Las claves para sobrevivir a la escuela online - LA GACETA Tucumán

Las claves para sobrevivir a la escuela online

Un grupo de investigación español especializado en educación realizó un decálogo de recomendaciones para orientar a padres y a docentes en la educación a distancia.

19 Oct 2020 Por Julio Marengo
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“Averigüen qué es una pandemia y en qué se diferencia de una epidemia”, les dijo Melina Vega a sus alumnos. No tenía ni la menor idea de que esa sería la última tarea que les daría personalmente. “Nosotros pensábamos que iban a ser un par de días, pero ya llevamos siete meses. No tuvimos tiempo de nada con los chicos”, dice esta docente de primaria, que a partir de ese momento tuvo que reconfigurar sus 18 años de profesión para adaptarla a la nueva forma que tomó la escuela.

“Aprender y desaprender a diario”. Así describe Vega este proceso de educación virtual, con una computadora o un celular mediando entre docentes y estudiantes. Pero no sólo los maestros y profesores tuvieron que desplegar estrategias para sobrevivir a la escuela virtual. También debieron hacerlo los padres.

“La casa, la rutina, los horarios de trabajo... todo fue necesario reacomodar para que los chicos puedan tomar las clases y, además, que aprendan. En la mayoría de los casos los padres tenemos que estar al lado de los chicos durante la clase virtual, si no, se dispersan o no entienden nada. En mi caso, tengo un cuaderno que uso como pizarrón para reforzar lo que explican las maestras”, cuenta Micaela Herrera, mamá de una nena de ocho años. “Estar al lado de ellos es, sin duda, la gran clave para sobrevivir a la escuela virtual”, sostiene.

Con la llegada de la pandemia de coronavirus, la educación no presencial se volvió en un problema mundial. La Unesco advirtió que 1.000 millones de alumnos y alumnas que tuvieron que abandonar las aulas y continuar con su aprendizaje en la casa, aún no han regresado a la escuela. Es por eso que la educación en estos tiempos se ha convertido en un asunto global sobre el que se está poniendo especial atención.

Tanto es así que el grupo de investigación [email protected], formado por docentes expertos en el uso de las tecnologías en educación, ha confeccionado una lista de los “10 mandamientos” tanto para los docentes para su aplicación, como para las familias, para que puedan ayudar a continuar con la educación de los niños y niñas. Sin embargo, en el apuro y en la necesidad, madres, padres y docentes desarrollaron intuitivamente estas estrategias. Ver “Consejos...”

Rutina, horarios

Una queja que se repite entre los padres, es que en algunos establecimientos las clases virtuales son discontinuas y poco ordenadas. “Hay semanas en las que no hay ni una clase, y otras en las que tienen tres o cuatro juntas, en un mismo día. Eso se vuelve muy complicado para los chicos y para nosotros”, acota Andrés Carrizo, papá de un nene de nueve años. “En mi caso, la solución para eso fue armar una rutina propia: todos los días, en un mismo horario, Agustín (su hijo) se sienta a hacer tareas, o a leer, o a hacer algo de la escuela”, cuenta, a modo de recomendación.

El desafío varía mucho en relación con la edad de los chicos y del momento que estén transitando en la escuela. Cecilia Ocaranza es mamá de una nena de seis y de un nene de 11. “Julieta está en primer grado y prácticamente no conoce a su nueva maestra, porque sólo la vio un par de días. Eso, sumado al gran cambio que implica salir del jardín para comenzar con la primaria, es algo completamente nuevo, con más exigencias, con tareas para hacer. Y además, les están enseñando a leer y escribir... es complicadísimo a distancia”, comenta Cecilia. En su caso, optó por contratar una maestra particular para su hija, después de varios meses de ver que no avanzaba.

