Contra la corriente: tienen 12 años y siguen jugando con bebotes y autitos

La mayoría de los chicos se despiden de los juguetes desde los 7 años. Delfina y Morena no se avergüenzan de jugar con muñecas.

18 Ago 2019 Por Lucía Lozano
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MUCHO JUEGO POR DELANTE. Delfina y Morena quieren divertirse con las muñecas varios años más; y no les importa que sus amigas se burlen.

Antes de ir al colegio, Delfina y Morena agarran sus bebotes, los acomodan sobre la cama y los despiden con un beso. “Volvemos en un rato”, les dicen, mientras los tapan con una manta de aguayo. Los muñecos están vestidos con la misma ropa que ellas usaron cuando eran bebés. Todos los días los sacan a pasear en una calesita, les dan la mamadera y les cambian los pañales.

A simple vista a nadie le sorprendería esta escena. Salvo porque las dos protagonistas tienen 12 años. Y son una especie de “bichos raros” dentro de la generación z: hoy los chicos de hoy les dicen adiós a los juguetes a partir de los 7 u 8 años. A esa edad, ya prefieren recibir tecnología de regalo.

“Tengo compañeras que se ríen porque sigo jugando con muñecas. Pero a mí eso no me molesta porque yo soy muy feliz cuando juego”, dice Morena, con una seguridad sorprendente. A diferencia de la gran mayoría de sus amigas, para este “Día del Niño” ella pidió que le regalen más accesorios para su bebote favorito, un morocho de ojos verdes llamado Benjamín.

La bebota preferida de Delfina se llama Guillermina. También ama jugar con las Barbies y con todo tipo de muñecas. Junto a su prima arman largas historias de madres, doctoras y maestras. Así pasan horas en la casa de su abuela Teresa.

La mamá de Morena es consciente de que su hija y su sobrina son especies en “peligro de extinción”. Está orgullosa de que las niñas, que están a punto de entrar en la adolescencia, se relacionen más con las muñecas que con la tecnología. “Con los juguetes, los chicos tienen más creatividad”, dice Ana Monetti Fierro, que también es mamá de Malena (8) y Pedro (6). Para Ana, el secreto de que todavía juegen mucho es que los chicos pasan bastante tiempo con los abuelos. Y en la casa de ellos no hay computadoras ni televisores modernos.

A Thomás Carrizo (12) tampoco le importan las burlas. Para él, no hay nada más divertido que jugar con los autitos. Como tiene hermanos más chicos, pasa largos ratos con ellos armando carreras con ellos.

Si hasta fines de los ‘80 era común ver a nenas de 12 años jugando con las muñecas o cocinando en la casita; ahora a los 8 ya quieren un celular. Los varones, desde los 6 o 7 se enganchan más con la playstation que con los autitos o los muñecos.

El mundo cambió

¿Por qué Delfina, Morena y Thomás son hoy excepciones entre los chicos? El mundo cambió bastante en los últimos años. Con el desembarco de la tecnología, los juguetes tradicionales perdieron mercado en la infancia y se concentran en los más chiquitos. La mayoría de los juguetes que se vendieron para hoy, que se celebra el Día del Niño, tiene como destinatarios a menores de 5 años, según explican en la Asociación Argentina de Empresas de Juguetes y Afines (Aadeja)

Según los jugueteros a partir de los 7 años los juguetes pierden atractivo para la mayoría de los chicos. Y hasta los 9 años es la edad límite que la mayoría de los chicos recibe este tipo de regalos, comenta Darío Mermelstein, presidente de Aadeja.

El acortamiento de la edad de los juguetes no significa que se vendan menos estos artículos, destaca Mermelstein. Lo que ocurre es que ahora el mercado ofrece más opciones para los más pequeños. En las jugueterías, las estanterías en las cuales se exponen entretenimientos para la primera infancia (menores de tres años) son más grandes. “Hoy se trabaja mucho con el juguete didáctico educativo-creativo”, explica.

No obstante, la industria sigue intentando captar la franja de los chicos mayores de 7 años. ¿Cómo? Ofreciendo juegos de mesa más activos, rompecabezas y muchos entretenimientos para realizar al aire libre, ya que hay un boom en este sentido, detalla el empresario.

“Hoy algunos padres están empezando a tomar conciencia de que los chicos no pueden pasar todo el día con las pantallas. El mayor problema está relacionado con la creatividad. La tecnología ofrece todo armado para que el usuario siga instrucciones preestablecidas. La diferencia con un juguete es que este da infinitas posibilidades de relacionarse con él y crear situaciones”, señala.

El regalo del abuelo

“Quiero que deje el teléfono por un rato. Tiene algún juguete que haga pensar a mi nieto”. La frase la escuchan con frecuencia los empleados de las jugueterías tucumanas. “Los abuelos son los que más insisten en que los niños de más de ocho años deben seguir usando juguetes. Buscan cosas atractivas, que puedan competir con las pantallas”, resalta Gisela Juárez, de Giro Didáctico. Para esa edad, no hay tantas opciones como para los más chiquitos. Sin embargo, destaca que los más pedidos son los microscopios digitales y los juegos de mesas o los de ciencia.

Otra cosa que se nota tras los mostradores es que hoy hay una vuelta al juguete didáctico y que con estos artículos los padres ya no hacen tantas diferencias entre los que son para chicas y para chicos, comenta Soledad Cárdenas, de otra juguetería céntrica. “La cosa está clara: dejan antes las muñecas y los autos porque hoy los niños crecen antes. Además, la tecnología les quita toda capacidad de sorpresa”, opina. Por eso, según ella, los padres prefieren las novedades a los juguetes tradicionales, que de seguro terminarán pasando más tiempo en los estantes que en las manos de los chicos.

> Nueva generación
¿Cómo son los chicos de hoy?

Pertenecen a la conocida generación Z (personas nacidas a partir de 1995). En su mayoría son hijos de la llamada generación X. A diferencia de sus padres, son nativos digitales puros. Los chicos tuvieron contacto con el celular de sus padres desde el primer año de vida y el 60% tuvo su primer móvil antes de los 12 años. Nacieron con el acceso a internet y pasan muchas horas en contacto con la tecnología (tres horas o más por día). En ellos, también llamados centennials, la atención realizando una actividad se reduce a ocho segundos.

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