POR LOS AIRES. Jacinto Roldán (derecha) consagrado como uno de los máximos ídolos “santos”, en su época de futbolista. la gaceta / ARCHIVO

Históricamente San Martín fue protagonista en cada torneo en el que participó. Pero para lograrlo casi siempre necesitó “comprar”. Todos los años se repite la misma historia: puñados y puñados de refuerzos llegan y se van de La Ciudadela. Pero el club sólo los ve pasar. De un tiempo a esta parte, en Bolívar y Pellegrini parecen haber olvidado lo que significa vender a un futbolista. Hay que remontarse a 1985 para ver que un jugador “santo” es adquirido por otra institución. Pero lo que ahora es algo muy esporádico, en otros tiempos parecía algo habitual.
Las décadas del 50 y 60 fueron “gloriosas” para San Martín en lo que a ventas se refiere. En aquellos años, el “Santo” vendía y vendía. En 1953, colocó al defensor Raúl Hernández en River. Por esa operación, a las arcas de Bolívar y Pellegrini ingresaron U$S 212.000 (cifra actualizada a la cotización de hoy). “Tucu”, uno de esos centrales de buen pie que siempre salían jugando y que rara vez lanzaba la pelota al aire, se coronó tricampeón con “La Banda” (1955, 1956 y 1957).
Guillermo César Reynoso, un número cinco exquisito que en esa misma década deleitaba a los hinchas “santos” fue el blanco apuntado por San Lorenzo en 1957. Los dirigentes de Boedo pagaron para quedarse con su pase U$S 216.000. Allí, “Pucho” jugó varias temporadas y fue uno de los titulares inamovibles del equipo que logró el título en 1959.
A principios de los 60, San Martín vivió el momento económico de mayor esplendor. En el 61 el goleador Juan Carlos Carol fue vendido por U$S 282.000, dejando la marca histórica de 147 goles con la camiseta “santa”. Dos años más tarde, Luis Urueña también fue transferido a Cerro de Uruguay por U$S 219.000.
Las ventas siguieron viento en popa durante los años posteriores. En 1964, Roberto Karanicolas llevó su fútbol a Vélez a cambio de U$S 648.000. El salteño, de porte físico y pegada envidiable, tuvo una buena primera temporada en el “Fortín”, pero fue opacado por el surgimiento de Carlos Bianchi. De acuerdo con lo que apunta Roberto Albornoz, historiador “santo”, con el dinero que recaudó la institución en los primeros cuatro años de la década del sesenta, pudo adquirir un terreno de 23 hectáreas en Cebil Redondo, lo que es en estos días el complejo “Natalio Mirkin”.
LA GACETA / ARCHIVO
En 1982, San Martín realizó la venta más importante de toda su historia. Jacinto Eusebio Roldán, uno de los mejores jugadores que pasearon su fútbol por La Ciudadela, fue adquirido por Deportes Tolima de Colombia. Esa operación, le dejó al “Santo” la para nada despreciable suma de U$S 596.000. En esa misma negociación, San Martín también cedió el pase de Roque Ricardo Martínez, el gran socio que tenía el “Maestro”, a cambio de U$S 320.000. Así, la dupla de ataque implacable del “santo”, llevó sus goles a tierras “cafetera”.
La última venta importante que realizó San Martín fue en 1985. En ese año, Daniel Humberto Gutiérrez pasó a Vélez. Desde Liners pagaron por el “Coya” U$S 310.000.
De ahí en adelante el “Santo” casi no vendió. Está claro que debe retomar ese rumbo cuanto antes.
Punto de vista
El sueño trunco de ganar
Jacinto Roldán
Entrenador de la Cuarta de San Martín
En aquel tiempo nos reuníamos a tomar un café en el centro, o a cenar con don Natalio Mirkin, y debatíamos. Nos desvelaba la idea de entregarle un campeonato de AFA al club. Cuando mejor estábamos para darnos ese lujo (logramos incluso el segundo puesto en el grupo D del Nacional de 1982), me vendieron a Colombia y luego Roque Martínez se fue a Tolima. Y ese sueño de todos quedó trunco.







