Reserva de Horco Molle: ya no se pueden reinsertar animales - LA GACETA Tucumán

Reserva de Horco Molle: ya no se pueden reinsertar animales

El momento económico es complicado debido a la falta de público. Este problema condiciona el funcionamiento del complejo, que no puede desarrollar algunos de los proyectos que se preveían este año.

16 Sep 2020
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JUAN PABLO JULIÁ. El director de la Reserva de Horco Molle recibió a LA GACETA y contó cuál es la actualidad del lugar.

Ubicada al pie del cerro, en Yerba Buena, la Reserva de Horco Molle sufre por la falta de los recursos económicos que reciben, en circunstancias normales, del público que visita el lugar para recorrer la zona y conocer los animales silvestres de la provincia. Este problema la priva de llevar a cabo los proyectos planeados y de alcanzar su principal objetivo: reinsertar animales dentro de su ecosistema natural.

“La mayoría de los recursos proviene de las visitas guiadas que se realizan a lo largo del año”, contó Juan Pablo Juliá, director de la Reserva. Además, indicó que perciben otros ingresos que vienen de diferentes lugares, como voluntariados universitarios o la Ley de Bosques, y algunos proyectos internacionales que sirven para financiar actividades que tienen como objetivo el rescate y la recuperación de especies.

JUAN PABLO JULIÁ. El director de la Reserva de Horco Molle recibió a LA GACETA y contó cuál es la actualidad del lugar.

Teniendo en cuenta estas diferentes fuentes de ingresos, Juliá explicó que al no recibir público y al estar demorados los fondos de los proyectos nacionales e internacionales, a la Reserva sólo le quedan los ingresos mínimos que garantizan su funcionamiento. Estos son cubiertos por la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), que se encarga del pago de los sueldos del personal que trabaja en el lugar y, ahora, también del alimento de los animales.

El costo de mantenimiento es de alrededor de $ 150.000, suma que es imposible de alcanzar para una Reserva sin público y con demoras en la recepción del dinero proveniente de proyectos.

Entre los gastos indispensables, además de la comida de los animales están los insumos veterinarios que se necesitan para controlar su salud. “Hay que vacunarlos, controlarlos, curarlos y anestesiarlos para que se duerman y hacer una inspección una vez al año, todo eso es caro. Un frasquito de anestesia para dormir un tapir está en torno a los $ 3.000, y dura una o dos ‘dormidas’. Acá tenemos nueve tapires, además de un montón de otras especies a las que también les hacemos un control anual”, afirmó Juliá.

“Lo que hicimos es aumentar el pedido de fondos a proyectos internacionales. Así conseguimos algunos fondos para especies de árboles en el jardín botánico y otros para la conservación de especies en la Reserva” -explicó-. También se abrirá una línea con asociaciones internacionales que reciben fondos, para que la gente interesada puede hacer su aporte desde casa y colabore en algún proyecto específico. “Esto estará disponible dentro de 48 o 72 horas (mañana o pasado) y las personas interesadas pueden entrar a la página de la Reserva en Facebook y ahí encontrarán información sobre el tema”.

Proyectos incumplibles

Los problemas financieros por los que pasa actualmente la Reserva le imposibilitan cumplir con los proyectos que tenían en mente para este año. Uno de ellos, y el más importante y costoso según el director del complejo, es el de la reintroducción de tapires. “Contábamos con fondos de la Provincia, de empresas y otros extras que aún no llegaron, además de los fondos propios. También trabajamos con la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnología (Facet) en donde diseñaron collares que nos dan una señal de GPS y nos permiten saber en tiempo real dónde está cada tapir con un margen de error del 15%”, sostuvo Juliá sobre el proyecto que está en pausa y se reactivará una vez que cuenten con el dinero suficiente. Mientras, la primera pareja de tapires que ya estaba seleccionada para abandonar la reserva y volver a su hábitat deberá esperar hasta el próximo año, cuando las condiciones estén dadas.

TAPIR. El mamífero toma agua después de alimentarse, mientras espera para ser puesto en libertad.

Pese a la situación actual, el director de la Reserva contó orgulloso que sí hay un proyecto del que se están encargando: la restauración ecológica de los bosques de Horco Molle. El propósito de este plan es la extracción de especies de árboles exóticos que hay en algunos bosques tucumanos, principalmente de eucaliptos y siempreverdes, y reemplazarlos por especies nativas como cebil colorado, jacarandá, tipa, horco molle, lapacho y muchas otras. Algo que puede ser positivo para los animales de la zona, los cultivos de los campos cercanos y para regular las inundaciones, según explicó Juliá.

Esperando respuesta

Para la vuelta a las actividades, Juliá y su grupo de trabajo ya enviaron un protocolo al Comité Operativo de Emergencia (COE) para habilitar el ingreso a la Reserva. En primer lugar, la idea es que se habiliten los merenderos para que la gente pueda disfrutar de un asado o picnic en familia. “Creemos que la apertura de los bares nos da la posibilidad de que nosotros también podamos abrir, ya que es un espacio abierto y amplio. Podemos brindar esta actividad de forma segura, en un lugar bonito, tranquilo, más fresco que la ciudad, y con un riesgo de contagio muy bajo”, afirmó.

Luego vendría el segundo paso de esta reapertura, que también fue presentado al COE. Se trata de recibir familias de forma individual para hacer el tour, es decir con un guía por cada grupo familiar, en vez de uno para un grupo de 30 o más personas como se hacía antes. (Producción periodística: Homero Terán Nougués).

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