Una aventura pensada para crecer

Pixar despide a los entrañables personajes de su primer gran éxito, que inauguró en 1995 la era de la animación por computación en cine.

20 Jun 2019
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UN DÚO INIMITABLE. Buzz Lightyear y Woody son infaltables en cada entrega de “Toy Story”, que llega a su fin.

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DIRECCIÓN:
Josh Cooley. ORIGEN: Estados Unidos.
GÉNERO: animación por computación. AÑO: 2019.
GUIÓN: Stephany Folsom. DURACIÓN: 100 minutos.
CALIFICACIÓN: apta para todo público, con doblaje al castellano o subtítulos según los horarios de función.

Al igual que la infancia, “Toy Story” llega a su fin. El cuarto y último capítulo de la saga iniciada en 1995, que lanzó al estrellado a los estudios Pixar (luego comprados por Disney en una operación extraordinaria de U$S 7.400 millones, ya amortizados), llenará de nostalgia a quienes crecieron con el Sheriff Woody, con el astronauta Buzz Lightyear y con decenas de otros juguetes que están vivos y vuelven a la pantalla, como el cerdo Jam, el dinosaurio Rex, Cara de Papa, Barbie y el trío de extraterrestre, entre otros. Reaparece la bella pastorcita de porcelana Bo Peep y se presentan nuevos: Forky, Gabby Gabby, Duke Caboom, Giggle McDimples y Ducky y Bunny.

Pero así como Andy maduró (e hizo madurar a los espectadores) en “Toy Story 3” al regalarle sus muñecos a Bonnie, antes de abandonar su casa ir a la universidad, este cierre de la historia empuja a su séquito de fanáticos de todas las edades (las referencias a filmes famosos para adultos vuelven a estar presentes) a entregar la posta a nuevas aventuras con otros personajes.

Pixar (innovador en la animación por computación hace un cuarto de siglo) entrega una película que sirve tanto para verse en forma autónoma para los novatos como en continuidad con las precedentes para los padres que llevaban a sus hijos al cine y ahora podrán hacerlo con sus nietos. El tiempo pasa para todos y hay que saber aprovecharlo. No por casualidad se programan funciones nocturnas y en trasnoche, con las voces originales de Tom Hanks, Tim Allen, Joan Cusack, Patricia Arquette y muchas estrellas más, que no están pensadas para un público infantil.

Un indicio contundente de la nueva etapa que se abrirá al cerrarse “Toy Story” está dado por el director del filme final: Josh Cooley tenía apenas 15 años cuando estrenaron la película original y creció con ella y sus secuelas hasta tomar el testigo e iniciar su propio ciclo.

El guión mezcla diversión con romance, y ya se instala a esta producción como un futuro clásico. La historia parte cuando Bonnie lleva a todos sus juguetes a su excursión y se desencadena la aventura que les permitirá comprobar cuán grande puede ser el mundo exterior. Algo de eso hay en el discurso de la propia Pixar.

Nuevamente, hay comedia, drama, emoción, mensaje y reflexión encerrados en un producto animado, que excede el divertimento llano y apunta a construir universos de discurso. Y una idea de la sucesión de las etapas de la vida (incluida la paternidad) que refiere a lo que es esta producción: todo final implica el comienzo de algo.

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