigos, amor, las cosas simples de la vida, enseñaba a pelear contra la injusticia aún sabiendo que no sería el vencedor: ya era loable el simple hecho de pelear contra ella.

A mí y a tantos otros nos acompañó como un amigo ausente físicamente, pero presente en cada línea de texto que nos hermanaba en la ficción y en el contexto, como el mejor guionista que pude leer en mi vida.

Sejo Delgado - Historietista

Ha sido el guionista más grande de habla hispana, el más prolífico. El mejor narrador. El que no se alejó de la aventura, que en definitiva, es lo que hace la historieta más atractiva. Aunque en algún momento no fue tan reconocido, la Editorial Columba no hubiese tenido los tirajes que alcanzó sin la presencia de Robin Wood en el staff. Personajes como Dago aún se editan en Italia.

Cuando el cómic argentino se alejó de una narrativa sencilla y se lo empezó a hacer para museos, perdieron los quioscos y se esfumó la popularidad que tuvo; acabó por ser solamente para un grupo muy reducido de lectores, lo que se tradujo en las ventas muy bajas a partir de ese giro narrativo.

Al margen de las nuevas tecnologías, que traen nuevas distracciones, la gente quiere aventuras. Y si lo que se quiere hacer pasa por lo existencial, hay que usar un relato que lo entienda todo dios (como se dice en España).

Tuve la suerte de conocerlo en Buenos Aires, y para mi sorpresa era igual de simple y atractivo que sus personajes. Un genio y el docente que más promocionó la lectura en Argentina, lo que no es poco.

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