El constituyente dominico

Fray José Manuel Pérez representó a Tucumán, con el doctor Salustiano Zavalía, en la Constituyente de 1853.

20 Oct 2019 Por Carlos Páez de la Torre H

En el atrio de nuestra basílica de Santo Domingo se alzan dos grandes estatuas de mármol. Honran a dos próceres de la Orden de Predicadores. Una representa a fray Justo Santa María de Oro, el congresal de San Juan en la jura de la Independencia. La otra retrata a un tucumano, fray José Manuel Pérez, constituyente de 1853. Las líneas que siguen intentan rescatar la figura de este último, sacerdote célebre por su sabiduría y por su virtud.

La enseñanza

Nació en nuestra ciudad en 1787. Me informa el doctor Ernesto Spangenberg que sus padres fueron don Juan Antonio Pérez, nativo de Galicia, y doña María Vasconcelos, oriunda de Tucumán. Cursó Filosofía en la cátedra que funcionó en el convento tucumano de 1802 a 1805, y que dirigía el padre Juan Nepomuceno Chorroarín. Este llevó a Pérez a Buenos Aires. Allí lo ordenaría sacerdote el obispo Benito Lué y Riega, en 1811.

FRAY JOSÉ MANUEL PÉREZ. Un retrato de época del distinguido sacerdote.

Se dedicó a enseñar Gramática y Filosofía, y es tradición que tenía “una voz angelical para el canto”. La reforma eclesiástica de 1820 lo movió a regresar a Tucumán. Aquí enseñó las mismas materias, además de Teología, en la escuela que resolvió abrir en el convento de esta ciudad. A ella asistieron jóvenes que tendrían destacada actuación posterior.

A poco andar, se iniciaría la larga actuación del padre Pérez en la vida política.

Bancas de diputado

De 1823 a 1825 ocupó una banca en la Sala de Representantes, que presidió. Marcó una diferencia en la conducta de la temerosa corporación: cuando Gregorio Aráoz de La Madrid derrocó al gobernador Javier López, tuvo Pérez la valentía de mocionar -sin éxito- que se llamara a La Madrid “para que se justificase por el movimiento ocurrido el 26 de noviembre de 1825”.

Renunció en 1827, pero regresó a la Sala en 1828-29, 1830-31, 1839 y 1840. No asistió a la sesión del pronunciamiento contra Rosas, del 7 de abril de este último año. Consideró (evocaría su nota necrológica de “El Eco del Norte”) que “no podía tomar parte en un asunto que había de dar por resultado derramamiento de sangre, porque su ministerio se lo prohibía”. Pensaba, además -comentó a amigos en su celda- que Tucumán carecía de capacidad para operar en una cuestión que se resolvería entre Rosas y Lavalle.

Amplio prestigio

En 1837, Juan Bautista Alberdi escribió a Marco Avellaneda a Tucumán, pidiéndole suscriptores para su “Fragmento preliminar”. La respuesta de Avellaneda es reveladora del prestigio del padre Pérez. “He cumplido con su encargo de buscarle suscriptores -escribía Avellaneda a Alberdi- y no puede usted imaginarse cuánto he trabajado para recoger algunos. No hay en este país cuatro hombres capaces de leer su obra, ni dos con aptitudes para entenderla. Créamelo, no hay exageración en esto. No hay más que dos cabezas con capacidad para concebir una idea y formar un raciocinio: el padre Pérez y (Salustiano) Zavalía. A los demás les ha dado Dios un alma; pero al concederles facultades, no ha querido darles la de raciocinar… los doctores… son más rudos que mis botas…”.

Como se sabe, tras el pronunciamiento se formó la Liga del Norte contra Rosas, que sería aplastada en Famaillá. El padre Pérez volvió a la Sala de 1843 a 1845. En 1847, su comunidad lo designó Provincial de la Orden.

El constituyente

Viajó entonces a Buenos Aires, el año siguiente. Allí “recibió señaladas pruebas de consideración y respeto”, provenientes incluso de Juan Manuel de Rosas, según recordaría “El Eco del Norte”. Continuaba en Buenos Aires cuando Tucumán lo eligió, en 1852, diputado al Congreso Constituyente, junto con su antiguo discípulo, el doctor Salustiano Zavalía.

ANTIGUA HORNACINA. Con las imágenes de la Virgen del Rosario de Pomata y las de San Juan Bautista y Santa Bárbara, perteneció al padre Pérez.

Ambos viajaron a Santa Fe. Por ser el decano de los diputados, Pérez fue elegido presidente provisorio, al iniciarse las sesiones. El 29 de noviembre de 1852 terció en el debate, afirmando que la misión del Congreso “no consistía en lanzar al viento una hoja de papel escrito, sino preparar el terreno, desenmascarar el vicio de las instituciones y de las costumbres, que habían sido hasta hoy la causa de nuestros males”.

