Las arcas flacas y la dirigencia “K”, los desafíos de Manzur

29 Oct 2019 Por Gabriela Baigorrí

Cuando Juan Manzur asuma hoy la responsabilidad de llevar adelante el décimo mandato de un gobierno electo por el pueblo desde el retorno de la democracia se pondrá al hombro mucho más que la banda gubernamental. Si bien todavía tiene en su cabeza los ecos de los cánticos del festejo electoral del domingo, el dirigente -que ha hecho de la planificación su bandera- ya está trabajando en lo que viene. Manzur es consciente de que el arranque de su segundo período no será nada sencillo. La economía; las relaciones con el núcleo del kirchnerismo “duro” y el “acomodar” a la dirigencia local estarán entre sus principales desafíos.  

Manzur no tuvo un comienzo fácil. Pero esta vez, la situación será distinta. El escenario (será en el teatro Mercedes Sosa y no en el San Martín) y los protagonistas de las fotos, también. A diferencia de 2015, José Alperovich ya no le pasará a Manzur el mando ni el principal invitado será Daniel Scioli, entonces candidato a presidente. No estarán tampoco las dudas sobre la legitimidad de su elección, que habían sido sembradas por la oposición en la Justicia y en la sociedad. Esas dudas, disipadas en los Tribunales y en la calle, lo habían llevado a centrar su discurso de asunción en la promesa de una reforma política y electoral.    

El mandatario provincial estará en compañía ahora de un presidente electo, Alberto Fernández, y de un equipo de Gobierno local consolidado. Manzur afianzó su relación política con su vice, Osvaldo Jaldo, y ratificó ayer a todo su gabinete. El único cambio será el de la ex secretaria de Gobierno y legisladora electa, Carolina Vargas Aignasse, en lugar de Regino Amado, que migra a la Legislatura como presidente subrogante de la Cámara.

Los desafíos

La economía no abandona el centro de las miradas ni lo abandonará en los próximos meses. Tampoco en la Casa de Gobierno pierden de vista a la mayor condicionante que tuvo la gestión. En estos años han hecho malabarismos para cumplir con las obligaciones en épocas de austeridad. Inclusive, se analiza no implementar la cláusula gatillo en los próximos acuerdos salariales, por lo imprevisible que puede resultar atar nuevamente los sueldos a la inflación. Si bien se celebró que desde diciembre la Rosada será del mismo signo político y esto podría facilitar la llegada de recursos nacionales a las flacas arcas locales, saben que los recursos federales tampoco abundan y que llevará tiempo acomodar los números y percibir eventuales mejoras.    

Por otro lado, Manzur está expectante respecto de cómo será la dinámica entre el “albertismo”, al que pertenece y en el que se consolidó como “armador” en el interior, y el kirchnerismo, más cercano a la vicepresidenta electa Cristina Fernández. Sucede que si bien el gobernador fue ministro de Salud de la ex presidenta, la dirigencia “k” no se olvida del todo de la distancia que Manzur tomó de su ex jefa cuando el espacio perdió en 2015. De hecho la posibilidad de que forme parte del gabinete nacional parece haberse desdibujado, al menos para el primer año de gestión.

Los gobernadores peronistas miran con atención cómo será la inclusión de los referentes del próximo gobierno nacional en los gobiernos locales. En Tucumán aún recuerdan cómo el ahora senador Alperovich recibía llamados de la Nación para incluir a tal o cual dirigente en las listas de candidatos o para apoyar medidas en esta o aquella dirección, aún cuando no fueran compartidas. Si bien Manzur y Jaldo cobijan relativamente al kirchnerismo provincial y la distancia se acortó en relación a la que había con Alperovich, es un vínculo que aún no cuajó del todo. Plantar los límites -o no- a ese tipo de injerencias estará en la lista de pendientes para el titular del Ejecutivo local.

Los dirigentes de Manzur y de Jaldo esperan definiciones. Ya pasaron los plazos planteados por el gobernador a la hora de pedir paciencia: las elecciones provinciales y las nacionales.  Aunque el recambio de nombres en las primeras líneas gubernamentales será mínimo, Manzur aseguró que habrá modificaciones en las segundas y terceras y esto abona las especulaciones y las pujas dentro la de la dirigencia del oficialismo. Tras los comicios de junio, muchas de las figuras quedaron sin lugares.

Los primeros desafíos de Manzur estarán, entonces, en los números y la dirigencia.

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