Guerras civiles partidarias

05 Sep 2018

La congoja generalizada por la debacle económica se evidencia en los rostros, en los portones cerrados de fábricas y en los carteles de “se alquila” de comercios vacíos. Incertidumbre y desconfianza son las palabras de moda. Con la segunda se entretienen los inversores locales y extranjeros. Aducen que es poco claro el mensaje de la administración de Mauricio Macri en cuanto al plan económico, a su idea de gobierno, a su garantía de que no entrará en default y -lo más importante- a su posibilidad real de permanecer en el poder.

Respecto de la incertidumbre, los que la sufren son los ciudadanos más de “a pie”, porque para una mayoría social silenciosa y trabajadora esa sensación no es una cuestión de fe, simpatía u odio hacia el Gobierno nacional: quiere saber qué va a pasar. Su nudo en la garganta es porque desconoce cómo se desarrollarán los hechos, si la devaluación se profundizará, si la inflación se desbocará, si perderá su trabajo, si su poder adquisitivo se desmoronará del todo, si podrá enfrentar las deudas que ya contrajo, si los servicios e impuestos subirán aún más. En definitiva, si podrá mantener su día a día o si deberá lidiar con lo que ya soportaron de niños, jóvenes o adultos en otra época de la historia argentina. Porque los que habitan en este país no son adictos al dólar ni se obsesionan con su cotización por alguna hipnótica y estúpida razón. La divisa es codiciada porque para muchos termina siendo el único resguardo ante derrumbes imprevistos de la sorpresiva -y sorprendente- Argentina y para otros es el mejor termómetro sobre lo que vendrá: si sube mucho, el bolsillo se enflaquece en el acto.

El ensayado, actuado, tibio y poco efectivo discurso de Mauricio Macri poco sirvió para aventar los fantasmas. Más bien fue efectivo para confirmar que el Presidente está dispuesto a todo con tal de defender a su jefe de Gabinete. Aún por encima de la República. Cambiemos yerra en el diagnóstico, en la ejecución y en la comunicación. Como escribió ayer en Twitter la investigadora y escritora Adriana Amado: “no se puede comunicar bien lo que se gobierna mal”.

En ese tránsito de desaciertos las repercusiones rápidamente llegaron a Tucumán. En lo económico, el oficialismo puso el grito en el cielo por el recorte de fondos. Ya no sólo se quedó sin la entrada del dinero de la soja que distribuía la Nación, sino que también deberá buscar la forma de subsidiar el transporte. El ministro Nicolás Dujovne anunció que ya no pagarán por ello. Serían unos $ 2.000 millones que debería encargarse de pagar Tucumán. El argumento nacional es que las provincias tienen superávit, mientras que la Nación posee un déficit que necesita bajar a cero. Sin embargo, los gobernadores peronistas añaden una lectura a la meramente económica, la de la política. Entienden que en la búsqueda del equilibrio fiscal, el Gobierno nacional también podría estar restando recursos a las provincias para “hacer política”. El Fondo Soja, los excedentes, las transferencias de libre disponibilidad y los saldos positivos suelen ser utilizados para financiar las campañas electorales. Si eso se corta, ¿cómo pagarán la disputa del año próximo?

Por ello no es sólo económico el golpe de las medidas nacionales. Incidirá en el proselitismo y en el reacomodamiento de las fuerzas en disputa.

Como ya se dijo en esta columna, el debilitamiento de Cambiemos Tucumán de la mano de la mala performance nacional le abre el juego de la división al oficialismo comarcano. La posible guerra civil en el oficialismo pone nerviosos a los que creen en esa liturgia. A los que observan como utópica la posible candidatura de Alperovich, la confirmación de su presencia en el campo de batalla los encontrará con la guardia baja y desprotegidos.

Lo único que gana Cambiemos es silencio y preocupación. La alianza radical con el macrismo se transformó en potente dolor de cabeza, que alimenta la interna tucumana. Los que siempre advirtieron que era mala idea ir con Macri ahora recuerdan su oposición a aquel acuerdo para tratar de arrebatarle el poder al oficialismo de la UCR en la interna. Ni para adentro ni para afuera son tiempos sencillos. Ya yo no se observan afiches de nadie. Ninguno quiere asomar su rostro, ese que supieron ligar al del Presidente, en estos, sus momentos más críticos.

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