Otra espera para guardar

Los hinchas “cirujas” no pudieron alentar en la cancha, pero sí en la concentración.

02 Dic 2018
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CAMINO AL TRIUNFO. Marcos Figueroa, Emiliano Purita, Matías García y Rodrigo Moreira hacen fila para subir al ómnibus. Los hinchas alentaban cantando: “esta tarde, cueste lo que cueste, tenemos que ganar”. la gaceta / fotos de josé nuno

El día estuvo ungido por el status-quo de “el primer clásico tucumano en Primera”. Por eso es que en la jornada todos los que forman parte del mundo fútbol vivieron una que otra situación poco frecuente por la fiesta propuesta en el clásico entre San Martín y Atlético.

En un par de ocasiones el simpatizante “ciruja” custodió la salida de su equipo hacia un partido trascendental. Pero la vigilia en el mediodía del sábado tenía un gusto distinto. Mejor que el de aquellas veces en que la espera para apoyar era para ascender. “Es algo que veníamos esperando hace muchos años y en especial él”, comentó un hincha. Con su mirada ilusionada, el hombre apuntaba a su hijo adolescente.

Como él, muchos otros, también más chicos y otros más grandes delatados por las canas, estiraban sus manos a través de las vallas de contención. “Quería saludar al plantel y darles ánimo”, dijeron varios que no corrían riesgos. Sí, hubo osados que rozaron el límite de la responsabilidad. “Me arriesgué a llegar tarde al trabajo. Vengo por ‘Maxi’ (Martínez) que es de Alderetes y va a poner todo lo que tiene para ganar”, aseguró con entusiasmo un joven.

Sólo algunos llegaron a tocar las manos de quienes con sus pies les regalaron uno de los triunfos más inolvidables de la historia de San Martín. En casa más de uno pudo jactarse que estuvo en la puerta del hotel donde concentraba el equipo y decir que Luciano Pons anotó porque hizo, por lo menos, contacto visual con él. O que Alberto Costa levantó el pulgar hacia dónde uno estaba, como una premonición de gol. En fin, mucho para recordar y, sobre todo, para disfrutar.

Mientras el plantel subía al micro que los trasladó hasta El Monumental, Roberto Sagra, presidente de San Martín, ponía en claro lo que se iba a buscar. “Nuestro objetivo es salir de la zona de descenso”, fue taxativo. Pero, claro estaba, que sólo se podía lograr de una forma. “Para eso tenemos que ganar”, sentenció. La incómoda situación de San Martín, precisamente, era más trascendental que la victoria ante el archirrival. Suficiente motivación, según el directivo, para que sus jugadores quieran el triunfo. “No les hace falta un premio especial”, respondió cuando se le pidió opinión sobre el trascendido de que los jugadores de Atlético iban a recibir un premio en dinero en caso de marcar un gol.

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