Viaje al interior de una biblioteca que le pelea al olvido

La comisión directiva de la centenaria biblioteca Sarmiento piensa habilitar espacios para que se dicten cursos y eventos culturales. Invitan a asociarse.

08 Nov 2019 Por Florencia Bringas
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DOCUMENTOS. Aquí se conserva enorme cantidad de libros y diarios.

Existen diferentes intenciones entre quienes asisten a la biblioteca Sarmiento. Están los adultos mayores que buscan noticias y leen los diarios disponibles, como LA GACETA y otros nacionales. Son el público fiel de ese espacio ubicado en Congreso 65, a media cuadra del Museo Casa Histórica de la Independencia. Los adolescente que van a la secundaria piden y leen los libros de estudio en tiempos de trimestrales para reforzar sus conocimientos con otros títulos que no tienen en casa. Los universitarios, en cambio, encuentra allí el silencio casi pleno para concentrarse mientras repasan sus textos en los tablones de madera oscura manchados con liquid paper. Ellos son los asiduos visitantes de ese edificio diseñado por Domingo Selva (el mismo arquitecto que hizo la Casa de Gobierno). Sus puertas siguen abiertas, pero hoy no funciona a pleno: todavía hay esperanzas de que los pisos superiores vuelvan a ser centro de importantes clases y tertulias, como está escrito que sucedió en su pasado.

“Al edificio le hacemos tareas de mantenimiento y obras menores permanentes, aunque no hemos podido encarar la restauración profunda que gestionamos para el Bicentenario. De todas formas, seguimos activos para concretarla trabajando en distintas cuestiones”, comentó a LA GACETA Silvia Rossi, presidenta de Comisión Directiva de la asociación civil que maneja la biblioteca. Se le consultó sobre el estado del edificio y del material que cobija luego de que se desplomara el cielorraso de la biblioteca Alberdi. Se trata de dos antiguas instituciones culturales que están a menos de 200 metros una de la otra.

Sobre esas gestiones, Rossi detalló que trabajan para restablecer el vínculo con la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip). Desde hace unos 30 años no reciben subsidios de este organismo que depende del Ministerio de Cultura de la Nación. Sí reciben un subsidio de la Universidad Nacional de Tucumán (“es para el funcionamiento y para pagar a dos bibliotecarios”, dijo la arquitecta). Además, están presentando una solicitud al Fondo Nacional de Las Artes para recibir un aporte para restaurar el edificio. Saben en la Comisión que, por el tamaño de la antigua propiedad en la que funciona la biblioteca, necesitan más de una ayuda.

La arquitecta Rossi, que tiene amplia experiencia en la restauración de edificios antiguos, reconoció: “aparentemente la biblioteca no está en su mejor época”. Pero dijo que a los problemas de fondo los tienen controlados. Con ello se refirió a las filtraciones en los techos, que ponían en peligro el valioso material bibliográfico. En 2017 fue solucionado ese problema, aseguró. Agregó que el año pasado, la Comisión pudo cambiar el viejo sistema de iluminación (tubos fluorescentes) por luminarias led, lo cual alivianó la factura de electricidad.

Un poco de historia

En esa propiedad -ubicada en la misma cuadra que la Catedral, el Museo de Arte Sacro y el museo Avellaneda- estudiaron o se reunieron varias generaciones de tucumanos ilustres, como Juan B. Terán. Justamente fue en esa casona donde el intelectual tucumano anunció en 1906 la intención de fundar la Universidad Nacional de Tucumán.

En la actualidad, la mayoría de los integrantes de la comisión directiva y de los socios de la biblioteca está ligada a esa casa de altos estudios. De hecho, hay proyectos que buscan que tanto en el entrepiso como en el primer piso, donde aún está un piano, se dicten clases y se hagan encuentros culturales. De todas formas, Rossi aclaró que quien quiera ser socio (mediante una pequeña cuota mensual), puede sumarse.

Quienes visitan la biblioteca, pueden consultar unos 70.000 libros (también diarios y revistas), que reflejan la actividad cultural de principio del siglo XX. Según la arquitecta, la Sarmiento mantiene su material bibliográfico completo. Es uno de sus grandes valores. Pero detalló que en este momento los libros no están clasificados según las normas actuales. Es por ello que hicieron una evaluación con una restauradora de material bibliográfico, que analizó la situación y elaboró un proyecto de restauración. “Aconsejó que no movilizáramos el material bibliográfico sin hacer restauraciones de volúmenes, ya que se podría afectar el patrimonio. Pero para ello hace falta plata. Mientras tanto, gestionamos una restauración integral del edificio y realizamos de a poco tareas de conservación preventiva, tanto del edificio como del material bibliográfico”, comentó la arquitecta.

Por último, opinó que es necesario estudiar muy bien la ley 7693, llamada “Sistema Provincial de Bibliotecas”, para poder reglamentarla con las necesidades actuales que tienen las bibliotecas populares. Sobre el futuro del edificio, contó que están haciendo gestiones para que el año que viene se hagan trabajos que permitirán abrir de a poco las salas que hoy están cerradas.

Para darle vida a la biblioteca

- La sala de lectura abre de lunes a viernes. Por la mañana de 8 a 12 y por la tarde de 16 a 20.

- Está prohibido el barullo. Solo se permite leer y estudiar en silencio.

- Se pueden consultar los 70.000 libros, pero no retirarlos del salón.

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