Qué es la neutralidad en internet y por qué preocupa que Trump la haya eliminado

El Gobierno de EE.UU. dio luz verde para que las empresas proveedoras discriminen entre los paquetes de datos. Qué pasa en Tucumán.

03 Jun 2018
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En el preciso momento en el que presionás enter para acceder a una página web o para elegir una serie en Netflix, ese “pedido” viaja por una tela de araña de conexiones hasta llegar al lugar indicado y, a los pocos segundos, esa información regresa a tu pantalla. Hagamos de cuenta de que internet es una red de autopistas y que los datos son vehículos que van de un lugar a otro, en principio libremente. Es decir, no hay nadie que controle qué tipos de vehículos pueden circular, ni por dónde. La red es lo suficientemente inteligente para buscar el mejor camino posible para los datos.

Es, más o menos, la idea de la “neutralidad en la red”: una premisa que indica que los administradores de esas autopistas (las compañías proveedoras del servicio de internet) deben tratar por igual todos los datos que circulan, con la menor interferencia posible, sin garantizar mejores rutas a unos que a otros. Muchos consideran que esa neutralidad, esa igualdad en el tratamiento de los datos, ha hecho de internet la obra de ingeniería más grande del mundo y la plataforma de acceso a la información más democrática de la historia. Pues bien, esa neutralidad comienza a ponerse en duda.

El gobierno de Donald Trump decidió cambiar las reglas del juego en Estados Unidos. A fines del año pasado firmó un decreto que entrará en vigencia el 11 de este mes y que habilita a las empresas proveedoras del servicio de internet a abrir y cerrar la canilla del flujo de información en sus redes según su conveniencia, principalmente comercial. De esta manera, los proveedores como AT&T podría trabar una alianza con Netflix, solo por citar un ejemplo, para que ese servicio tenga “prioridad de paso” en la autopista de la red. Eso, claro, en detrimento de todos los otros vehículos que circulan. La “no-neutralidad” de la red es, entonces, una suerte de tratado de libre comercio entre las empresas.

Para algunos será el fin de la internet. Para otros, puede ser incluso positivo si se tienen en cuenta algunos aspectos técnicos. Y en el medio hay un infinito de matices, siendo el más preocupante el de la censura: manejando los hilos de la información, las empresas e incluso los gobiernos pueden lograr que vos no accedás a ciertos contenidos y que tengás más facilidad para acceder a otros.

“Discriminación” técnica

En realidad, la neutralidad al 100% es un tanto utópica. Las redes sí asignan prioridades a ciertos paquetes de datos, pero no según el criterio de quién sea el emisor de los datos, sino según el tipo de contenido. Es lo que se conoce como QoS (quality of service, o calidad de servicio). Gabriel Monsalvo, propietario de una proveedora local de internet, lo explica mejor: “nosotros, por ejemplo, prestamos servicio de telefonía por internet. En una llamada sería muy incómodo que la comunicación se esté cortando todo el tiempo, al igual que con los videos. En cambio, para navegar por una página web, no hay tanto drama de esperar unos segundos más para que se termine de cargar la página completa. Entonces el router está programado para hacer QoS y detecta qué es video, qué es llamadas de voz y qué es navegación y le asigna prioridades. Es una priorización más bien técnica”, detalla el empresario.

Pero lo que se plantea en Estados Unidos va más allá de esa organización de las rutas por la que circula la información. Habilita a discriminar ciertos paquetes de datos en función de quién los envía, algo que en nuestro país está prohibido. Como contrapartida, la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos (FCC, por sus siglas en inglés) exigirá a los prestadores que hagan públicos los acuerdos comerciales con las empresas de contenidos, de forma que los usuarios sepan quién se asocia con quién y pueda elegir.

En Argentina la ley 27.078 establece que los prestadores de servicios no podrán bloquear, interferir, discriminar, entorpecer, degradar o restringir la utilización, envío, recepción, ofrecimiento o acceso a cualquier contenido, aplicación, servicio o protocolo, salvo orden judicial o expresa solicitud del usuario. Y tampoco fijar el precio de acceso a internet en virtud de los contenidos, servicios, protocolos o aplicaciones que vayan a ser utilizados u ofrecidos a través de los respectivos contratos. Esto último también es importante, porque de otro modo una empresa podría cobrarte un plus para acceder, por ejemplo, a Netflix, con la excusa de que ocupa un mayor ancho de banda.

Expectativa

Por lo pronto, lo que hay por estas playas es expectativa de ver cómo resulta este cambio en Estados Unidos. Algunos expertos de la industria sostienen que algo tiene que cambiar, porque internet como está planteada ahora puede dejar de ser sustentable en algún momento. ¿Por qué? Porque los grandes productores de contenido (Google, Netflix, Amazon, por citar algunos casos) no invierten en la gran infraestructura que es la red, aunque dependen 100% de ella. Eso lo hacen los prestadores. Por eso, la búsqueda de los gobiernos es, o deberá ser, equilibrar esa industria porque hoy por hoy las comunicaciones no son una variable secundaria en la sociedad. Son tan importantes como la red de gas.

Pablo Bollatti, de Telecom, habla de esa expectativa en la medida que impulsa el gigante del norte. “Habrá que ver cómo impacta acá, y si habría que hacer alguna adecuación. Mientras tanto, nosotros cumplimos con la ley argentina en función de la neutralidad de la red y todavía no se ha recibido notificación de ningún cambio”, señaló el vocero.

Para Monsalvo, el impacto difícilmente sea notorio o directo en nuestro país, porque el 70% del tráfico de internet es local. Es decir argentinos que acceden a servicios de internet que tienen sus servidores alojados en el país. Pero en algún momento el azaroso camino que siguen los datos que viajan en la autopista de internet puede llegar a una red estadounidense, y ahí habrá que ver qué sucede. Lo de Trump, entonces, es el primer capítulo de una novela que todavía no está escrita. ¿Será el fin de la internet tal y como la conocemos hasta ahora?

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