Atención individual

María José Hernández también es docente y, precisamente, enseña en primer grado. “Se vuelve muy complicado y el acompañamiento de los padres, en este caso, es clave. El problema es que hay padres que no tienen las herramientas para asistirnos; en nuestro caso tenemos padres analfabetos. Los buenos resultados llegan cuando los padres se comprometen con las clases virtuales. Para saber si cuento con ellos, les pido que me manden videos, por ejemplo, y veo quiénes están presentes. Pero tuvimos casos de tener que ir a buscarlos a los chicos a la casa para dejarles cuadernillos, porque no tienen acceso a nada”, relató la maestra de una escuela de Villa Carmela.

Entre tantas pruebas y errores que hicieron en estos meses, cuenta la docente Melina Vega, algunas cosas fueron quedando. Por ejemplo, la necesidad de tomarse el tiempo de charlar con los chicos, uno por uno, para tener su atención. “En ocasiones converso con los chicos hasta 40 minutos para ver cómo están, es la manera de que conecten conmigo y de que expresen todo lo que están pasando”, finalizó.

Consejos para docentes y para las familias

Seleccionar el sistema y las herramientas. Deben ser apropiadas a las edades del alumnado y utilizables en los dispositivos que ya usan habitualmente. Es buena idea facilitar tutoriales para que a todos, familias incluidas, les resulte fácil su aplicación.

Organización. Ayudar a los chicos a autoorganizarse con consejos sobre el espacio de trabajo en casa, a imponerse una rutina que los ayude o a establecer mecanismos para que identifiquen el inicio y el final de cada una de las actividades.

Rediseñar el curso. Generar secuencias de trabajo claras que tengan una duración específica a lo largo de varios días, y en las que los estudiantes perciban el acompañamiento docente. Por ejemplo, con un vídeo de inicio, una videoconferencia corta al final y un par de mensajes durante la semana.

Aprender en conjunto. Usar, en lo posible, imágenes, esquemas o mapas para captar su atención y sorprenderlos. Dividirlas en subactividades cortas (de entre 10 y 15 minutos) y animarlos a participar. Las actividades deben hacerlas los alumnos, y para ello pueden contactar, hablar, escribirse, interactuar con otros compañeros. Esto no es perder el tiempo, es construir el aprendizaje de forma conjunta.

Explorar recursos externos. Hay contenidos abiertos que están disponibles en los diferentes sitios de internet a disposición de los docentes. También pueden elaborar recursos para sus alumnos, de forma individual o con otros compañeros/as, y difundirlos para que otros colegas los puedan reutilizar.

Interacción y tiempos. Ofrecer herramientas que faciliten el trabajo colaborativo (Google Meet, Microsoft Teams, etcétera). También es buena idea habilitar un espacio de comunicación para generar interacción. Es importante destacar que las sesiones de videoconferencia no deberían durar más de 25-30 minutos como máximo, sin centrarse en “dar la lección”, sino más bien en resolver dudas y aclarar conceptos.

La evaluación. La evaluación continua facilita el seguimiento de los estudiantes y da información valiosa. Debe ser lo más diversificada posible: distintos tipos de actividades evaluativas, con distintos actores. Además del docente, los alumnos pueden evaluarse unos a otros y autoevaluarse. Lo importante es que dispongan de más información sobre lo que ya saben hacer y, sobre todo, lo que aún no saben hacer bien. La evaluación debe tener utilidad formativa, y no ser una finalidad en sí misma.

Comunicación permanente. Para que los chicos no se sientan solos, hay que hacerles sentir que forman parte de una comunidad. Se pueden crear espacios de intercambio de mensajes entre los propios alumnos e incluso entre las familias, y de esa forma, implicarlas más.

Contenido actual. Es importante que se den cuenta de los beneficios del uso de las tecnologías, pero también de sus riesgos. Analizar fake news, por ejemplo, puede ayudarles en ese sentido.

Asegurar el acceso. Intercambiar las prácticas docentes en línea, los recursos o crear un espacio compartido al que todo el mundo tenga acceso ayudará a que la enseñanza en línea sea más efectiva.

Decálogo educación online

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