Espionaje, sexo y armas: la historia de la agente rusa que tiene nervioso a EE.UU.

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LA ESPÍA QUE VINO DEL FRÍO. Butina tenía un alto perfil en redes sociales, donde publicaba fotos con armas.

María Butina estableció vínculos con republicanos influyentes, gracias a la Asociación Nacional del Rifle, que apoyó a Trump en 2016. El caso parece un guión salido de la Guerra Fría.

23 Jul 2018

Can Merey | Agencia DPA

WASHINGTON, Estados Unidos.- El caso tiene todos los ingredientes de un thriller de espionaje, con sexo y armas incluidos: ¿Es la joven estudiante rusa Maria Butina una agente? El FBI está convencido de que sí.

La estudiante de 29 años. matriculada en la American University de Washington, está en prisión preventiva. El FBI cree que sus estudios eran una fachada para ocultar que formaba parte de una operación encubierta.

Los ánimos están agitados en Washington por la presunta interferencia rusa en la política estadounidense, y la supuesta agente Butina podría convertirse en el rostro de esa crisis.

Butina parece el sueño de todo amante de las armas (y no hay pocos en Estados Unidos), según las fotos que publicó en Internet. En una de las imágenes aparece arrodillada en la nieve, detrás de la caza del día, sonriente y con un rifle en la mano. En otra, posa vestida con un traje a lo James Bond, con una pistola, con un sombrero de cowboy y un fusil o haciendo prácticas de tiro.

Para Donald Trump, el caso llega en mal momento. El mandatario está bajo presión después de que, en la cumbre con Vladimir Putin en Helsinki cuestionó a sus propios servicios secretos al poner en duda la interferencia rusa en la campaña electoral de 2016.

Ante las críticas, Trump tuvo que desdecirse, aunque lo hizo a medias. Los servicios de inteligencia estadounidenses están convencidos de que hubo ciberataques rusos en la campaña electoral de 2016. Es más, el coordinador, Dan Coats, cree que hay “intentos permanentes, profundos, de socavar la democracia”.

El fiscal especial Robert Mueller acusó a 12 agentes del servicio secreto militar ruso GRU. Pero no es probable que vayan a comparecer ante una corte estadounidense, pues están en Rusia.

Butina, que no forma parte de las investigaciones de Mueller, tuvo menos suerte. El lunes, un día antes de la cumbre de Helsinki fue detenida y el martes se presentó acusación. El proceso fue rápido, dice el FBI, porque Butina ya tenía su mudanza preparada y había riesgo de fuga, por su conexión con el FSB, el servicio de seguridad nacional de Rusia.

Una trama complicada

La joven actuó por indicación de un alto funcionario del Gobierno ruso -sostiene el FBI- alguien del banco central que está en la lista de sancionados de Estados Unidos desde abril de 2018 y de quien Butina era “asistente especial”.

El FBI no da nombres, pero los medios creen que se trata de Alexander Torshin, secretario de Estado y vicejefe del banco central ruso. Una foto en Facebook de Butina, tomada en febrero de 2017 en Washington, la muestra acompañada de Torshin.

El FBI asegura, además, que la joven tuvo una relación con un estadounidense que le dobla la edad y al que identifica como “Persona 1”. El vínculo era un “aspecto necesario de sus actividades”. También afirma que “Butina le ofreció sexo a otro individuo, además de a la Persona 1, a cambio de una posición dentro de un grupo de presión”.

Los medios estadounidenses creen que la “Persona 1” podría ser un asesor de 56 años de los republicanos. El FBI estima que -a través de él- obtuvo acceso a “una amplia red” de contactos con estadounidenses influyentes y con “una organización de defensa de las armas”, es decir, la Asociación Nacional del Rifle (NRA), uno de los principales apoyos de Trump en las elecciones de 2016. “La NRA fue para Butina un trampolín al mundo de la política republicana”, escribe el “Washington Post”.

El FBI acusa a Butina de conspirar para hacer avanzar “los objetivos estratégicos a largo plazo de Moscú”. Entre estos objetivos está socavar la confianza en los procesos democráticos, debilitar la alianza del país con socios europeos y evitar las sanciones.

El caso Butina fue una conspiración coordinada a nivel internacional, que no era ningún secreto. “Hay innumerables fotos de Butina con destacados políticos estadounidenses y líderes de organizaciones conservadoras”, escribe el centro de investigación Soufan. “Tenía un increíble acceso a personalidades del poder político, sobre todo para una chica con visa de estudiante”.

Los hackers rusos acusados por Mueller intentaron borrar su rastro, pero Butina aparecía en actos conservadores, en lo que Soufan define como “una campaña de influencia público-encubierta”, lo que Rusia rechaza.

El Ministerio de Exteriores ruso cambió su imagen de Twitter por una foto de la mujer, con el hashtag #FreeMariaButina. “Montaron una farsa”, dijo el embajador ruso en Estados Unidos”.

“¿Así que Rusia no se entromete?”, ironizó el “Washington Post” en un mensaje dirigido a Trump después de que éste diera credibilidad a la proclamación de inocencia por parte de Putin. “Entonces explíquenos a María Butina.”

Tuvo contactos en los más altos niveles

La investigación del FBI reveló que María Butina tuvo contactos en Washington más amplios de lo que se creía. En 2015, estuvo en reuniones entre un funcionario ruso y dos altas autoridades de la Reserva Federal y del Departamento del Tesoro de Estados Unidos. Las reuniones, según el grupo de expertos que las organizó, involucraron a Stanley Fischer, vicepresidente de la Fed y Nathan Sheets, subsecretario del Tesoro para asuntos internacionales. Butina viajó a Estados Unidos en abril de 2015, con Alexander Torshin, vicegobernador del Banco Central de Rusia, y participaron en reuniones separadas con Fischer y Sheets. (Reuters)

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