Un embajador avizora un acuerdo con países europeos

Schellenberg dijo que está avanzada la negociación entre el Mercosur, y Suiza, Islandia, Noruega y Liechtenstein.

21 Feb 2019
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EN LA GACETA. El gerente general Pochat y el embajador Schellenberg. la gaceta / foto de Antonio Ferroni

Al suizo Heinrich Schellenberg se le concedió un deseo: ser embajador en un país hispanohablante. Con esa ilusión forjada en una familia con lazos españoles y mexicanos llegó a la Argentina a finales de 2018. En su primera visita a esta provincia y a LA GACETA, el diplomático dijo que para su país la economía “cuenta mucho” y que, por ello, la prioridad es la negociación de un tratado de libre comercio. Ese entendimiento involucra al bloque regional que integra Argentina y a los cuatro países (Suiza, Noruega, Islandia y Liechtenstein) que formaron la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA, por su sigla en inglés). “Estamos muy avanzados. Las conversaciones marchan más rápido que con la Unión Europea, pese a que empezamos más tarde”, observó en una entrevista en castellano con José Pochat, gerente general del diario.

En presencia de sus anfitriones en esta ciudad, José Guillermo Godoy y Pablo Giménez, directivos de la Fundación Federalismo y Libertad, el embajador recordó que los entendimientos llevan tiempo, pero que vale la pena el esfuerzo si al final del camino hay un consenso donde todos ceden para ganar. El diplomático comentó que un aspecto de análisis es el funcionamiento del Estado de derecho. “Quien invierte en un país quiere asegurarse de que esa inversión será respetada”, definió Schellenberg, quien ayer disertó en el ciclo “Diálogo Federal” organizado por la ONG mencionada. Luego, el embajador tenía previsto encontrarse con el gobernador Juan Manzur; el intendente Germán Alfaro; José García, rector de la Universidad Nacional de Tucumán; empresarios y miembros de la colectividad suiza establecida en la provincia.

Oriundo de un cantón con lengua germana, Schellenberg explicó que los inversores extranjeros también estudian la calidad de los trabajadores y la intensidad de la burocracia. Respecto de este último aspecto, especificó: “se trata de cuestiones prácticas relacionadas con el sector privado. Si es fácil o difícil abrir una empresa; dar de alta una cuenta bancaria; contratar servicios y hacer trámites en general. Cuanto menor sea la burocracia, más fácil resulta el establecimiento de una inversión porque la burocracia lo que hace es ralentizar y obstaculizar todo, y, por ende, encarece el proyecto”.

El embajador conoce los efectos nocivos de las trabas burocráticas y las barreras arancelarias por la propia historia de su país. Schellenberg recordó este miércoles que Suiza recién despegó cuando los distintos cantones dejaron de gravar la circulación de bienes y servicios. “Antes cada cantón era un país casi independiente: convenía hacer el transporte por Alemania y Francia antes que atravesar el territorio helvético. En 1847 hubo una guerra civil y, tras 300 muertos, ganaron los sectores más avanzados (protestantes) que querían crear la confederación para acabar con este régimen tan fragmentado. Hasta ese momento nuestro país era relativamente pobre y aislado: por eso muchos vinieron a la Argentina. Pero cuando Suiza eliminó las trabas, comenzó el desarrollo económico”, relató.

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