Vestidos políticamente correctos

3

Germán Alfaro fue el más clásico y elegante del debate de anoche. Con un vestido tejido en escala de grises, Pecci fue la más informal. Mario Leito se distinguió con el corte de saco solapa slim de smoking. Juan Luis Pérez se destacó por sus zapatos punta cuadrada color suela.

Potenciar la apariencia es una habilidad que puede ser autogestionada o delegada, pero nunca salteada. Por Gonzalo Beceda - @dequemevisto

16 May 2019

Es momento de sacarle la punta al lápiz, una vez más, acomodarse los anteojos y adentrarnos en la complejidad visual y estilística con la que nuestros candidatos para la Intendencia de la capital tucumana se presentaron anoche en Panorama Tucumano: Germán Alfaro (Vamos Tucumán), Mario Leito (Frente Justicialista), Nadima Pecci (Fuerza Republicana) y Juan Luis Pérez (Hacemos Tucumán).

¿Podría estar alineada la forma en la que se vistieron los postulantes con lo que prometan en relación a su mandato? ¿Hay un mensaje a decodificar en un par de zapatos sucios, en una corbata verde o en un broche corbatero de oro durante un debate de figuras públicas? La respuesta es sí. Hay una intención y un recado a la comunidad en toda esta composición. La imagen es una gran aliada también para mostrar respeto y compromiso a la audiencia.

En la forma de seleccionar los colores, las telas y los cortes reflejamos gran parte de nuestra personalidad: se puede apreciar el buen gusto, la provocación o la elegancia; reflejamos cuán clásicos somos y cómo aggiornamos la ropa según nuestra edad.  

No hay buenas o malas formas de vestirse; sí las hay correctas. No nos olvidemos que la ropa es una poderosa arma de seducción, de persuasión, de VOT SI - VOT NO. Si somos estratégicos, podemos lograr el efecto deseado.

¿Por qué nuestros candidatos eligieron el color azul? La respuesta puede ser esta: porque es la más fácil de combinar, la segura y por lo tanto, la que no falla. La figurita repetida es Germán Alfaro, el candidato más longevo (como Bernardo Racedo Aragón la semana pasada) fue el más clásico y elegante de la velada. El único que llevó corbata, una seda angosta azul noche perfectamente engamada con su traje corte recto color azul “recién comprado”. El actual intendente capitalino también fue el que lució los detalles más ostentosos: un prendedor de corbata color oro, un reloj pulsera de gran porte y zapatos negros charolados, brillantes como el agua que borbotea de las veredas tucumanas, sin cesar. Muchos ítems “recién inaugurados” nos guiñan el ojo, nos hacen ruido teniendo en cuenta el estado, dramáticamente antagónico en el que está sumida nuestra #SMT. También está claro que Germán es el candidato más vanidoso, se muestra tan impoluto, como azulado y se pierde en elogios a sí mismo, sonriéndose, mientras ve su reflejo en la pantalla.

Germán Alfaro fue el único que lució una corbata.

De quien no se esperaba menos, pero sí más, es de Mario Leito, presidente en uso de licencia de Atlético Tucumán. Fútbol y moda siempre fueron de la mano; el gremio del balompié es el más fashionista por estas latitudes, y por otras más lejanas también. Leito transgredió el debate, con frases explosivas y con un saco ligeramente texturado con botones a contratono. Su melena brilló al son de las cámaras y del gel que usó para peinarse, un must en el mundo de quienes dirigen los botines. El elemento que marcó la modernidad  fue el  corte de saco solapa slim de smoking, otro guiño que refrescó la noche.

Hablemos de Nadima Pecci. Su look pasó tan desapercibido como ella. Un vestido -aparentemente- tejido en escala de grises, medias negras y plataformas gamuzadas nos aportaron suficiente información para concluir en que el dresscode de Pecci fue el más informal, con estilo aburrido e incluso fuera de timing: demasiado invernal y  senil teniendo en cuenta sus 37 años.  Dos detalles que dejaron de manifiesto su postura ideológica: un pañuelo celeste anudado a su muñeca derecha, rezando por las dos vidas, y una cruz que resaltaba entre la austeridad cromática de la candidata de FR. La mujer de los estrados fue la única que acudió a la simbología religiosa para dejar en claro su postura radical; casi sin maquillaje y con el pelo suelto, se paró detrás del estrado cruzada de brazos como esperando algo… que en realidad nunca pasó.

Para asistir a un debate político como funcionario público,  no deberíamos resignar la percha, pase lo que pase, los ojos, hasta de los más desinteresados harán foco y se explicarán a sí mismos, con  más o menos tecnicismos, si aprueban o no a estos candidatos. Potenciar la apariencia es una habilidad que puede ser autogestionada o delegada, pero nunca salteada.

Nadima Pecci llevó el simbólico pañuelo celeste de defensa de las dos vidas.

¿Se fijaron que Nadima y Juan Luis fueron los que menos participaron y al mismo tiempo quienes menos arriesgaron en sus dresscodes? ¿Es casualidad?  

El look de Juan Luis Pérez fue una crónica anunciada del silencio, nada que destacar más que sus zapatos punta cuadrada color suela, bien combinados con ese azul decantado en la sastrería, pero lejos de inspirar, se veía vetusto. ¿Será que el ex jugador de básquet se quedó sin tiros? Nos hubiese encantado un triple del candidato alperovichista.

La vestimenta es un recurso discursivo poderoso, la forma en la que nos vestimos es una evidencia palpable de cómo nos paramos ante el otro. En el caso de los personajes públicos, especialmente en los políticos, utilizan la vestimenta, no para expresar su personalidad, sino para proyectar la imagen que su público o su electorado quieren percibir. Una maniobra de la cual no todos salen ilesos. Se los firmo.

Comentarios