Qué pena, Colombia

El heroico empate conseguido sobre el final del tiempo reglamentario no alcanzó; Inglaterra lo eliminó por la vía de los penales.

04 Jul 2018
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LA ILUSIÓN ESTABA VIVA. Mina saltó más alto que sus rivales en el área de Inglaterra y marcó, de cabeza, el agónico 1 a 1. REUTERS

Carlos Bacca pasa corriendo rumbo al vestuario, a centímetros del palco de prensa. Pocas veces se ha visto llorar a un futbolista con tanto sentimiento. En los ojos de Bacca se dibuja un dolor profundo, de esos casi imposibles de conjurar. Sus compañeros se reparten por la cancha. Mateus Uribe se refugia en el banco de suplentes, quebrado. José Pekerman y Néstor Lorenzo se miran. “Cuchu” Cambiasso va de acá para allá, intentando consolar lo inconsolable. Colombia se aleja del Mundial como nadie quiere irse, por penales, después de una remontada heroica. Ha dejado el corazón, empujada por las decenas de miles puntitos amarillos que coparon las tribunas del Spartak. Qué pena, Colombia.

Los octavos de final eran de Inglaterra por culpa de un penal innecesario cometido por Carlos Sánchez y aprovechado por Harry Kane. Pero también a causa del planteo conservador de Pekerman, más preocupado por contener a los ingleses que por atacarlos. Ese fue, seguramente, el mayor pecado de Colombia: no confiar ciegamente en lo suyo, no pensar más en el arco adversario que en el propio. Cuando ese salto de calidad espiritual se concrete, con la categoría de futbolistas que tiene Colombia estará para mucho más.

Pero vamos a los últimos diez minutos. ¡Vamos!, reclamaba el “Tigre” Falcao. Era la hazaña o el retorno a casa con una deuda interna, la más difícil de pagar. Era la hazaña o resignarse a perder sin haberse jugado a fondo. Pekerman mandó a la cancha a los hombres de área que tenía en el banco -Bacca y Muriel-, pero el gol del empate lo hizo Yerri Mina con un cabezazo formidable. Fue una locura, en tiempo de descuento, con David Ospina mezclado entre los atacantes. Gracias, Mundial, por esta clase de espectáculos.

Kane hace todo bien e Inglaterra es un equipo serio, bien plantado, físicamente impecable. Pero no le pidan creatividad ni frescura. Hace correr la pelota y va al frente, pero de magia no tiene ni la paloma en la galera. Dominaba el partido y Colombia se lo empató con sangre caliente. Después, en el suplementario, fueron los ingleses los que más se acercaron al área, una vez que se sacudieron la sorpresa provocada por el 1 a 1. Pero esto estaba destinado a los penales. Antes, Wilmer Barrios estuvo a punto de hacerse expulsar por cabecear a Henderson en el pecho. Se salvó.

La atajada de Ospina fue el clímax colombiano en Rusia 2018, ese instante fugaz y pletórico que los animó a visualizarse entre los ocho mejores. Uribe rompió el hechizo sacudiendo el travesaño y después Pickford frustró a Bacca con un manotazo in extremis. Así se metieron los de Gareth Southgate en los cuartos de final para completar una llave de bajísimo vuelo; Rusia-Croacia y Suecia-Inglaterra. Salvo una catástrofe futbolística, el campeón viene por el otro lado.

Desconsolados

No le hablen de eso ni a Pekerman ni a sus hombres, almas en pena en la noche moscovita, personajes de Gogol perseguidos por alguna maldición. Lo tuvieron al alcance de la mano, con James Rodríguez -su estrella- fuera de combate debido a una lesión jamás se desanimaron ni se dieron por perdidos. Tal vez si hubieran respetado menos a los ingleses desde el arranque, tal vez… Qué pena, Colombia.

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