La primera noticia de la insulina en Tucumán

23 Jul 2018
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NOTICIAS. Por su labor el equipo de Banting recibió el premio Nobel de Fisiología en 1923 (arriba) y fue primera plana en el diario de la ciudad donde se realizaron los descubrimientos. El investigador fue un héroe de guerra y murió en 1941 al caer el avión en el que iba cuando sobrevolaba Newfoundland, Terranova.

Manuel Riva | LA GACETA

Los tucumanos recibían la primera noticia sobre el descubrimiento de la insulina el 6 de enero de 1923 cuando nuestro diario publicaba la crónica sobre la investigación que se venía realizando en Canadá y que traería esperanza a los enfermos de diabetes para mejorar su vida. A partir de allí el tema recibió un seguimiento ya que el tratamiento generaba expectativa tanto entre el público como entre los médicos de aquellos años. Por ello cualquier información sobre el tema era publicada en nuestras páginas. En julio de 1923 bajo el título “De palpitante interés” se publicó una nota firmada por el doctor Edouard de Pomiane, un científico francés de origen polaco, que señalaba: “toda la prensa europea sigue con interés extremo los ensayos experimentados en el Canadá, relativos al tratamiento de la diabetes por un nuevo procedimiento llamado ‘la insulina’”.

La noticia en su bajada señalaba: “la insulina, un nuevo y ya célebre remedio contra la diabetes”. Los trabajos que se venían realizando en la universidad canadiense de Toronto dieron sus frutos el 27 de julio de 1921, cuando los científicos Frederick Grant Banting y Charles Best lograron aislar por primera vez en la historia la hormona insulina que segrega el páncreas. Por este descubrimiento le fue otorgado en 1923 el Premio Nobel de Fisiología y Medicina a Banting compartido con John James Richard Macleod, quien era director del laboratorio y apoyó la investigación. Cuando Banting recibió el premio por este descubrimiento, compartió con Best la mitad del dinero recibido en reconocimiento a su participación.

Volviendo a la crónica de Pomiane, que tras explicar que la diabetes se manifiesta por “alguna perturbación que viene acompañada por un aumento notable del azúcar en la sangre”, dejaba constancia de la utilidad de la glucosa como el “combustible del motor humano” y agregaba que “esta combustión es la fuente de nuestra energía y del calor que despedimos”. Luego pasó a explicar que nuestro organismo tiene un aparato regulador para el azúcar que “en estado normal, la regulación se hace bien, que en estado patológico no existe” por lo que “la cantidad de azúcar en la sangre excede la que debe ser consumida y el individuo se hace diabético”.

Ensayos en 1921

En agosto de 1921 los científicos canadienses administraron la insulina obtenida de los islotes de Langerhans a perros diabéticos comprobando que descendían los niveles de azúcar en sangre y orina, y desaparecían los síntomas típicos de la enfermedad. Repitieron varias veces los experimentos con resultados distintos, en función de la pureza de la insulina utilizada. La emplearon por vez primera en un muchacho diabético de 14 años, que mejoró su salud. Leonard Thomson se convirtió en el primer paciente de esa enfermedad, en ser tratado con insulina, que le fue administrada en el Toronto General Hospital.

La primera referencia de la enfermedad se encuentra en un papiro egipcio encontrado en Luxor por el arqueólogo George Ebers, fechado hacia el 1500 antes de Cristo. Recién en el siglo III a.C. se encuentra la primera descripción clara de la enfermedad a la que entonces se da el nombre de diabetes. Hacia mediados del primer milenio el sabio hindú Susruta describía una enfermedad que hacía “pegajosa” la orina del enfermo y atraía las hormigas. El médico árabe Avicena, hacia el 1000 de nuestra era, evaporó orina de una persona enferma y vio que dejaba residuos con sabor a miel. Hubo que esperar hasta el siglo XVII para poder explicar la razón de la orina dulce de los diabéticos. Y aún un par de siglos más hasta que realmente se progresara en el conocimiento de las causas y la naturaleza de la enfermedad. Las investigaciones sucesivas descubrieron que el páncreas era un órgano fundamental. En 1869 Paul Langerhans, un estudiante de medicina de Berlín, encontró los grupos de células en el páncreas. Estos más adelante fueron llamados los “Islotes de Langerhans”. Eduardo Laguesse, un médico francés, sugirió que puede ser que produzcan las secreciones que desempeñan un papel regulador en la digestión. Los orígenes del término insulina vienen de “Insel”, la palabra alemana para islote o pequeña isla.

