En un mundo que cambió, ¿cómo se fortalece la soberanía?

Una historiadora, una politóloga y una economista analizan la razón de ser del feriado y lo proyectan hacia el futuro.

22 Nov 2020 Por Hernán Miranda
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Como las personas, las palabras también suelen arrugarse con el tiempo. “Soberanía” es una palabra vieja, que aparece ya en algunos papiros romanos y se repite a menudo en casi todos los filósofos políticos medievales y modernos. Y como la mayoría de las palabras viejas, ella es también una palabra arrugada. En los recovecos de su piel se esconde su significado, que pocas veces alguien llega a encontrar.

Aunque en el pasado algunos lo hayan logrado. Según la clásica y sobre todo realista definición de Carl Schmitt, por ejemplo, el soberano de un cuerpo político es la persona o institución capaz de provocar una suspensión total de la ley. Por lo tanto, parecería que la soberanía tiene que ver con la política interna, pero la confusión surge una vez que se declara el Día de la Soberanía Nacional (y el feriado de mañana) o se oyen, pronunciadas en tono irónico, belicoso o entusiasta, fórmulas como “soberanía alimentaria” o “soberanía financiera”.

Soberanía nacional

De hecho, la jefa del Área de Investigación del Museo Casa Histórica, Valentina Mitrovich, observa que el concepto variará según el enfoque que se le quiera dar. Para aclarar el panorama, ella explica que, en el ámbito político, la soberanía nacional se asocia a la idea de un Estado que goza de independencia y autodeterminación en sus asuntos domésticos y de igualdad en las relaciones que establece con otros Estados.

“Esta noción -considera Mitrovich- es indispensable y condición inherente de toda forma de Gobierno democrático actual, por lo que mantiene su vigencia y un significado vivo, aun cuando esté condicionada por cómo la interpretan los Gobiernos que se suceden en el poder”. Para demostrar que la palabra no es letra muerta, ella menciona el permanente reclamo argentino por su soberanía sobre las Islas Malvinas, que tiene sustento constitucional.

Soberanía popular

Sin embargo, la Constitución también proclama el principio de soberanía del pueblo, con lo que podría parecer que basta adjetivar de otro modo la palabra para que ella se aleje del derecho internacional y se acerque al significado que le daba Schmitt. Así, Luciana Ahumada Tarulli, profesora de Filosofía Política Contemporánea de la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, explicita que en la Argentina la soberanía recae sobre el pueblo, aun cuando no se gobierne a sí mismo sino a través de sus representantes.

“Ser soberano significa ser independiente y no estar subordinado a la influencia de otro. Por eso es clave recordar las ideas de Sarmiento: ‘si ha de ser el pueblo soberano, hay que educar al soberano’”, transmite Ahumada Tarulli. En consecuencia, de acuerdo con ella, para que el pueblo sea soberano, primero debe ser libre, conocer sus derechos y asumir sus responsabilidades.

De ayer a hoy

Mitrovich advierte que para el país no fue nada fácil llegar a establecer sus propias leyes y ser reconocido internacionalmente por otros: “la historia argentina estuvo jalonada de hechos que permitieron alcanzar la soberanía como nación y como Estado. En ese recorrido, la Vuelta de Obligado ha tomado el carácter de ícono de la defensa de la soberanía en un período donde aún la idea de Estado nacional no estaba clara ni delimitada”.

Más de un siglo y medio después, esta historiadora afirma que Argentina es un país soberano en relación con su política exterior. Pero ¿qué sucede con la economía? Para Regina Martínez Riekes, socia de Amauta Inversiones Financieras, frases como “soberanía alimentaria” o “soberanía financiera” forman parte de discursos vacíos asociados a la política. “Se usan metaconceptos muy vagos para echarles a otros la culpa de que hace 10 años no crecemos en términos per cápita y de que la pobreza es cada vez mayor -protesta-. La soberanía no es otra cosa que la independencia para tomar decisiones y nosotros la hemos tenido, pero nuestras decisiones han sido un fracaso”.

Hacia el futuro

En todo caso, esta economista cree que la Argentina aún está a tiempo de replantearse hacia dónde va. En su opinión, el país debe mejorar la competitividad de su economía para participar en el proceso de inclusión mundial: “la interconexión y el intercambio ayudan a generar riqueza para los países, que pueden ser independientes aunque sus socios comerciales sean más grandes. Me parece que el Gobierno debe dejar de subsidiar industrias ineficientes y colaborar con los sectores que son competitivos, como el de la agroindustria. Diría que eso es más fundamental que apelar a conceptos muy abstractos para hacer política”.

Por su parte, Mitrovich piensa que es importante ir más allá de la política y asociar la palabra “soberanía” a la autonomía en el campo de las ideas. Según ella, esto permitiría enfrentar el desafío de defender la cultura de una nación en una sociedad capitalista. “Creo que una forma de fortalecer la soberanía es trabajar en las aulas sobre nuestras prácticas culturales, nuestra alimentación y los derechos a la autodeterminación de los pueblos, a la soberanía sobre nuestro territorio y a una identidad con arraigo en él y en las producciones que genera”, reflexiona.

Y también Ahumada Tarulli rescata el valor de la educación en la construcción de la soberanía popular. “¿Cómo se fortalece la soberanía? La respuesta está en Sarmiento -transmite-: educando al soberano, formando ciudadanos libres y comprometidos. Debemos honrar a esos hombres que junto a Lucio Mansilla combatieron en la Vuelta de Obligado contra las dos flotas más importantes de aquel momento. Y la única manera de hacerlo es volver a los pilares fundamentales que hicieron de la Argentina una patria grande”.

¿Por qué es feriado mañana?

La batalla de 1845 llevó a que Inglaterra y Francia reconocieran la soberanía de la confederación sobre sus ríos interiores.

El Día de la Soberanía Nacional, aprobado por el Congreso en 1974 y promovido a feriado movible por Cristina Kirchner en 2010, conmemora la Batalla de la Vuelta de Obligado, librada el 20 de noviembre de 1845. En el río Paraná, enfrentó a la Armada de la Provincia de Buenos Aires, entonces gobernada por Juan Manuel de Rosas, con la Marina anglofrancesa, que buscaba establecer relaciones comerciales directas con Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes (las provincias que siete años después derrotarían a Rosas en Caseros). Si bien el conflicto concluyó con la victoria de los europeos, también demostró lo costosa que podía resultar la navegación del Paraná en contra de la voluntad del Gobierno porteño. En consecuencia, Inglaterra, en 1847, y Francia, al año siguiente, firmaron sus respectivos tratados de paz con la Confederación Argentina y reconocieron su soberanía sobre los ríos interiores.

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