Desde 2007 pedía que quiten un árbol; la desoyeron y hoy se precipitó sobre su casa - LA GACETA Tucumán

Desde 2007 pedía que quiten un árbol; la desoyeron y hoy se precipitó sobre su casa

El último reclamo lo había hecho esta mañana, porque el ejemplar ya se había agrietado del tal modo que resultaba inminente su caída.

26 Nov 2020
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DESGRACIA CON SUERTE. Una parte del árbol cayó sobre juegos infantiles, en los cuales no había niños en ese momento; y otra parte ingresó por el techo del lavadero de la casa de Patricia Morales, en el barrio Los Pinos.

En 2007, Patricia Rossana Morales presentó la primera denuncia ante la Dirección de Espacios Verdes de la Municipalidad de San Miguel de Tucumán.

En concreto, pedía -imploraba- que retiren un árbol añoso que amenazaba con venirse abajo sobre su casa, en el barrio Los Pinos (altura Muñecas al 2.300). No le hicieron caso.

Durante los 13 años que le siguieron a aquel reclamo, Morales insistió, mientras advertía cómo el ejemplar se deterioraba cada vez más.

Esta mañana, irónicamente, se dirigió a la comisaría 5ª, para volver a dejar sentado el reclamo. Había notado que el árbol se había agrietado, y temía por una caída inminente.

En efecto, horas más tarde, el árbol se precipitó sobre el techo de su casa. "Hoy llovió tanto que finalmente cedió. Una parte cayó sobre los juegos infantiles de la plaza García Hamilton, y la otra parte rompió el techo de mi lavadero. Desde las 17.30 que empleados de la Municipalidad (de San Miguel de Tucumán) están tratando de sacarlo; pero es enorme", contó Morales a LAGACETA.Com.

"Con los vecinos hicimos un expediente; pero nunca lo podaron. Las pocas veces que vinieron, solamente sacaban fotos y se iban. Nunca hicieron nada. Yo quiero saber quién me paga ahora el arreglo de mi casa", se preguntó, indignada.

Además de las denuncias, Morales contaba con un antecedente como para que no desoyeran su pedido. "El año pasado, durante una noche de tormenta fuerte, cayó un tronco al costado mi casa", contó.

Señaló que el incidente resultó una desgracia con suerte; no sólo porque en el lavadero de su cada nadie estaba a esas horas, sino porque tampoco había niños en los juegos de la plaza, donde se derrumbó una parte del añejo árbol.

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