El síndrome Hoover *

Trump creía que despedir a Comey (el entonces Director del FBI) lo convertiría en un héroe

18 Mar 2018

POR MICHAEL WOLFF

Durante las siguientes 48 horas él discutió su decisión con varios amigos. La razón era simple: se había enfrentado al FBI. Demostró que estaba dispuesto a asumir el poder del Estado. El fuera del sistema contra el sistema. Después de todo, era por eso que él había sido elegido. De cierta forma, él tenía razón. Una de las razones por las que los presidentes no despiden al director del FBI es que temen las consecuencias. Es el síndrome Hoover: cualquier presidente puede ser rehén de lo que el FBI sabe, y un presidente que trata al FBI con algo menos que deferencia lo hace bajo su responsabilidad. Pero este presidente se había enfrentado a los federales. Un hombre contra el poder irresponsable que la izquierda había criticado durante mucho tiempo. “Todo el mundo debería apoyarme”, dijo el presidente a sus amigos, cada vez más lastimeramente. Aquí había otro atributo peculiar de Trump: la incapacidad de ver sus acciones como la mayoría de las demás personas las veían. O apreciar completamente cómo las personas esperaban que él se comportara. La noción de la presidencia como un concepto institucional y político, con énfasis en lo ritual y en el mensaje semiótico -el arte de gobernar- estaba bastante más allá de sus posibilidades. Dentro del gobierno, la respuesta al despido de Comey fue una especie de revulsión burocrática. Bannon había tratado de explicarle a Trump la naturaleza esencial de los funcionarios gubernamentales de carrera, las personas cuya zona de confort estaba en su asociación con las organizaciones hegemónicas y en su sentido del deber: eran diferentes, muy diferentes, de aquellos que buscaban la distinción individual. Independientemente de lo que Comey fuera, antes que nada era un burócrata. Echarlo ignominiosamente era otro insulto de Trump a la burocracia.

* Fragmento de Fire and fury.

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