El movimiento reformista en Tucumán

18 Jun 2018

Manuel Riva - LA GACETA

La Reforma Universitaria es el resultado de la lucha de los estudiantes de las universidades argentinas y el proceso de democratización de la estructura de la educación superior. Córdoba fue el lugar donde los estudiantes, comenzaron a manifestar en 1918 los desacuerdos y el reclamo de cambios en la educación universitaria como: el ingreso, la libertad de cátedra, los cargos vitalicios, la educación laica.

En Tucumán

Los universitarios tucumanos adhirieron desde un principio y realizaron un mitin del que participaron tres representantes del movimiento cordobés que fueron Julio Molina, José Bulacio y Manuel Andreozzi. Nuestro cronista saludó su presencia y la del movimiento cordobés expresando que “ha repercutido en toda la República, teniendo el apoyo de todos los intelectuales argentinos, de la prensa y la colaboración de toda la juventud estudiosa”. Tras el encuentro en la biblioteca Alberdi los estudiantes marcharon por las calles céntricas hasta concluir en las escalinatas de la Casa de Gobierno. Sin embargo la marcha no pudo realizarse el primer día sino al siguiente debido a que no se había solicitado el permiso correspondiente con el tiempo suficiente. No obstante ello, un grupo de manifestantes se dirigieron hasta nuestro diario “cantando La Marsellesa y en la esquina de Las Heras (San Martín) y Laprida, el jefe de policía los invitó a que se condujeran con la mayor compostura”. Pese a ello, la muchachada siguió su marcha hasta el diario cantando. Fueron recibidos por los redactores a quienes les explicaron que tomaron la decisión de ir a la huelga. Tras ellos hicieron un mitin a las puertas de nuestro edificio. Al día siguiente fueron citados por la policía cuatro estudiantes por haber entonado la canción patria gala hecho que mereció una dura nota del diario bajo el título “La canción prohibida…”. Allí se decía que “esa citación débese muy especialmente al hecho de que los universitarios hayan entonado la Marsellesa” y defendía a los estudiantes diciendo que “aparte de que su actitud, está harto justificada por ese acervo espiritual que hemos señalado, la Constitución argentina amplia en su espíritu y generosa en la práctica, no prohíbe ni restringe siquiera el canto de los himnos extranjeros” y finalizaba diciendo que se podían entonar todas las canciones patrias “en este crisol de humanidad “ donde “estamos familiarizados con la palabra libertad”. Parece ser que estas palabras rindieron sus frutos ya que aquellos jóvenes no fueron, por este caso, a la sede policial.

Tras obtener el permiso se realizó la manifestación el 18 de junio. Al tiempo que gritaban “Viva la revolución universitaria de Córdoba” llegó un telegrama donde se expresaba que “Salve Tucumán. Tierra de libertad. Córdoba de pie os saluda, hermanos! Por la Patria adelante”. Tras su lectura los presentes aplaudieron fuertemente. Frente a Casa de Gobierno inició los discursos el estudiante de derecho Eduardo García Aráoz quien expresó que “animados por los propósitos más altruistas y guiados por el anhelo de mejoramiento común, los universitarios cordobeses, desertaron de los claustros que si bien es cierto tiene un pasado glorioso, en la hora presente viven completamente al margen del movimiento científico y cultural que realiza el mundo”. En sus palabras destacó que “las notas de la Marsellesa que coreamos –pese a la prohibición policial- sean el mejor augurio de la victoria que pronto alcanzarán nuestros hermanos de Córdoba”. Los alumnos del Colegio Nacional, fueron de la partida desde un principio, y en su nombre el alumno Fontana destacó el espíritu y esfuerzo de los universitarios cordobeses. Otro estudiante, ex delegado a la FUA de apellido Pasaponti expresó que “hoy arde Troya, -hoy Córdoba contempla sus bocacalles las barricadas revolucionarias- las tribunas que se levantan en todas partes y a toda hora, para proclamar bien alto, que los universitarios cordobeses han aquilatado todo el valor de su gesto, para proclamar bien alto que la sangre de nuestros compañeros, reclama justicia plena” y que “había que mantenerse firme en nuestros puestos en esta hora de prueba”. A su tiempo el doctor Manuel García Alurralde repasó la historia de la universidad cordobesa y exhortó a los jóvenes “a mantenerse consecuentes hasta que el ideal de los compañeros cordobeses recibiera la consagración del triunfo”. A continuación el estudiante de historia Héctor López hizo un paralelismo entre la revolución rusa y los hechos de Córdoba, “he aquí la justificación del símil concretando, dos grandes ideales de redención; social uno, cultural otro; dos grandes potencias para realizarlos; el proletario ruso uno, la juventud universitaria otra” y agregó que “Córdoba está siento víctima de los sacramentales cultores de la tradición de la Casa Universitaria; por cierto que cultores de tradición a su manera”. Además reconoció que en Tucumán repercutió “vigorosamente el anhelo de Córdoba, porque comprendimos que en definitiva la gran batalla que se libra en esa ciudad es por el nombre de la juventud universitaria argentina que acompaña ahora como hace un mes a los pioneros infatigables de la adaptación de la Universidad de Córdoba a las fórmulas del progreso moderno con una definitiva y rotunda separación de los regímenes religiosos”

