Una familia tucumana conoció a Manu Ginobilli en una playa de Monte Hermoso - LA GACETA Tucumán

Una familia tucumana conoció a Manu Ginobilli en una playa de Monte Hermoso

Hace 11 años, Javier Andrade le había contado a LA GACETA que su sueño era conocer a su ídolo.

28 Ene 2020
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SUEÑO CUMPLIDO. La familia Andrade lleva el basket en la sangre y conocieron a su ídolo.

Javier Andrade juega al basket desde el 2007, cuando tenía cuatro años. El deporte siempre estuvo presente en su familia, como así también su ídolo: Manu Ginóbilli. Hoy, después de 13 años, gracias a una casualidad, logró conocer a la leyenda del deporte argentino.

La familia Andrade eligió vacacionar en una playa alejada del centro de Monte Hermoso. Mientras Javier, su hermano Juan Pablo y su papá Eduardo disfrutaban las olas dentro del mar, su mamá Gladys Licciardi pensó que estaba alucinando al ver al “doble” de Manu. “Creí que me decía en broma que era él, pensé que era alguien parecido, porque tenía una gorra que le tapaba la cara. Estaba justo al lado de nosotros, con su familia. Dudamos mucho pero, cuando se paró y vimos su estatura, nos convencimos más. Tiró al tejo con la izquierda y supimos que era él”, describió Javier.  

En ese momento, el joven comenzó a temblar y, tímidamente la familia, le pidió una foto. “Después volví a sacarme una foto solo. No lo queríamos molestar, pero fue muy amable. Lo único que pude decirle fue ‘gracias por todo, Manu’ y él me sonrió”, añadió.

CONOCIÓ A SU ÍDOLO. Javier juega al basket desde los cuatro años.

Javier y Juan Pablo juegan al básquet y crecieron mirando las jugadas de Manu. “Desde chico, mi mamá nos hablaba de sus jugadas, su famosa ‘palomita’ y sobre la medalla que ganó en los Juegos Olímpicos. Comencé a ver la NBA y me hice fanático de los Spurs. Manu siempre fue mi ídolo. Me hizo muy feliz cuando decidió jugar una temporada más, con 40 años. Con esa edad seguía mostrando su habilidad y ética de juego, en todos los partidos, siempre siendo un mago adentro de la cancha”, indicó.

Sueño hecho realidad

En 2009, Javier le había contado a LA GACETA que su sueño era conocer a su ídolo. “Me acuerdo que para el Día del Niño mi entrenador me eligió para sacarme una foto para el diario. Había comenzado primer grado y cuando salí del colegio fui al parque 9 de Julio a jugar con muchos chicos de distintos deportes. Cuando nos sacaron la foto, nos hicieron preguntas y me dijeron que imite a un jugador, yo dije que quería ser como Ginóbilli e intenté imitar un movimiento de él”, recordó.

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