Mundial de Rusia: por agua y tierra, la organización custodia al seleccionado

Un riguroso dispositivo se encarga de la seguridad de la delegación "albiceleste", que tiene 70 integrantes.

13 Jun 2018
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Agüero y Messi al final de la práctica. TÉLAM

Las amenazas recibidas mediante imágenes que recorrieron el mundo hicieron mella en las autoridades encargadas de la organización de la Copa Mundial Rusia 2018 y por eso tanto Lionel Messi en particular como el resto de la delegación argentina en general, son severamente custodiados.

Las fuerzas policiales locales cumplen con la custodia desde el lago periférico al predio de Bronnitsy como también dentro del mismo predio del Centro de Entrenamiento local, donde está concentrado el seleccionado argentino de fútbol.

En el lugar donde se alberga el conjunto nacional existe un lago frente al edificio, a escasos 50 metros, que sirve de pista de remo para los atletas de alto rendimiento que allí se entrenan y por estos días fueron "desalojados" del hospedaje del Centro tras la llegada de la nutrida delegación argentina, de 70 integrantes.

Pero además de la práctica de los remeros, ese espejo de agua es transitado discretamente por lanchas policiales que observan desde allí todos los movimientos que circundan el lugar, para que nada quede librado al azar, ni siquiera desde fuera de tierra firme.

Claro que las dudas siempre existen, y cuando en la tercera práctica de la selección en suelo ruso el periodista de Cablevisión Rosario, Claudio Gioglino, dejó olvidada su mochila cerca del lugar donde un grupo de hinchas se habían congregado a raíz del entrenamiento abierto al público que dispuso la organización, se encendieron todos los mecanismos de prevención.

En un instante más de 20 uniformados rodearon a la vieja mochila, y pusieron en marcha todos los protocolos de seguridad ante la posibilidad de que dentro de ella hubiera algún artefacto explosivo.

Cuando el experimentado periodista advirtió el olvido y volvió al lugar, tuvo que explicarles a los policías en cuestión, que no entendían absolutamente nada de español, ni de inglés (un obstáculo que se extiende a la mayoría de los habitantes con los que se cruzó Télam hasta ahora), ni de ninguna otra lengua que no fuera el ruso, que esa mochila era suya y solo contenía una computadora.

Los cabildeos demoraron la devolución del elemento durante casi media hora, hasta que finalmente Gioglino se reencontró con su compañera de viajes, aunque presumiendo que sus espaldas se iban del lugar con otra pesada carga: la de los insultos de los guardias de seguridad. Seguramente en ese momento habrá celebrado no entender nada de ruso. (Télam)



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