La protesta estudiantil cordobesa recibía apoyos y nuestra crónica del día 21 expresaba que “con motivo de su gesto viril, numerosas adhesiones de Tucumán, no solo de los estudiantes sino también de varias asociaciones culturales y de personas de todas las creencias y filiaciones políticas”. Hasta los telegrafistas y empleados postales enviaron un telegrama que decía “vuestro viril gesto y el valiente paso dado hiriendo de muerte al prejuicio encarnecido, ha levantado los corazones de la juventud argentina que ansiosa espera recojáis vuestros merecidos laureles”. La misiva era firmada por el presidente del gremio, Humberto Carabajal y el secretario Setti Echeverri. Al día siguiente los estudiantes de la Escuela Nacional de Comercio se sumaron a la huelga y en su adhesión, enviada por nota a la Federación Universitaria, expresaban que “consideramos que la huelga decretada por los universitarios de Córdoba está encuadrada dentro de lo lógico, ya que ella ha sido el producto de las aspiraciones que abrigan los cerebros jóvenes y robustos y que por consiguiente debe ser siempre acompañada y respetada por todos los estudiantes de la República”. Los universitarios tucumanos junto con la FUA enviaron un telegrama al electo rector Antonio Nores diciéndole: “La juventud universitaria de Tucumán espera de su patriotismo decline el rectorado. Con ello habrá satisfecho los anhelos de la juventud argentina y probará ante la misma ser guardián del orden y cultura nacionales”.

La elección del rector

El movimiento reformista se venía gestando desde meses antes hasta que a mediados de junio la elección del nuevo rector hizo que el estudiantado se sublevara ante la elección de Nores ya que ellos apoyaron la candidatura de Enrique Martínez Paz. El relato de aquellos hechos, según nuestra crónica “resultó triunfante Nores con 23 votos y Martínez Paz 19” y agregaba que “los estudiantes comenzaron a hacer manifestaciones hostiles, provocando un gran escándalo, impidiendo la proclamación oficial del candidato”. Apenas 100 alumnos enviaron una carta de apoyo a Nores mientras el grueso de los casi 2000 universitarios que cursaban en la casa de Trejo, no. Más aún, los 45.000 estudiantes de las universidades del país por aquellos años “por intermedio de la Federación Universitaria Argentina mandaron su adhesión a la candidatura de Martínez Paz persona joven e inteligente y ajena a toda filiación política”.

Nuestro colega centenario criticó con dureza la posición del rector electo, Nores cuando dijo que “Estoy dispuesto a jugar mi vida y si debe quedar el tendal de cadáveres de los estudiantes, que quede, pero yo no renuncio”, al preguntarse “¿es cristiano, acaso, un hombre que prefiere ver correr la sangre de sus alumnos, antes que permitir el desbaratamiento de sus planes personales? Evidentemente no”. Y para apoyar las propuestas estudiantiles indicaba que “la Universidad de Córdoba perdería algo de su encanto prístino con las reformas, pero ganaría en cambio en autoridad con la incorporación de materias que no tiene que estar relegadas al olvido y con la abolición de sistemas o cosas absurdas, cuya existencia no tiene base en estos tiempos”.

Comentarios