El cultivo de cobertura es un aliado

Una herramienta para proteger suelo

14 Jul 2018
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NECESIDAD. El ingeniero Robledo justificó la realización de “refugios”.

“La ‘intensificación agrícola’ se define como el incremento de la cantidad de cultivos por unidad de área y tiempo. Se contrapone al concepto de ‘extensificación’, en donde la expansión de las fronteras agrícolas hacia zonas más frágiles ha provocado la degradación física, química y biológica de los suelos”, comentó Gonzalo Robledo, de la Sección Suelo y Nutrición de la Eeaoc.

En los últimos años la intensificación agrícola ha incorporado a los “cultivos de cobertura (CC)”, entre dos cultivos de verano, como parte del sistema productivo”, señaló Robledo.

Los CC se definen como “una cubierta vegetal viva que cubre el suelo de manera temporal, no tienen un valor comercial en sí mismos, pero agregan valor al siguiente cultivo, que es el de principal interés económico”.

“Su finalidad es contribuir en el aporte de materia orgánica y nutriente, disminuir la erosión hídrica y eólica, reducir la población de malezas y, en lo posible, conservar la humedad del suelo”.

En nuestra zona, por las características climáticas invierno-primaverales, la principal limitante para la implantación de un CC es la escasez de lluvias durante el invierno, dijo el especialista. Por lo tanto, “la estrategia para una exitosa implantación se basa en siembras tempranas, para aprovechar la humedad de suelo remanente de los cultivos de verano”. Las mismas pueden ser siembras al voleo, sobre el cultivo de verano en pie (soja o maíz); o bien, siembras en línea, una vez cosechado el cultivo estival (limitado a sojas de grupos cortos)”.

“Desde la campaña ‘13-’14, en la Subestación Monte Redondo y en lotes comerciales de la zona productora de granos de nuestra provincia, se evaluaron diferentes cultivos de cobertura y su incidencia en la sustentabilidad de nuestros sistemas productivos. Los CC disminuyeron los valores de densidad aparente de los suelos, mejorando la porosidad total y la infiltración de agua en los mismos”, señaló.

“Por otro lado, la utilización de una leguminosa como CC hizo un aporte de nitratos importante para el cultivo de verano siguiente (maíz). En promedio, a lo largo de todos estos años de evaluación, un rastrojo de leguminosa como CC aportó al sistema entre 22-25 kg/ha de “N” orgánico, por cada tonelada de materia seca producida. Mientras que el aporte de una gramínea fue de entre 12-15 kg/ha de “N” orgánico. En cuanto a la calidad de estos rastrojos, se puede decir que la leguminosa, por tener una relación C/N baja, es de rápida descomposición y deja disponible los nutrientes en el corto plazo, sucediendo lo contrario cuando se trata de un rastrojo de gramíneas”.

“La diferencia en los contenidos de humedad al final del ciclo invernal, entre CC y barbecho, son menores en años secos, y mayores en años húmedos. Las primeras lluvias de la campaña son más eficientes en lotes comerciales con antecesor CC, comparadas con el barbecho”. “En cuanto a los rendimientos de los cultivos de verano, en la soja no se observaron diferencias significativas según el antecesor, mientras que en el maíz se observaron mayores rendimientos en forma significativa, cuando el CC antecesor fue una leguminosa”, finalizó el profesional.

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