La preocupación de Sebastián

Muchas veces las conversaciones en los bares terminan dejando sobre la mesa la violencia y las contradicciones con las cuales se relacionan diferentes actores de la sociedad. El ejemplo de Cano y de Yedlin. Responsabilidades en la DAU.

25 Mar 2018 Por Federico Diego van Mameren
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Ayer Sebastián estaba especialmente lúcido. Se lo notaba enojado. Sebastián es temperamental, pero ayer aunque lo empujara no iba a reaccionar. Sebastián se sentía entre apesadumbrado y frustrado. “¿Sabés?, Estoy harto. Ya no soporto más. Estoy podrido de esta discusión de Kirchneristas-antikirchneristas. No puedo creer que a esta altura de la civilización, lo único que importa es una pelea sin solución. Esto no aporta nada”. Y, soltó todo. Dijo más cosas. Tomó el segundo café justo cuando se largó a llover casi torrencialmente al mediodía. Se levantó, saludó despacito sin importarle si lo había escuchado y se fue caminando bajo la lluvia. Tal vez con la ilusión de que el agua lo sacara de esa frustración.

Sebastián es un tucumano más. Es un tipo que piensa y respeta. De esos que uno admira y quiere aunque no tengan el título de amigo. Sebastián dice una verdad que muchos usan para pelearse y otros para justificar tantas cosas, pero que pareciera que a nadie le interesa cambiar.

No se trata de ganar. Tampoco de imponer. Menos aún de convencer. Sólo implica tolerar y aceptar que otro, un prójimo cualquiera puede pensar o ser distinto. Y, aún en esos casos se lo puede valorar.

A las rabietas y a la depresión de Sebastián se las llevarán la lluvia; la intolerancia y la violencia diaria quedarán en las alcantarillas, como la basura, para recordarnos nuestra incapacidad.

Dos firmas

Una de las noticias de esta semana fue ver que la firma de Cano y la de Yedlin fueron en un mismo papel. Las estamparon en un proyecto. En forma conjunta. Los dos diputados -junto a otros, claro está- estuvieron de acuerdo en definir a las vacunas como un bien social. No son dos diputados cualesquiera. Se trata de un gallego cabeza dura que suele aferrarse a sus ideas y que le cuesta muchas veces ceder. Y el otro es un médico, devenido hombre público al que le cuesta aceptar las críticas y por el contrario, cuando las escuchaba solía reaccionar con agresiones hacia a quién se las profería. Por eso, tal vez la firma de un proyecto donde los intereses personales se guardan en algún cajón para dar lugar al bien común, al interés de los tucumanos. Pablo Yedlin le propuso a José Cano que firmara este proyecto de ley sobre las vacunas y el radical estuvo de acuerdo. La idea del peronista es construir consensos y su archirival estuvo de acuerdo.

Seguramente estas actitudes van a servir para mejorar el ánimo y para esperanzar a Sebastián.

Gran debate

Si hay algo que le cuesta a la estructura del ex acuerdo para el bicentenario que se aglutina en el Cambiemos tucumano es juntarse. Durante los últimos años no habían podido encontrarse. Se desconocían. A veces se veían juntos en alguna foto que o era muy vieja o algún publicista había logrado unirlos gracias a la magia del photoshop. Pero en los últimos 15 días consiguieron sentarse alrededor de la mesa todos. La senadora Silvia Elías de Pérez, los diputados Beatriz Avila, José Cano y Facundo Garretón; los intendentes Germán Alfaro (Capital), Mariano Campero (Yerba Buena), Roberto Sánchez (Concepción) y Sebastián Salazar (Bella Vista). También estuvieron dirigentes del Pro y de otros partidos como Domingo Amaya, José Páez y la concejal Sandra Manzone.

Fue un gran partido de ajedrez. El tema de la convocatoria fue la reforma política que ya puso en agenda el gobierno provincial. Sin embargo, el debate de fondo fue otro. Se midieron. Se miraron. Discutieron. No importaron las palabras. No hubo ganadores ni vencidos, aún cuando unos salieron más contentos que otros. Cada intervención se hizo mirando a lo ojos a alguien, pero intentando que le entrara por los oídos a otros, determinados interlocutores. Alrededor de la mesa que se puso en el altillo del hotel Howard Johnson de Yerba Buena había demasiados intereses. Cuatro políticos que sienten que puede tener cabida su ilusión de ser gobernador (Elías de Pérez, Cano, Amaya y Alfaro) y también estaba la representante de Alfonso Prat Gay (Manzone), el quinto o el cuarto (Alfaro sabe, que, por ahora, el espacio es grande para su peronismo disidente), en discordia.

Prat Gay esta semana volvió a hacer señas para que nadie se olvide de él. Dijo que iba a tener algunas actividades académicas.

