Amigos y enemigos - LA GACETA Tucumán

Amigos y enemigos

22 Nov 2020 Por Juan Manuel Asis
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Una encuesta reciente reveló que una mayoría ciudadana cree que Cristina define el rumbo del Gobierno nacional. La dirigencia de la oposición está convencida: la ex presidenta conduce y Alberto acompaña cual mero jefe de Gabinete. En el peronismo coinciden con reticencia con esa mirada de conductora y conducido, pero prefieren mantener un prudente silencio y justificarse en que priorizan la coalición de gobierno. Es un frente de todos, dicen para no horadar la figura presidencial. Menos admiten públicamente que su segunda es la que maneja los hilos del poder. Una forma de no desgastar al Gobierno y de no romper los vínculos políticos aunque convivan en tensión. Los roles están claros. Cristina desde el Senado avanza resuelta, y nadie se lo impide; Alberto le suele dar la razón en todo. Ella es capaz, por ejemplo, de frenar el Presupuesto nacional, de hacerle cambios y de devolverlo a la Cámara Baja por errores técnicos. Sin palabras. Massa, además, también le introduce modificaciones al cálculo de recursos que le envía el PE. Se concluye, entonces, que el poder real del frente oficialista casi reside en las autoridades del Congreso, porque, además, Alberto no se anima a hacerse cargo del PJ como para terciar con respaldo político. No construye poder propio. Los albertistas lo miran frustrados.

Ahora bien, si en la Nación Cristina y Massa meten mano en el Presupuesto 2021 poniendo en evidencia su influencia como factores de poder en la coalición gobernante, en Tucumán: ¿vale hacer la misma interpretación cuando desde la Legislatura se advierte que no se aprobará el presupuesto provincial a libro cerrado? ¿Se puede trazar algún tipo de paralelismo entre aquellos gestos y estos dichos? De hecho, el texto de la ley debe ser debatido en la comisión de Hacienda y Presupuesto legislativa, pero está “pisado” -al decir de un parlamentario- y con proyecciones de tratarse y de ser aprobado en la segunda quincena de diciembre. ¿Implica que puede haber lecturas diferentes sobre las necesidades a atender el año entrante entre el PE y la Legislatura? ¿O se trata de miradas políticamente enfrentadas a propósito? Puntualmente y para simplificar, ¿entre Manzur y Jaldo?, o entre el que quiere continuar y el que quiere llegar; según una frase hecha que ya se reitera en los corrillos del peronismo tucumano.

A vacunar

El año que viene es un año electoral, por ende eminentemente político, y será, si aparece la vacuna, el de la pospandemia. Las consecuencias recaerán en el Gobierno, para bien o para mal, y las opiniones sobre cómo se gestionó la crisis social y económica se expresarán en las urnas. Sólo la llegada de una vacuna en marzo -cuando también puede aparecer un nuevo y potencial candidato opositor al PJ, como ya veremos-, atenuará los temores del oficialismo respecto de los comicios de medio término.

Algunos compañeros entienden que cabe priorizar la mirada política sobre las previsiones presupuestarias y no una “técnica” sobre los recursos estimados para 2021. ¿Cuál es esa mirada política? En parte es la que contempla los posibles planteos de los legisladores, de uno y otro lado, para exigir más atención a tal o cual sector en especial, y terminar finalmente consensuando el proyecto. En este aspecto bastante tiene que ver el monterizo Juan Antonio Ruiz Olivares, un político proclive a los acuerdos y a facilitar los consensos. El año pasado se aprobó el cálculo 2020, en general, por 48 a 1, lo que marcó el “nivel” de consenso logrado. Sin embargo, el sólo mencionar que no habrá un sí flojo desde la Cámara para aprobar los números que hizo llegar el Ejecutivo permite sospechar que las reglas han cambiado, o bien que hay una perspectiva distinta.

Eso por lo menos en comparación con los tiempos de Alperovich, cuando la Legislatura funcionaba como una escribanía del PE y los presupuestos provinciales prácticamente se aprobaban sin debate, y a libro cerrado por parte del oficialismo. Tal fue el poder que acumuló el hoy senador de licencia: tenía a todo el peronismo encolumnado, y en su puño. Era verticalismo consensuado. Actualmente Manzur preside el PJ, pero lo secunda Jaldo. Aparecen juntos en todas las figuritas; en lo institucional, en lo político y en lo partidario, aunque la relación entre ellos soporte vaivenes y se tensione de vez en cuando.

Sin embargo, a esta sociedad no se la debe analizar en función de los desencuentros puntuales, cual fotos de desconfianzas instantáneas, sino en función de su continuidad sin quebrarse en el transcurso del tiempo. Oscilan sobre una recta que se mantiene en la misma dirección. A veces en silencio, cada uno enfrascado su propia agenda. La dupla sigue unida, está obligada a continuar así por lo menos hasta las elecciones del año próximo. Después será otro cantar, especialmente para los manzuristas y los jaldistas.