Divulgador cientifico

Pomiane era un científico y profesor del instituto Pasteur de París, nació en 1875 y murió en 1964. Su fama trascendió Francia ya que se dedicó a la divulgación científica y fue famoso por sus actuaciones en radio con programas de cocina saludable. Además, publicó libros culinarios donde aplicaba sus conocimientos científicos a la gastronomía; el más famoso fue “Cuisine en dix minutes” (Cocinando en 10 minutos). En su nota en nuestro diario expresaba: “los fisiologistas canadienses dieron a conocer nuevos tratamientos y ofrecen nuevos horizontes para el tratamiento del diabético. Han observado que un extracto alcohólico de páncreas inyectado en un animal diabético hace desaparecer el azúcar de su sangre y por consecuencia de sus aguas (en referencia a la orina). Demuestran que el principio activo procede de ciertos islotes de células de la glándula (páncreas) y le dieron el nombre a este extracto de ‘l’insuline’”. Aunque era un tratamiento reciente ya se preveían las posibles hipoglucemias debidas a él, que al decir del divulgador: “la insulina es un arma de dos filos: una pequeñísima dosis destruye el exceso de azúcar en la sangre; pero basta aumentar esta dosis un poco para destruir todo el azúcar. Entonces la vida se hace imposible, y el sujeto no tarda en sucumbir”. Por esto planteaba que “la dosificación sea la correcta sin llegar a ser nociva. Y esto es absolutamente imposible, porque los fisiologistas ‘no han obtenido todavía la insulina pura’”. También destacaba: “la insulina no cura la diabetes, porque no ataca las causas de la enfermedad; pero si pudiese dosificarla, podría proporcionar gran alivio a los diabéticos y hacerles la vida fácil”.

El mismo Banting, que fue héroe por los servicios prestados como médico en Francia durante la Primera Guerra Mundial, también decía lo mismo: que no era una “cura” pero ayudaba a mejorar la vida de los enfermos. Pomiane cerraba su artículo: “con el auxilio de dos inyecciones por día podrían vivir como todo el mundo, sin régimen alimenticio especial, por el hecho mismo que el azúcar excesivo que envenena el organismo sería destruido a medida de su producción”.

“A pesar del enorme crecimiento de nuestra comprensión de la diabetes y sus complicaciones, somos todavía solo capaces de controlarla”, expresó Robert Ratner en 2015, científico y médico de la Asociación Americana de Diabetes. “Los próximos 50 años deben aclarar los mecanismos por los cuales tanto la diabetes tipo 1 como tipo 2 ocurren, junto con los pasos críticos en los que intervendríamos para prevenir enfermedades. Los tratamientos deben proporcionar un control óptimo de la glucosa y del metabolismo, sin el riesgo de la hipoglicemia, y las complicaciones de la diabetes deberían convertirse en memorias”.

Cabe destacar que Banting falleció en 1941 cuando el avión de la fuerza aérea canadiense, que lo llevaba a Inglaterra, se estrelló en Newfoundland, en la isla Terranova. Por entonces estaba investigando la acción de la gravedad en los pilotos y sus estudios desarrollaron los trajes antiG usados durante el resto de la Segunda Guerra.

La casa de Banting en Ontario

La Casa Banting se ubica en London, Ontario, Canadá. Es la casa donde Frederick Banting dice que se despertó a las dos de la mañana del 31 de octubre de 1920 con la idea que condujo al descubrimiento de la insulina. Banting vivió allí durante 10 meses, a partir de julio de 1920, e intentó una práctica médica privada antes de regresar a Toronto para iniciar su investigación sobre la insulina en la primavera de 1921. El museo está dedicado a su vida. La casa fue designada Sitio Histórico Nacional en 1997. El museo cuenta con exposiciones dedicadas a Banting como codescubridor de la insulina, médico, héroe de guerra, y artista. Entre los bienes que se exhiben están la cama donde se despertó con la idea histórica, numerosas medallas incluyendo una cruz Memorial, una réplica de su Premio Nobel, y una impresionante colección de obras de arte.

Tabletas antidiabéticas

El frasco de la izquierda era un medicamento elaborado por un laboratorio norteamericano de Indianápolis que era preparado a partir del extremo esplénico del páncreas. La presentación traía unas 100 cápsulas. Se habría utilizado desde fines del siglo XIX hasta los primeros años del siglo XX previo al uso medicinal de la insulina. En nuestra provincia se vendía un medicamento similar: las tabletas antidiabéticas Ferrari que se anunciaban como “el diabético desengañado y resignado a seguir sufriendo debe con un análisis conocer la proporción de azúcar que tiene antes de empezar el tratamiento con las tabletas y volver a analizar una semana después. Sólo así se convencerá de que sus males tiene fácil remedio. Pídase en las buenas farmacias”.

Remedios ante de la insulina

Lo que sigue es la explicación de cómo se tomaba este medicamento que se usaba antes del descubrimiento de la insulina. “Los adultos toman una cucharada de seis a ocho veces por día antes o después de las comidas. Esto se puede mezclar con una cantidad igual de agua o leche (caliente o fría). Los niños toman una cucharadita mezclada con leche tibia de seis a ocho veces por día. Es importante guardarlo en un lugar seguro y taparlo con corcho. Por favor agítelo antes de usar. Recomendaciones sobre la dieta para la diabetes. En la diabetes, el azúcar debe mantenerse fuera de la circulación, y los alimentos que pueden convertirse en azúcar no deben consumirse. Resultados garantizados. Warner’s Safe Diabetes Cure está garantizado por la Ley de Alimentos y Medicamentos el 30 de junio de 1906”. (Esta preparación sin receta se realizó entre 1906 y 1908 por Warner’s Safe Cure Company en Rochester, Nueva York.

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