“Si nuestra autoestima no es alta, necesitamos hijos muy perfectos”

La psicóloga Martichu Seitún hablará en Tucumán sobre las emociones en la crianza.

IMPORTANTE. La mirada enamorada de los padres es vital, dice Seitún.
IMPORTANTE. La mirada enamorada de los padres es vital, dice Seitún.
Por Florencia Bringas 04 Agosto 2019

Es considerada una de las gurús de crianza de los argentinos y hay muchas razones: porque dice de manera sencilla y contundente lo que no sabemos, nos despierta, nos hace repensar lo que hacemos y viaja por todo el país para hablar sobre temáticas actuales y polémicas. “Si nuestra autoestima no es alta y dependemos de nuestros hijos para subirla, se nos va a complicar porque vamos a necesitarlos muy perfectos y eso ¡es imposible!”. Así explica Maritchu Seitún, uno de los grandes desafíos históricos: superar la lucha permanente de no cargar a los hijos con las frustraciones propias.

La psicóloga y autora de “Criar hijos confiados, motivados y seguros”, previamente a sus charlas en Tucumán (serán el viernes, a las 15, en el Jockey Club y en el colegio Pablo Apóstol, a las 19.30), habló con LA GACETA sobre las temáticas que compartirá con padres y profesionales: “Emociones y Autoestima en la crianza de nuestros hijos” y “Capacitación emocional para profesionales” (las entradas se venden en Libro de Oro, Corrientes 532, y en Latam Travel, avenida Aconquija 2122. Podés encontrar más información en estas cuentas: @especialmamablog y @tiendida).

- ¿Por qué la crianza entra en conflicto con las emociones?

- Nunca nos imaginamos todo lo que íbamos a sentir con nuestros hijos, no sólo amor, ternura, deseos de cuidar, sino también cansancio, por momentos enojo o desilusión. Tendemos a culparlos por lo que sentimos y eso complica mucho las cosas. Por otro lado, cuando propongo ayudar a los chicos a conectar con lo que sienten, no podemos hacerlo si nosotros adultos no estamos conectados con lo que sentimos. Por ejemplo: si yo no soy “amiga” de mis celos, ¿cómo voy a acompañar y sostener los de mis hijos?

- ¿Cómo es un chico con baja autoestima y qué le afecta más?

- No tiene confianza en sí mismo ni en el mundo, no se tiene fe y tolera cualquier trato, porque no se siente merecedor. Le cuesta defenderse, se arma un círculo vicioso, porque no se anima a intentar y entonces no logra lo que él confirma que no sabe y no vale. Durante los primeros años les afecta primordialmente la mirada de sus padres. Por eso hablo de la importancia de la mirada enamorada de los padres, que construye autoestima. Luego empiezan a influir otros adultos y los amigos. Pero cuanto más se construya en la primera infancia, menos va a dejarse afectar por lo que digan otros. Atentan contra la autoestima la crítica, los juicios, las burlas, las humillaciones, la desilusión explícita, las culpabilizaciones…

- ¿Cómo podemos entrenarnos para entenderlos?

- Parándonos quince segundos en sus zapatos todo puede entenderse y ponerse en palabras, aunque eso no significa decir que sí. Comprendemos emociones, pensamientos y deseos pero regulamos conductas y palabras. Todo se puede sentir, desear, pensar, pero no pueden hacer siempre lo que quieren ni decir lo que se les ocurre.

- ¿Cómo suelen expresarse en momentos turbulentos?

- Los chicos son más impulsivos por falta de madurez y de integración. Lleva muchos años que logren responder desde su cerebro integrado, y para eso necesitan padres no impulsivos y que respondan desde su cerebro integrado, que no pegan ni gritan todo el tiempo, que comprenden y delimitan.

Resulta casi imposible no hablar con Maritchu de temáticas preocupantes, como el bullying . Y en esa materia, resalta y explica la importancia de la agresividad sana: “Los chicos se pelean, siempre lo hicieron. Se convierte en bullying cuando se abusa de la fuerza, del poder o del número para molestar a alguien que no puede defenderse. La tarea de los padres es conectar a su hijos con lo que llamo agresividad sana, el buen enojo, que puedan pelearse entre hermanos, que puedan decirnos que no a veces, que sientan derecho a protestar… Cuando los sobreprotegemos les estamos diciendo: vos no podés. Un niño que no se conecta con su buen enojo no puede defenderse, por más que se lo propongan los padres. En cambio, cuando les damos derecho a enojarse, solitos van encontrando el camino”.

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