Entre un puente dudoso, naturaleza y muchos problemas, así viven los vecinos de El Corte

Desde hace años, los pobladores reniegan de la falta de infraestructura. Les piden a los gobernantes que trabajen para ello.

19 Jul 2019 Por Soledad Nucci
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LOS VECINOS. Reclaman a las autoridades que encuentren un equilibrio entre la preservación de la naturaleza y la urbanización de la zona. LA GACETA / FOTOS DE ANTONIO FERRONI.-

• “La otra vez le dije a mi hija: vos que vas a la facultad, bajame la basura. ‘Ay mamá, voy con libros. ¡Cómo querés que cargue basura! Además, voy a llegar con olor’”. Cuando cuenta ese episodio familiar, Cristina Acosta lo hace con humor. Pero parece preocupada. Desde el sábado pasado, día en que se cayó un terraplén del puente sobre el río Muerto, en El Corte, ella y todos los residentes se quedaron sin recolección de residuos. Aunque lo que más le preocupa es el gas, porque su garrafa se está acabando y tampoco pasa la camioneta del vendedor de cilindros. Ni pasa el colectivo. Ni el vendedor de agua envasada. Ni cualquier otra cosa que no sea un auto liviano. Eso ha dejado a los vecinos casi aislados. Y ha desnudado una arista de la vida en esa comarca pedemontana: la falta de infraestructura. “El asunto del puente nos apretará, cada vez más, el cuello”, dice.

La señora Acosta no está sola en su inquietud. La acompañan otras personas. Todas se declaran felices de vivir aquí. ¿Cómo no habrían de estarlo? Son las nueve de la mañana, el cielo se muestra sin una nube y las calles se prodigan en árboles. Pero a todas las abruman las mismas cosas: los puentes que no tienen; el gas natural que no tienen; el agua potable que no tienen; la seguridad que no tienen, la canalización de las aguas de lluvias que no tienen y el transporte público que no tienen.

• “Me despierto con el canto de los pájaros y con el sonido del río que pasa por detrás de mi casa. Me encanta esta vida. Abro la ventana y veo tucanes, corzuelas y urracas. Respiro la primera brisa de la mañana y el último rocío de la noche. Pero se necesita infraestructura”, afirma Sofía Paz Posse. La mitad de sus 51 años los ha vivido en El Corte. Sus hijos han crecido aquí. No se iría por nada. Ha hallado su lugar en el mundo. Pero pide agua al menos. Que no le corten el agua. Que los gobernantes entiendan que el acceso al agua potable es un derecho universal, y se lo garanticen.

Falta de agua

En 2016, en los terrenos del Hogar Agrícola San Agustín, funcionarios de los gobiernos local, provincial y nacional inauguraron un sistema de mejoramiento de distribución del agua potable en El Corte. Esto trajo alivio a unos 1.200 habitantes de la zona. Se trataba de unas 200 conexiones domiciliarias. Pero no ha habido otras obras. Quienes viven en El Paraíso, como se conoce el sector que rodea la comisaría y como es el caso de Sofía, siguen padeciendo la esterilidad de sus grifos, especialmente en verano. “El agua que recibimos viene de una toma chiquita. Es un arroyito”, grafica Ramiro Juliá.

Dice Gloria Araujo que el agua, a veces, no sirve ni para lavarse el pelo. Agrega que parece mentira que la comisaría de El Corte tenga tres oficiales y una sola moto para cuidarlos a ellos y a los habitantes de San Javier, La Sala y Raco (“todos deseamos que se incremente el personal policial”). Hace un tiempo, Gloria entró a su casa y la estaban esperando: no eran amigos, sino delincuentes. La maniataron y golpearon.

Antes, cuando iba a las oficinas que la Sociedad Aguas del Tucumán (SAT) tiene en Bascary y Frías Silva, Yerba Buena, a Celina Medina le pedían nombre, número de documento y código de usuario. Ahora, la ven llegar y simplemente sacan un anotador: “¿diga, dónde está la pérdida?”, le preguntan. Celina forma parte de la comisión vecinal, y es la encargada de hacer los reclamos por las cañerías que sobrevuelan y salpican agua a borbotones en medio de las calles. Sobrevuelan, de modo literal. Porque en El Corte, cada vez que llueve fuerte las calles se vuelven brazos del río Muerto. Y una vez pasado el aguacero, quedan peladas: ni ripio, ni tierra ni nada. Varios centímetros más abajo de la línea de la vereda y con las cañerías desnudas y a la vista.

TRÁNSITO RESTRINGIDO. Sigue habilitada sólo media calzada en El Corte.

Sin transporte

Ezequiel Guerra es pianista. Estudia en el instituto Superior de Música de la UNT. También es ciego y camina por las cortadas (porque por la ruta es peligroso) para llegar a la parada. El lunes tiene clases. Pero no tiene colectivos. “Si no hay servicio, tendré que bajar caminando hasta la rotonda de la avenida Aconquija”, cuenta.

Desde la caída del terraplén, la línea 118, que brinda un servicio que llega a la comisaría, ha dejado de circular debido a la prohibición de paso. Pero los usuarios ni siquiera cuentan con un trasbordo.

Lisandro Argiró, secretario de Gobierno municipal, responde que, de no obtener respuestas, intimarán a la empresa prestadora del servicio. De hecho, el jueves le enviaron una nota en la que le requerían explicaciones sobre la suspensión.

Zona roja

El Corte se encuentra dentro de la llamada unidad ambiental cinco, y de la zona roja de la Teoría del Semáforo. Así lo establece el Código de Ordenamiento Urbano yerbabuenense.

Ese conjunto de normas explica que esa unidad ambiental es la “madre de todas las unidades ambientales”, porque debe preservar el ecosistema de la ciudad. Y que en la zona roja la densificación potencial no debe superar los 65 habitantes por hectárea, ya que es un área de PELIGRO (así ha sido escrito en el Código, con mayúsculas).

Para asegurar esa densidad, los terrenos tienen que medir, como mínimo, 20 metros de frente por 40 metros de fondo, con una superficie no menor de 800 metros cuadrados. Actualmente y desde 2015, se supone que se encuentra vigente una ordenanza que prohíbe los grandes emprendimientos inmobiliarios en el pedemonte.

El chileno Miguel Ángel Corbalán no sabe si esa ley está siendo respetada. Lo que sí sabe es que el desmonte tierras arriba es el causante de que en la vereda de su casa, en la calle Sarmiento, se amontonen tantas piedras del río Muerto, como las que se encuentran adentro del lecho. “Cada vez que llueve, esto es una furia”, describe.

> Necesidades más urgentes
- Agua potable para todos.
- Mantenimiento de las calles, aun más en verano.
- Canalización de las aguas de lluvias.
- Seguridad e incremento del personal policial.
- Transporte público eficiente y gas natural.
- Una o más conexiones entre este y oeste.

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