El suplicio de las espinas

08 Nov 2018

Aseguran los filósofos que los vínculos humanos se tejen con una fibra mucho menos noble de lo que nos gustaría imaginar. El gran pensador alemán Arthur Schopenhauer (1788-1860), por ejemplo, no sólo analizó hasta la exasperación los alcances de la “voluntad de vivir”, sino que también exploró las posibilidades filosóficas de la parábola. Una de sus más conocidas -y ampliamente debatida- es la llamada “El dilema del erizo”, escrita en 1851 en su libro “Parerga y Paralipómena: escritos filosóficos menores”. Curiosamente, esta parábola no sólo tiene un profundo mensaje existencial, sino que -salvando las distancias- puede ser aplicada a otras ciencias, como la psicología, la política y, aún mejor, la economía. Veamos de qué se trata este singular relato. “En un día muy frío -narra Schopenhauer-, dos erizos se encuentran y sienten simultáneamente la necesidad de calor. Para satisfacer esa necesidad buscan la cercanía corporal del otro, pero cuanto más se acercan más dolor les causan las púas del cuerpo ajeno. No obstante, al alejarse aumenta la sensación de frío, por lo que ambos erizos deben ir acomodándose hasta alcanzar una distancia óptima, en la que no se hacen demasiado daño y tampoco se mueren de frío”.

La idea central de este insólito texto es muy simple: cuanto más cercana es la relación entre dos seres, mayor es la posibilidad de hacerse daño mutuamente. En cambio, cuanto más distantes se encuentran, existen menos posibilidades de que esa desgracia suceda. El dilema podría dividirse entonces entre aquellos que son capaces de morir de amor (por exceso de cercanía), o bajo las crudezas sociales, es decir, en la más absoluta soledad. Sigmund Freud usó esta parábola para explicar el porqué del aislamiento del hombre ante la adversidad, prefiriendo huir a fin de no lastimar ni ser lastimado. Traducido en términos económicos, podríamos decir que ambos extremos son igualmente trágicos: un ajuste global (como está implementando impiadosamente el Gobierno de Mauricio Macri) puede provocar tanto daño como una falta de contención del gasto público.

Pero existe una tercera lectura que se superpone a las anteriores, y que acaso sea la que Schopenhauer imaginó inicialmente. Podemos aventurar que estos erizos del filósofo alemán no son espíritus utópicos. No buscan morir ensartados, ni tampoco congelados. Y por eso eligen acomodarse lo mejor posible a las circunstancias. En otras palabras, ninguno de los dos soporta la lejanía extrema, pero tampoco una aproximación absoluta: buscan la distancia más soportable. Y lo mismo puede decirse de los sujetos de la economía: los ciudadanos. Lo que se espera es que la mera existencia diaria sea lo más soportable posible. Ni tanto, como en el capitalismo feroz; ni tan poco, como en el populismo mal entendido. Simplemente un punto de equilibrio; “el justo medio” del que hablaba Aristóteles. Y, en el caso de la economía argentina ¿qué significa ese justo medio? Según los analistas, simplemente implica llegar a un equilibrio entre el ajuste y el gasto. El Gobierno ya ha anunciado que el ahorro seguirá por el lado de los impuestos, pero está claro que no se puede crecer con semejante presión tributaria. La cuerda que se tensa al extremo termina cortándose. Por el contrario, si prima de nuevo el gasto desmedido, la historia tendrá un final igualmente triste. El dilema oficial pasa entonces por aplicar un ahorro -necesario y urgente-, sin que la sociedad sufra consecuencias más dolorosas. De lo contrario, podría provocar un descontento que seguramente impactará de lleno en las elecciones de 2019. Durante el primer semestre de este año, por ejemplo, se generaron 800.000 nuevos pobres en el país y la FAO acaba de confirmar que la Argentina es uno de los tres países de la región (los otros son Venezuela y Bolivia) donde más aumentó el hambre. Así las cosas, la mayoría de los economistas cree que el escenario más probable para 2019 es una recuperación acotada del PBI, con una importante desaceleración de la inflación. Esto claramente implica una mejora de la performance económica de cara al año electoral, pero no significa crecimiento genuino. Volviendo a la fábula de Schopenhauer, en la Argentina los erizos podrán subsistir siempre que el Estado consiga llegar a ese delicado equilibrio entre el control del gasto y las inversiones. Porque, como se sabe, el justo medio atenúa el dolor de las espinas.

Comentarios