Aunque, hoy por hoy, en cierta parte el peronismo tucumano hay una certeza: en el 23, si no es Manzur es Jaldo, y en el marco de un acuerdo mutuo entre los dos actores. En este esquema el tranqueño aparece como número puesto para suceder al gobernador, si Manzur, claro, desiste de sus pretensiones de reelección indefinida. El vicegobernador supo unir al PJ en 2017 cuando se presentó como candidato a diputado nacional; esa experiencia podría repetirse en 2023. Todo dependerá de si hay continuidad de película en la relación o de si aparece la foto de la ruptura definitiva de la sociedad. Y del peronismo.

Gestos posibles

Jaldo podría imitar a Cristina y cambiar algunas cifras al Presupuesto para evidenciar que no sólo comparte el poder sino que tiene una visión distinta de cómo gestionar. Gesto que tiene sus riesgos si es que no se convienen las modificaciones entre funcionarios de los dos poderes. Manzur también puede hacer su “gran Cristina” pensando en el 23 y elegir a Jaldo para gobernador e ir él como vice, algo que no quiso hacer en su momento Alperovich.

Por de pronto, el vicegobernador, aunque sea por zoom, se muestra actuando fuera de las fronteras provinciales, cultivando relaciones al estilo manzurista, tratando con embajadores argentinos, con pares de otras provincias que, tal vez, al igual que él sueñen con llegar a ser gobernadores dentro de unos cuantos años.

Manzur, en tanto, sigue apostando a su relación con Alberto, sacando provecho de esa amistad con promesas de obras y recursos para afrontar sus gastos. En 2021 la intensidad de esa relación se pondrá a prueba y se expresará en una cifra: $ 10.000 millones, que es el déficit financiero que contempla el presupuesto enviado a la Cámara. El auxilio debería venir del poder central, del amigo Alberto.

¿Debe entenderse en el marco esa buena sintonía la llegada de funcionarios locales al gabinete nacional? Cuando se observa al elegido, en principio, la respuesta no puede ser contundentemente afirmativa. Es que Jorge Horacio Ferraresi, el nuevo ministro de Desarrollo Territorial, invitó a Hugo Cabral a incorporarse a su equipo de trabajo. Ferraresi es hombre de Cristina y por ella accedió al gabinete nacional en reemplazo de María Eugenia Bielsa, una de las funcionarias que no funcionaban, al decir de la presidenta del Senado. Y el ex Defensor del Pueblo tucumano es un peronista que milita en las filas del cristinismo, de hecho participó de las primarias abiertas del PJ con la lista “Unidad Ciudadana” -el partido de la vicepresidenta- junto con José Vitar. Por allí hay una afinidad política que seguramente pesó en el convite, pero también existe una relación profesional entre el arquitecto tucumano y magister en planificación y administración del desarrollo regional y el intendente de Avellaneda, que es ingeniero. La invitación fue formulada, Manzur está satisfecho con que un funcionario suyo se sume al gabinete nacional; sólo resta que se firmen los papeles.

Alentando adversarios nuevos

Marzo aparece en el calendario como el mes de la aparición de la vacuna contra el coronavirus, el instrumento que traerá tranquilidad política al oficialismo, pero también el que puede descubrir un nuevo candidato opositor en Tucumán, un potencial protagonista para la hora electoral: Enrique Pedicone. Es que por esa época, el Jurado de Enjuiciamiento estaría resolviendo si el juez de impugnación es culpable o no de los cargos por los que fue sometido al proceso de destitución. Si lo encuentra culpable y lo destituye, se estará presentando a la sociedad un probable adversario del oficialismo. Dependerá de si Pedicone acepta el reto en ese caso, aunque haya negado esa alternativa cuando denunció a Leiva; y si en la oposición se toma nota de la trascendencia que puede tener el magistrado como candidato en una pelea contra el PJ. El cuerpo que definirá la suerte de Pedicone está integrado por Daniel Posse, en representación de la Corte; el legislador Walter Berarducci (Partido por la Justicia Social) por la oposición; el letrado Javier Critto por los abogados del foro; el fiscal de Estado, Federico Nazur, en representación del Poder Ejecutivo; y los legisladores Javier Morof, Dante Loza, Alberto Herrera y Sara Alperovich. Con el voto de cinco de ellos se lo destituye. Si lo declaran inocente, el juez seguirá en su puesto; lo contrario puede habilitar un desenlace político alternativo.

Como sea, el oficialismo tiene en sus manos sellar la suerte política a futuro de Pedicone.

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