Con chancho, empanadas y pizzetas festejaron el centenario de la escuela de Los Pereyra

La fiesta tuvo un coro de niños, el poeta del pueblo, y la banda de música. “Queremos poblar las aulas”, dijo la directora en su discurso.

08 Sep 2018

Carnearon seis chanchos y prepararon más de 1.600 empanadas en dos hornos de barro. Sabían que iban a llegar más de 400 personas para el festejo del centenario de la escuela. Por esa razón, los preparativos empezaron dos meses antes con la organización de rifas y ferias para recaudar fondos. La idea era que no faltara comida, música, poesía, y el folclore del pueblo. Y todo salió como estaba previsto.

La escuela 225 de Los Pereyra, en el departamento Cruz Alta, celebró, el jueves, los 100 años con una gran fiesta. Los chicos corrían de un lado a otro levantado polvareda en el patio, mientras en el escenario sonaba una chacarera y las gallinas picoteaban migajas cerca del horno de barro. En la cocina, Luis Aragón supervisaba el menú para los invitados. Junto a Juan Zerda y Esteban Cajal controlaban las porciones de cerdo para que nadie se quedara sin probar el menú campestre. Bajo el sol del mediodía, el poeta del pueblo, René Alderete esperaba su turno para subir a escena.

DESPUÉS DEL ALMUERZO. Los chicos esperaban cortar la torta.

Las mesas, adornadas con mantel blanco y bordó, fueron dispuestas una al lado de la otra bajo un enorme gazebo para resguardar a la gente del sol. En el patio central, bajo un techo de zinc, un presentador anunció al poeta del pueblo, que fue alumno de la escuela, en los tiempos en que estaba en el viejo edificio, ubicado a unos 300 metros de distancia. René se fue a vivir a Buenos Aires, pero esta semana no quiso perderse la fiesta y volvió al pago. Emocionado, frente al micrófono, hizo un homenaje a Don Atahualpa Yupanqui. “El caballo tira pa’ lante y el alma tira pa’ atrás; así me pasó a mi cuando me fui del pago, porque esta escuela ha sido mi otra casa, donde aprendí el respeto -dijo-, los números y las letras”.

AL HORNO. Esteban, Juan y Luis se encargaron de la cocción del menú. la gaceta / fotos de franco vera

La banda de música de la Municipalidad de Banda del Río Salí le daba color a la fiesta y dos cadetes uniformados de la escuela de Policía le dieron solemnidad al acto oficial. En 1994, la vieja escuela estuvo a punto de ser desalojada. En aquel tiempo, Pedro Pérez, un hombre nacido y criado en Los Pereyra, donó una hectárea de sus tierras para que se construyera un nuevo edificio, que es el actual emplazamiento. En agradecimiento, a don Pérez le dedicaron un busto en el patio central. En la fiesta estaba Diego Domingo Pérez, “Tito”, uno de los hijos del donante de los terrenos.

Los Pereyra es un paraje ubicado en el Este tucumano, a la vera de la ruta provincial 327, a una hora de distancia de San Miguel de Tucumán. Esta rodeado de cultivos de caña y de trigo, que predominan al costado de una ancha ruta sin asfalto. Cada vez que pasa un auto se levanta una polvareda en el camino queda una estela de tierra suspendida en el aire.

De estreno

Por el festejo del centenario, la escuela inauguró un museo que rememora los inicios del ciclo educativo. Además, la Dirección de Construcciones Escolares habilitó un nuevo sector de baños para los alumnos del establecimiento. En los límites del terreno, a la sombra de una arboleda, una docena de caballos, pastaba a la esperaba de sus jinetes, que degustaban la carne de cerdo, sin apuro, en la mesa con otros comensales.

Los mozos eran siete, vestidos con uniformes negro y blanco. Habían llegado desde Ranchillos para prestar servicio en la comida. Mirta Pastrana, directora de la escuela, vive en la capital tucumana; todos los días hace el recorrido en ómnibus. Fue una anfitriona orgullosa del festejo escolar. “Queremos seguir poblando las aulas, seguir creciendo, capacitándonos, innovando para preparar a los niños que van a ser el futuro del país”, resaltó.

Hay chicos recorren diariamente seis kilómetros para llegar a la escuela. Algunos lo hacen a pie, otros utilizan una bicicleta y los días de lluvia son intransitables los caminos. A la ceremonia también invitaron a la legisladora Gladys Medina, que fue docente en esa escuela. “Cuando tuve que renunciar a mi cargo docente, por mi carrera me fui con alguna lágrima, porque aquí hay vocación docente y me siento una perereña con mucho orgullo”, remarcó.

Un coro de niños esperaba su turno para salir a escena, mientras Josefa Zerda, repartía las bandejas con el menú. Ella cursó hasta sexto grado. “En esa época nos mandaban a trabajar en la zafra, porque había muchas necesidades”, recordó. “Pepa” entró a trabajar en la escuela en 1979 y nunca más dejó su rol. “Me gusta estar siempre ayudando a la gente”, dijo.

Ángel Lizarraga fue alumno de la vieja escuela. Después fue a Buenos Aires y consiguió trabajo en un astillero. Allí trabajó en el armado del submarino ARA San Juan. Tampoco quiso perderse la fiesta. “Para mí es un orgullo volver a mi pueblo”, resaltó.

Era una siesta sin viento, cuando soplaron las velitas en cuatro tortas dispuestas sobre la mesa. Desde el vicegobernador Osvaldo Jaldo, pasando por el ministro de Educación, Juan Pablo Lichtmajer, hasta la directora de la escuela Mirta Pastrana, docentes y alumnos se acercaron a “apagar las velitas”, mientras la banda de música entonaba el Feliz Cumpleaños.

> Historia  
Lichtmajer elogió el museo de la escuela  

“En este museo, que juntos organizamos y creamos, está retratada mucha de la historia de la escuela, pero cuando uno mira para atrás es para aprender del esfuerzo y de los valores -dijo Juan Pablo Lichtmajer, ministro de Educación-; el primer valor es el trabajo, en cada objeto que hay allí, en cada recuerdo que hay allí está la historia de crecimiento de la escuela”, agregó. El ministro resaltó la figura de Pedro Pérez, el vecino que donó los terrenos para la construcción del nuevo edificio.

> Lugareña  
“Aquí me quedo para siempre”
 
Tiene 58 años. Fue a la escuela 225 hasta sexto grado. Después, la enviaron a trabajar en la zafra. En 1979 entró a trabajar en la escuela. “Siempre me van a ver parada ahí esperando que alguien necesite algo para aparecer y resolver”, dijo Josefa Zerda. “A Los Pereyra no lo cambio por nada -resaltó-, mi hermano se fue a Buenos Aires y cuenta que extraña mucho; yo aquí me quedo para siempre”, afirmó. “Pepa” va de la cocina al patio y del patio a la cocina buscando cómo ayudar.

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