In memoriam: tres miradas sobre quién fue María Eugenia Valentié

20 Ago 2020
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LEGADO QUE SIGUE VIGENTE. María Eugenia Valentié. LA GACETA / HÉCTOR PERALTA (ARCHIVO)

Fue una de las primeras mujeres dedicadas a la filosofía, como profesión, en el país. Una de las primeras egresadas de esa carrera en la facultad de Filosofía y Letras de la UNT. Llevó los mitos y los ritos del Noroeste Argentino al ámbito académico. Enseñaba filosofía a la manera socrática, filosofando. Hacía amar la filosofía a tal grado que muchos de sus alumnos repetían la materia después de haberla aprobado sólo para seguir escuchándola. María Eugenia Valentié cumpliría hoy 100 años, y su legado intelectual sigue replicándose entre sus discípulos y en las nuevas generaciones de egresados.

Estudió y ejerció los primeros años de la docencia en la denominada época de oro de la Facultad de Filosofía de la UNT.

Jimena Sosa, joven becaria del Conicet, doctorada con una tesis sobre “El debate intelectual en los años de fundación de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT”, destaca la contribución de Valentié en notables proyectos editoriales (Sudamericana) al traducir importantes obras de la filosofía como las de Simón Weil y Gabriel Marcel. Hizo grandes aportes al estudio del filósofo tucumano Alberto Rougés.

“Además, Valentié es una verdadera pionera entre las mujeres dedicadas de forma profesional a la filosofía en el país”, afirma Sosa. Y una difusora de la filosofía y la cultura a través de publicaciones como LA GACETA Literaria.

El legado a la UNT

“Las instituciones son prestigiosas e importantes según quienes las habitan y les dan vida desde dentro”, dice Cristina Bulacio, discípula de Valentié. “MEV fue uno de esos espíritus elegidos que dejaron huellas profundas y marcas indelebles en la Universidad Nacional de Tucumán, institución entrañable para ella. Fui testigo presencial como colaboradora en su cátedra de dos rasgos: uno más personas, su papel fundamental como profesora de Metafísica, materia troncal de la carrera en ese momento y la envergadura que le dio, junto a otros grandes profesores, a la Facultad de Filosofía y Letras en el país y en el extranjero. Eran épocas de oro”.

“Hubo generaciones que cursamos dos veces la materia porque un año era poco para tanto saber, tanta polémica filosófica y tanto disfrute en el ejercicio del pensar. El nivel de su enseñanza estaba a la altura de las grandes universidades, lo comprobábamos en los congresos”, recuerda Bulacio.

Democrática irredenta

“El otro rasgo de Valentié es más público. Era una demócrata irredenta, incapaz de ejercer el autoritarismo en ninguna de sus formas. Nunca buscó el poder. Amante de la justicia, de la verdad, del equilibrio del pensar y del universo mismo, representó -para muchos universitarios- la lucha silenciosa, dura y sin claudicaciones que hizo posible recuperar la democracia. Cuando los militares llegaron al poder acogió sin miedos ni hesitaciones, alumnos y colegas perseguidos”, evoca.

Según Bulacio, “la Universidad Nacional de Tucumán, le debe mucho porque gran parte de su prestigio pasó por gestos de grandeza como estos, gestos en los que se cimenta la universidad y que siempre son de individuos concretos que dan vida a cada institución”.

La pasión por enseñar

Griselda Barale, también discípula de Genie, como la llamaban sus amigos, rescata “su pasión por enseñar a los jóvenes principiantes en las lides filosóficas. Lo hacía tanto desde su cátedra como desde el apoyo incondicional a los que estuvieran haciendo especializaciones o doctorados. Incondicional porque no imponía temas, los ayudaba a pensar. Jamás rechazaba leer lo que sus discípulos producían y, luego, hacía devoluciones críticas”, la evoca.

“Infinitamente generosa con su biblioteca, sus conocimientos y su tiempo. A su lado alumnos y discípulos aprendieron que hacer filosofía es tanto detenerse a estudiar la historia, la historia del pensamiento, o una teoría o un autor. O bien utilizar la formación clásica para pensar sobre arte, política, religión, cultura o la vida misma. Siempre con una consigna clara: jamás dejar de leer filosofía ni de mirar al rededor, jamás desatender lo que ocurre en el mundo”, dice Barale.

“Hoy, a la luz de nuevos tiempos, Genie, junto a otras tucumanas de su generación, fue pionera del pensar filosófico pergeñado desde el lugar de la mujer, en un auténtico sentimiento de paridad con los hombres sin violentar ni resignar nada”, sostiene Griselda. Y añade: “Genie jamás perdía las esperanzas, fuera lo que fuera lo que ocurriera, porque en realidad, aunque sabía reconocer la maldad o la traición, nunca perdió la esperanza en la humanidad, en que hombres y mujeres eran capaces de hacer también lo mejor de lo mejor”.

Para Sosa, aunque no la conoció, su trayectoria deja un importante mensaje a las mujeres: “nos habla de la importancia de ocupar los espacios universitarios durante años negados al género femenino. Para la construcción de una mirada crítica, que se valga de la filosofía como herramienta para la desnaturalización de discursos hegemónicos y la construcción de lazos de solidaridad entre nosotras”.

Perfil de María Eugenia Valentié

Nació el 20/8/1920 y falleció el 29/7/2009. Profesora de Filosofía de la UNT, autora de “De mitos y ritos del Noroeste Argentino”, “Una metafísica del Hombre” y “Alberto Rougés. Vida y obra”, entre otras publicaciones. Profesora emérita de la UNT. Colaboradora permanente de LA GACETA Literaria. Experta en mitos y ritos, metafísica y filosofía de la religión. Tradujo la obra de Simone Weil y Gabriel Marcel.

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