Largas ausencias

Al igual que el diputado salteño Facundo Zuviría, al padre Pérez no le parecía oportuno dictar una Constitución. Pensaba que “el país debía constituirse antes prácticamente”. Estaba de acuerdo con el proyecto de carta elaborado, pero “creía inoportuna su sanción”, tesitura que, como se sabe, no prosperó. Sus intervenciones más largas y fundadas se produjeron al tratarse el tema del culto oficial, sobre todo en la sesión del 24 de abril. En varias oportunidades, por diversos motivos, estuvo ausente de las sesiones.

LA ESTATUA. En 1916 se descubrió la estatua del célebre dominico, en el atrio de nuestra basílica de Santo Domingo.

El 26 de abril, se tomó conocimiento de “su retiro” del Congreso. Pocos días después, el 1 de mayo de 1853, se sancionaba la Constitución de la Confederación Argentina. Presente en esa sesión, el padre Pérez dijo que “durante la discusión y la sanción de más de las tres cuartas partes de la carta constitucional, había estado fuera del Congreso, como era notorio”.

Firma y regreso

Pero que “sin embargo, citado por el señor presidente para concurrir a firmar la Constitución sancionada ya en su totalidad, no sabía si su firma podía legalmente tener lugar al pie de la Carta que iba a suscribirse. Que sometía esto al fallo del Soberano Congreso, y si lo que acababa de exponer no invalidaba su firma, él la prestaría, sujetándose a la soberana decisión”

Se puso a votación entonces “si no habiendo el señor diputado Fray Manuel Pérez concurrido a la discusión y sanción de más de dos terceras partes de la Constitución, por haber tenido pendiente su renuncia o separación del seno del Soberano Congreso, su firma en la Carta Constitucional será legal o no”. Consta en el acta que, emitidos los votos, “resultó la afirmativa por unanimidad”.

En la sesión del 8 de mayo, se informó que Pérez se había retirado definitivamente del cuerpo.

Gran crédito

El padre Pérez regresó a su convento de Tucumán. Fueron pasando los años. Según “El Eco del Norte”, cuando el doctor José Ignacio Eizaguirre vino a Tucumán, fue a visitar al fraile en su celda: quería conocerlo “por el gran crédito que decía gozaba en la corte de Roma”.

Tocaba a su fin la década de 1850, cuando falleció fray Felipe Santiago Savid, el Provincial de la Orden, y el padre Pérez fue nombrado, por segunda vez, en el cargo que quedaba vacante. Según la misma fuente, cuando llegaron del Vaticano las bulas que designaban obispo de Salta al doctor José Eusebio Colombres (y que arribaron después de su muerte), con ellas venía una carta del doctor Eizaguirre. En ella indicaba a Colombres que, “inmediatamente después de su consagración, propusiese directamente a la Santa Sede, para obispo coadjutor, al Reverendo Padre Fray Manuel Pérez”.

La muerte

LA TUMBA. A la izquierda del altar mayor, de Santo Domingo, una lápida señala la tumba de los sacerdotes José Manuel Pérez, Nazario Frías y Domingo Berón.

El 29 de septiembre de 1859, el ex constituyente de 1853 fue encontrado “muerto en el patio de su celda”. De acuerdo al referido diario, “se cree que una apoplejía fulminante cortó instantáneamente el hilo de su vida a los 72 años, 3 meses, 5 días”. Expresaba que la noticia “circuló con una rapidez eléctrica, y todas las clases de la sociedad concurrieron al convento atraídas por la triste novedad”.

En las exequias habló Fray Abraham Argañaraz. Los restos del padre Pérez fueron inhumados en la iglesia vieja de Santo Domingo, y trasladados a la actual, cuando ésta se erigió. Se encuentran en ese templo hasta hoy, a la izquierda del altar mayor. Muchos años después, se colocó allí una lápida. Ella reza: “Fray José Manuel Pérez/ Junio 29 de 1787-Tucumán-Septiembre 29 de 1859/ Maestro y Provincial/ Diputado por Río Chico/ Congresal de Santa Fe/ Mentor y consejero/ Mereció bien de los suyos y de la Patria./ Con sus hermanos Fr. Nazario Frías/ y Fr. Domingo Berón/ espera aquí la voz del Ángel./ La Comunidad Dominicana de Tucumán/ Setiembre 29 de 1939”.

La estatua

El 2 de julio de 1916, como uno de los actos oficiales del Centenario de la Independencia, en el atrio de Santo Domingo se descubrieron las estatuas de mármol de Fray Justo Santa María de Oro y de Fray José Manuel Pérez. “La penetrante mirada de sus ojos de mármol, evocará el recuerdo de la grandeza de sus almas, de la abnegación de sus corazones, del fervor clarividente de su patriotismo”, dijo Alberto Lacabera en esa ceremonia.

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