¿Por qué compartir un evento con un opositor? - LA GACETA Tucumán

¿Por qué compartir un evento con un opositor?

Por Valeria Brusco, politóloga - Red de politólogas No Sin Mujeres.

10 Dic 2019

La respuesta dependerá de tres elementos contingentes y uno de contexto: quién organiza el evento, en qué fase de su carrera está y a quiénes les habla con su gesto. Un cuarto elemento es la época.

La celebración en Luján fue organizada por la Conferencia Episcopal Argentina. Es un actor común, podríamos decir, por ser la religión católica la oficial y por promover un encuentro interreligioso con características populares y positivas. Como expresaron en el mensaje el sacerdote de Luján, la pastora metodista y el sacerdote armenio, un encuentro entre hermanos de un país en momentos difíciles  nos hace bien a todos y todas.  

El presidente saliente se despide con un gesto de cordialidad, su electorado lo valora por su accionar y los medios de comunicación también pueden elogiar sus maneras. Algo parecido sucede con el presidente electo, que inicia su período con gran expectativa y una situación económica de mucha gravedad.

Necesita no sólo el apoyo de su electorado, -lo acaba de obtener-  sino de otros sectores que aún no saben de su gestión: los sectores que no lo votaron pero que sufrieron las políticas del gobierno anterior, las personas que no lo votaron y que siguen sus pasos para criticarlo junto a aquellas personas que no se ven atraídas por la discusión política habitual.

La calle, por otra parte, tiene un lenguaje directo que salvo excepciones permite hablar con otres, con personas de distintos pensamientos: en mi barrio, en la universidad, en los negocios, podemos encontrarnos y hablar, mencionando opiniones aun cuando fueran contrarias. Cuando hay respeto a otras y otros como ser humano, todo diálogo es posible. Si los gestos de los presidentes se asemejan a los de la calle, cuando estos son valiosos, hay mayor identificación de votantes con votados.

Parecería entonces que asistir a la celebración era una situación que beneficiaba a todas y todos. Eso si se considera desde una perspectiva de racionalidad estratégica tradicional. Además de ello,  en los últimos años, hemos aprendido con el movimiento feminista que hay una racionalidad más amplia que promueve acuerdos a mediano y largo plazo, aún con personas y fuerzas políticas de la oposición. Eso aprendimos con el proyecto de ley de ILE y con la de paridad. Mujeres del Frente para la Victoria articularon junto a mujeres de Cambiemos. Quizás se puede decir algo similar del movimiento de jóvenes por el ambiente, a nivel global.

El contexto es el último elemento. Las urgencias de la región y de las democracias del mundo, condicionadas con la hiperconcentración del capitalismo financiero, la violencia xenófoba y racista y el creciente arraigo de esos mensajes, nos ponen en alerta. La época es delicada para las democracias.

Por eso, más allá de las conveniencias individuales y partidarias de uno y otro presidente, el gesto dialoguista es imprescindible en estos tiempos. A diferencia de los comienzos de este siglo cuando el giro nacional popular en la región exigió un nuevo lenguaje, con características de ruptura y de nuevos tiempos, ahora, con los logros de esos gobiernos pero con los peligros de las reacciones conservadoras, hacen falta mayorías amplias.

Hacen gobiernos con mensajes que contengan a quienes no se enfervorizan con la política, a quienes toman el colectivo en Bariloche todas las tardes para volver hasta el Alto, para quienes en Córdoba hoy sufren el cierre de fábricas y para quienes en Villa Dolores se declaran apolíticos o apolíticas y desean que haya remedios, educación y mejores condiciones de vida. Para quienes se sienten frustradas y frustrados, desconsideradas y desconsiderados.

El gesto de compartir una celebración no compromete a los dos presidentes con sus ideas políticas y económicas. Ambos saben -y lo dicen- que defienden modelos opuestos de país.

Salvo a una elite, a nadie le conviene una gestualidad odiosa que genere aceptación a los Bolsonaros, Camachos, Trumps, Orbanes y Salvinis. En beneficio de todas y de todos, bienvenido el gesto.

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