108 aniversario: LA GACETA y los tucumanos en el año de la pandemia

04 Ago 2020 Por Daniel Dessein
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AYER Y HOY. La redacción de antaño del diario en papel y la dinámica del informativo cotidiano de LA GACETA Play: la misma pasión en diferentes formatos. la gaceta / foto de franco vera

Philip Graham, ex editor de The Washington Post, divulgó la concepción del periodismo como el primer borrador de la Historia. Nunca fue fácil redactar ese borrador pero resulta extraordinariamente complejo hacerlo cuando la Historia da un giro abrupto. Probablemente en eso pensaba Alberto García Hamilton, el fundador de este diario, en las semanas y meses previos a la publicación del primer número de LA GACETA, que llegaría a los lectores el 4 de agosto de 1912.

A principios de ese año se había sancionado la Ley Sáenz Peña, un gigantesco salto democratizador para una Argentina que se convertía en una de las grandes potencias económicas y culturales del planeta. Tucumán se afianzaba como un motor clave de esa transformación. Dejaba atrás su pasado aldeano para erigirse en Capital del Norte, impulsada por la obra de los miembros de la generación del Centenario. El periodismo también cambiaba. Reemplazaba los sesgos ideológicos con los que había nacido por estándares profesionales. Se constituía, así, en un servicio dedicado a sus lectores, independiente del poder político, económicamente autónomo y dedicado a reflejar y analizar los hechos relevantes de su sociedad.

Lo que finalizaba, en términos de cohesión histórica y a nivel global, era un siglo XIX que se había estirado para extinguirse con el estallido de la Gran Guerra, en 1914.

Tucumán, la Argentina y el mundo dejaban de ser lo que habían sido. En ese contexto nacía este diario para contar -con nuevos criterios técnicos, éticos y estéticos- cómo se iniciaba otro período de nuestra aventura colectiva.

2020 nos enfrenta con un reto similar. Somos conscientes, mucho más que en 1912 y que en cualquier otro tiempo, que se está gestando un capítulo de los futuros libros de Historia. Vivimos uno de esos momentos bisagra en los que pierde vigencia la agenda de temas del pasado, el porvenir se cubre de niebla y el presente se expande. Hubo otras pestes, grandes guerras, revoluciones y descubrimientos. Pero nunca experimentamos un acontecimiento global de esta envergadura determinado por el comportamiento del conjunto de la humanidad con un impacto sincrónico como este. Todos podemos enfermarnos y contagiar; entre todos podemos lidiar con la enfermedad y sus secuelas.

En LA GACETA revive el espíritu fundacional. Tenemos que contar cómo cambia nuestro mundo mientras cambiamos la forma de narrar. De un día a otro aprendimos a trabajar de manera remota y a explotar mejor los recursos tecnológicos para llegar con la información necesaria a donde está la gente. A sus casas, a las redes, a sus casillas de mails, a sus televisores, a sus computadoras, a sus celulares. Hoy LA GACETA no es solo el diario en papel; es LAGACETA.com, LA GACETA Play, LA GACETA Podcast, Panorama Tucumano. La edición impresa, que llega a picos de 132.122 ejemplares, se combina con una edición digital que congrega a 4 millones de usuarios únicos por mes en la web y contenidos que son recibidos por más de un millón de seguidores en Facebook, Instagram y Twitter. En estos días recibimos el Botón de Plata de Youtube por haber superado los 100.000 suscriptores en esa plataforma. También se cumplió recientemente un año del lanzamiento de nuestras suscripciones digitales, 14.017 al día de hoy, reafirmando la confianza de los lectores en el periodismo de calidad. Estos son indicadores de la evolución de un medio que sigue siendo el principal referente informativo de su región.

AYER Y HOY. La redacción de antaño del diario en papel y la dinámica del informativo cotidiano de LA GACETA Play: la misma pasión en diferentes formatos. la gaceta / foto de franco vera

Hace once décadas que LA GACETA teje diariamente un vínculo estrecho con los tucumanos. Ese vínculo no se rompe porque el medio sigue cumpliendo su función. Buscar, escuchar, confirmar, reconfirmar, contextualizar, jerarquizar, interpretar, acompañar. Sobre todo, contar la verdad. Aunque incomode, inquiete o duela. Conscientes del éxito ocasional de quienes pretenden ocultarla y de nuestras limitaciones para iluminarla, pero siguiendo los protocolos del oficio que atenúan esos obstáculos: nutriéndose de distintas fuentes, chequeando las versiones, buscando diversos ángulos, rectificando los errores.

La pandemia golpea a sociedades marcadas por fragmentaciones, enfrentamientos, desinformación y escepticismo. Las pulsiones autoritarias, el auge de la intolerancia y las distorsiones del mundo digital potencian estas fracturas. El periodismo nos propone una agenda común: la identificación de cuestiones y hechos significativos a partir de los cuales los ciudadanos pueden debatir el rumbo que quieren seguir. Este ejercicio, imprescindible para el progreso político, económico, social y cultural de toda comunidad libre, adquiere con la Covid-19 una relevancia dramática.

Todos somos protagonistas de esta coyuntura histórica, aunque algunos tengan más responsabilidad que otros. No somos víctimas pasivas del flagelo ni actores inertes frente a sus perjuicios. Finalmente, diría Sartre, seremos lo que hagamos con lo que la pandemia hizo de nosotros.

La prensa comunica las medidas para contener al virus y también ofrece el espacio para reflexionar sobre ellas; refleja sus consecuencias, muestra evidencias y dudas, e indaga caminos posibles para reparar los daños. La cooperación, que tiene como premisa una ciudadanía adecuadamente informada, es la mejor herramienta con que contamos.

El periodismo hoy toma nota de los principales hechos de este nuevo e incierto ciclo. Un capítulo que escribimos entre todos. El que cuenta cómo enfrentamos el mayor desafío colectivo de nuestras vidas.

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