Por qué hay que controlar la salud cardiovascular

Las consultas a tiempo para poder salvar vidas se redujeron más del 50%. “Las enfermedades crónicas no se detienen en cuarentena”, destaca un experto.

CONSULTÁ URGENTE. La enfermedad cardiovascular (ACV , insuficiencia cardíaca e infartos) es la primera causa de muerte en todo el mundo.
CONSULTÁ URGENTE. La enfermedad cardiovascular (ACV , insuficiencia cardíaca e infartos) es la primera causa de muerte en todo el mundo.
Por Claudia Nicolini 06 Mayo 2020

Hasta con música (literalmente, y a veces, muy buena) nos han dicho “quedate en casa”, y -a pesar de unos cuantos actos de desobediencia que están saliéndole caros a la sociedad argentina, el aislamiento social preventivo y obligatorio ha dado sus primeros frutos: el nivel de contagios y de fallecimientos es mucho menor que el proyectado.

Pero covid-19 no es el único riesgo para nuestra salud que enfrentamos; ni de lejos el más mortal. Hay otros muy graves, relacionados con enfermedades no transmisibles, como diabetes o hipertensión, pero la gente ha dejado de pensar en ellos.

“Mi tío José es diabético e hipertenso. Llevaba unos días con signos extraños: muy somnoliento, con dificultades para hablar... Quisieron llevarlo al médico, pero se negó: había riesgo en los hospitales. Hasta que se desmayó -cuenta Teresa Mazzuco-. Para cuando lo internaron ya había hecho en ACV severo, además de un pico de azúcar”. Hoy, don José lentamente se está recuperando. “Pero la doctora dice que es increíble que esté así, luego de lo que ocurrió. Casi no vivió para contarlo”, añade Teresa.

Casos como este están creciendo y los especialistas en problemas cardiovasculares están preocupados porque mucha gente restringió al mínimo las consultas (aun las de telemedicina); disminuyeron las visitas de urgencia a las guardias y los procedimientos por cateterismo, tanto los diagnósticos como los terapéuticos. Según datos de “Stent-Save a Life”, relevamiento mundial del que participa Argentina, entre el 20 y el 31 de marzo cayeron en nuestro país, en promedio casi el 75%, los estudios cardiovasculares respecto de los primeros 19 días del mes, informó el Colegio Argentino de Cardioangiólogos Intervencionistas (CACI).

“Las enfermedades crónicas no se detienen; siguen su curso. Sigue habiendo infartos y otras situaciones críticas, pero todo el mundo está paralizado por el miedo al coronavirus”, advierte el tucumano Ricardo Falú, cardiólogo intervencionista y miembro del equipo de hemodinamia del Hospital de Niños, y cuenta que en Tucumán se redujo al 50% la consulta por infartos. “No es que haya menos -insiste-; es que se lo aguantan y lo cursan en su casa”.

“La disminución de llamadas y de concurrencia a emergencias significa, indefectiblemente, que hay personas con síntomas aguardando a que reviertan solos”, confirma Diego Grinfeld, presidente del CACI. “Es muy preocupante.

Tengamos en cuenta que la enfermedad cardiovascular, que involucra infarto, accidente cerebrovascular e insuficiencia cardíaca, es la primera causa de muerte en el mundo”, señaló Aníbal Damonte, expresidente del CACI.

El tiempo es oro

Tanto en el abordaje de los ACV como en el de las insuficiencias cardíacas y los infartos, la reacción rápida es fundamental: si los pacientes reciben atención urgente luego del ataque tienen importantes probabilidades de recuperación sin secuelas.

Sin embargo -destaca el neurólogo Julio Fernández, jefe del Programa de ACV del Siprosa- la cantidad de llamadas al 107 ha bajado y se producen además fuera de lo que se conoce como “período de ventana”. “Si se actúa dentro de las dos primeras horas el porcentaje de éxito de las intervenciones es del 66%; si se demora más, baja al 16%”, señala Fernández. “Cuando los pacientes con crisis cardíacas llegan sobre la hora, perdemos la posibilidad de solucionar el problema con una angioplastia (dilatación de un vaso sanguíneo obstruido)... y si las cosas siguen así tendremos más muertes por eventos cardiovasculares que por coronavirus”, agrega Falú.

Atentos a los síntomas

La recomendación de ambos es la misma: consultar lo más rápido posible. “Llamar al 107 -repiten, sin cansarse-; llamar al 107”. Allí, y luego de un breve interrogatorio, derivarán a la red de infartos o a la de ACV. “Si no es nada, no pasa nada; es preferible eso a que lleguen tarde”, resalta Falú, y aconseja que si la asistencia de emergencia para la movilidad se demora y se tiene cómo hacerlo, se vaya hasta los hospitales de cabecera (Centro de Salud para cardiología y hospital Padilla para ACV). “Las guardias están preparadas para recibir pacientes con enfermedades crónicas sin riesgo de contagio de infecciones”, resalta Fernández, y destaca a qué señales se debe estar alerta. “Los síntomas son todos repentinos: entumecimiento o debilidad, especialmente de un lado del cuerpo; confusión o dificultad para hablar o para comprender lo que se habla; problemas para ver con uno o ambos ojos; dificultad para caminar, mareo o pérdida de equilibrio o de coordinación; dolor de cabeza grave (y, repetimos, repentino) sin causa conocida...”. E insiste en que si los pacientes reciben atención urgente luego del ataque tienen importantes probabilidades de recuperación sin secuelas.

“También los síntomas cardíacos suelen tener inicio repentino -agrega Falú-. El clásico es el dolor en el pecho, pero también puede darse en el cuello o en los brazos, en las mandíbulas y hasta en el estómago; y aparecen también dificultades para respirar (¡sin fiebre!); fatiga, mareos y sudoraciones, ritmo cardíaco anormal...”.

Esta es la urgencia. Pero lo ideal es no llegar a ella. Y ambos médicos destacan que el control de las enfermedades no transmisibles no deben abandonarse.

“No son chequeos de rutina; los controles de pacientes en tratamiento precisamente sirven para evitar llegar a la crisis”, destaca Fernández, y señala que el autocuidado es clave, porque buena parte del riesgo está dado por factores tratables: hipertensión, hipercolesterolemia, diabetes, sedentarismo, tabaco y alcohol. “Recordemos: lo que le hace bien al corazón, le hace bien al cerebro”, resalta.

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