El ex ministro de Economía tiene un enemigo en la Casa Rosada. Nada menos que el gran pulpo Marcos Peña. El jefe de Gabinete no lo puede ni ver a Prat Gay. Su pensamiento es “si ya nos lo sacamos de encima, porque darle vida otra vez”. Por eso fogonea y aprueba cualquier movimiento de Cano. Sin embargo, en Buenos Aires muchos escucharon cuando el presidente Mauricio Macri, sin levantar el tono y sin castigar a nadie, dijo “si quiere jugar, déjenlo jugar”. Las mismas palabras habría dicho el titular del radicalismo a nivel nacional Alfredo Cornejo. Por eso, Prat Gay no cede, sigue mandando mensajes y mirando Tucumán desde lejos, desde una distancia que no alcanza si verdaderamente sueña con el sillón de Lucas Córdoba.

Así van a ser las reuniones de Cambiemos: cargada de intereses y de tensiones. Se prolongarán hasta marzo de 2019, por lo menos. Entonces, hablarán las encuestas o las internas lograran instalarlas. Por eso este 2018 será el año de la instalación. No obstante, la madurez política y la preocupación por los Sebastián que andan por ahí dando vueltas bajo la lluvia, los obliga a seguir sentándose para limar asperezas y para lograr consensos, único camino que los puede llevar a una discusión real por el poder contra un peronismo casi invencible desde 1983 a la fecha.

Un duro acuerdo

A mediados de abril, dentro de menos de un mes, en el palacio de Justicia comenzará otro juicio trascendental. Hasta ahora el foco de atención fue saber qué pasó con la muerte de Paulina Lebbos. Cosa difícil cuando muchos testigos prefieren decir “no sé”, en lugar de “sé esto o aquello”.

En la marquesina de abril figura lo que podría ser el primer juicio de corrupción en Tucumán. En el banquillo de los acusados estará Miguel Brito, ex titular de la Dirección de Arquitectura y Urbanismo de la provincia.

Alertados por la gravedad de este hecho que la mayoría de los ministros y funcionarios actuales soslaya porque prefiere olvidar los hechos a sentir que algo sabían y nunca levantaron la voz como ocurrió con las desaguisados del Instituto de la Vivienda, los vocales del Tribunal de Cuentas de la provincia elaboraron el acuerdo 748.

En ese expediente, el 9 de marzo pasado, los vocales Miguel Chaibén Terraf, Marcelo Vidal y Sergio Díaz Ricci, decidieron profundizar la investigación sobre lo que ocurrió en la DAU durante la gestión de Brito. Por eso ampliaron un juicio de responsabilidad para revisar lo que hicieron Roberto Bianchi, Lidia Figueroa, José Amín, Julio Barrientos, José Romero, Luis Roldán y Fernando Bernardo. Todos responsables de realizar tareas en la DAU que durante el alperovichismo fue degradada por los escándalos.

Más de lo mismo

En el Instituto de la Vivienda viven los peores días. Lamentablemente, sigue estando en el centro de la escena el recuerdo del fallecido ex interventor Gustavo Durán.

Mientras, a menudo afloran casos de irregularidades, los dimes y diretes se cuelan por cada intersticio del edificio. Y, como no podía ser de otra manera ya aparecen dos bandos. Están los cómodos que no dudan en responsabilizar a Durán de lo que pasa, pero también están aquellos que afirman: antes habían hechos vergonzantes pero se hacía algo, ahora está todo paralizado. En esa discusión se trenzan empleados probos y trabajadores cómplices de la corrupción y no faltan los anónimos que circulan recordando -con dolor y preocupación- a una mutual que facilitaba la compra en comercios y que no habría cumplido los pagos y ahora empezaron a llegar embargos a los empleados.

Los problemas del IPV no son una ayuda para sembrar ilusiones en Sebastián.

Dificultades

El 24 de marzo de 1976 se rompió definitivamente la sociedad argentina. Se discute la historia. Se pelea por los orígenes de esta ruptura. Se agrede por las razones. Se insulta por los argumentos. Se critica por las miradas. Se niega al otro por sus pensamientos. Se ignora a quien ve diferente. Se confirma que tener una mirada de izquierda o de derecha no permite construir una verdad irrefutable. Por eso se tiran con muertos, se defienden mostrando quien tiene más o menos dolor.

La sociedad se relaciona defendiéndose de su prójimo no con su vecino. Estamos en contra de alguien y no con alguien. Nos levantamos pensando que los interlocutores que no piensan como uno son enemigos y no compañeros de cruzada.

Ayer Sebastián decía que estaba podrido porque su país -y especialmente Tucumán- no parece poder construir libremente y estos hechos le dan la razón.

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San Miguel de Tucumán
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