Pablo Juárez, el tucumano en la elite del tenis

Pablo Juárez está en la organización de torneos donde brillan estrellas como Federer, Nadal y Del Potro

26 Feb 2018

Pablo Juárez pasó su infancia en el barrio El Bosque. Este tucumano jugaba al tenis y tenía potencial; pero nunca se imaginó rodeado de jugadores como Roger Federer, Rafael Nadal, Novak Djokovic y Andy Murray. Mucho menos participar de una discusión entre Ivan Lendl, John McEnroe, Björn Borg y Jimmy Connors dentro de un vestuario durante un Grand Slam.

Su talento sobresaliente fue clave para conseguir una beca deportiva en Estados Unidos. “Antes era muy difícil conseguirla; debías mandar una carta y esperar mucho tiempo por una respuesta”, contó Juárez a LG Deportiva.

La enseñanza empezó a entusiasmarlo y decidió formar jugadores de tenis. La necesidad de enriquecer sus capacidades académicas lo llevó a cursar un Máster en Puerto Rico. Pagaba sus estudios con lo que le pagaban sus alumnos de tenis.

Pero necesitaba algo más. Dar clases no le resultaba suficiente. Quería probar algo nuevo en el entorno del tenis, aunque no necesariamente dentro de la cancha. “Un amigo me comentó sobre la posibilidad de trabajar para la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP) y me mudé a Jacksonville (Florida, EEUU)”, contó. Pasó un año enseñanza tenis, mientras esperaba la respuesta de la entidad. Finalmente llegó: lo habían aceptado para que confeccione los rankings de los mejores jugadores.

Pablo había conseguido parte de lo que deseaba. Pero ahora quería viajar. Luego de un año y medio de actualizar rankings, la ATP le dio el cargo de Tour Manager. “Es el vínculo entre el jugador, la organización y la televisión. Tengo que velar por los intereses de los jugadores, y buscar siempre puntos comunes entre todos los protagonistas” explicó. Él considera un arte su función: “la ATP me preparó, pero la tarea en el campo está todo el tiempo cambiando y presentando nuevas situaciones, a las que debo adaptarme”, precisó.

Este trabajo lo lleva a recorrer prácticamente el mundo entero. Es una función tan puntillosa que sólo la desarrollan seis personas en todo el mundo. Cada setiembre le entregan el calendario con todos los Swings (conjunto de 28 días en los que debe cumplir su función en tres torneos de una misma región), que hará el próximo año. “Sé el día exacto en que tengo que sacar los pasajes; eso me permite saber si cuento con días libres para programar vacaciones”, explico el manager.

Trabajo pesado

Viajar todo el tiempo no es fácil. No tiene hijos; pero con su novia, Leidy, acomodan sus agendas para evitar que los días sin verse no superen los 28 de cada swing. Cuando Leidy puede, lo acompaña. Argentina es uno de sus puntos más frecuentes. La vuelta a sus tierras lo acerca a sus padre, Eduardo y Lucía -que aún pasan horas jugando al tenis-, y sus hermanos, Ramiro y María Beatriz.

El Tour Manager es un cargo de lunes a lunes, y de 24 horas. Ser el vínculo de los jugadores y el circuito de tenis es complejo. Pablo se ocupa de los mejores 400 jugadores del mundo; lo que implica lidiar con 400 personalidades, y con sendas pretensiones. “En todo momento debemos estar pendientes a las situaciones que pueden ocurrir, y debemos hacer todo lo posible para impedir que sucedan”, señaló el tucumano. A modo de ejemplo, contó el trabajo en el marco del testing pool. Se trata de una prueba que se realiza a 150 jugadores. En un determinado momento del día, estos deben comunicar a la ATP dónde se encuentran, para que, eventualmente, se les realice una prueba antidoping. Si un jugador no responde en tres oportunidades se considerado como un caso de doping positivo. Y eso es muy grave.

“Constantemente estoy en contacto con todos; no sólo con los jugadores, sino también con los entrenadores e, incluso, con encordadores. Para dormir apago el teléfono, pero al despertarme está lleno de mensaje”, contó. “A veces un jugador me pide jugar de día, pero debe enfrentar a una estrella y la televisión necesita que por rating el partido vaya por la noche. Y también participa la organización, que necesita vender más entradas”, explicó. Y trascartón, contó que en el Abierto de Australia, el campeón, Roger Federer, deseaba jugar el primer día. Sin embargo, la disposición del cuadro, la organización del torneo hicieron que jugara de manera opuesta a las preferencias del actual N° 1.

Lesiones en el circuito

Las declaraciones de Nadal al abandonar el Abierto de Australia repercutieron en todo el mundo y, por supuesto, también en la ATP. El mallorquín había dicho que parecía que desde la organización no pensaban en los jugadores. El español indicó que, a su criterio, la ola de lesionados se debe a las exigencias del circuito.

Juárez explicó que la ATP plantea diferentes requisitos, según el ranking; pero precisó que los jugadores siguen siendo libres en lo que respecta a qué torneos jugar y cuáles no. “Es un deporte profesional, con muchos partidos; y se juega al límite. Las lesiones son naturales en este tipo de deportes. Hay que determinar si realmente son consecuencia de la severidad del calendario”, afirmó. Y agregó: “al terminar la temporada hay jugadores que van a participar de exhibiciones y de torneos no oficiales, durante noviembre y diciembre; supuestamente el calendario es muy largo, pero usan su tiempo de descanso y de vacaciones para jugar por invitación”. Y subrayó que como el objetivo de los Tour Managers es defender a los jugadores siempre se está tratando este tema en el circuito.

Cambios en la ATP

Parte de la tarea del Tour Manager es explicar no sólo el reglamento, sino también los cambios que se realizarán. “Ahora queremos lograr que los jugadores que no tengan un ranking elevado puedan vivir del tenis”, contó Juárez. La idea es reducir el número de jugadores de las Qualy (clasificación previa a un torneo para conseguir la entrada al cuadro principal de este), para elevar el nivel de tenis. Antes participaban 32 jugadores en las Qualy; el cupo se redujo a 24, y pretenden llegar a 16 el año que viene 2019. Cada jugador deberá ganar únicamente dos partidos para entrar al cuadro principal de los torneos; y el premio económico será más grande.

Actualmente, perder en una primera ronda entrega un premio de U$S 300. Con los cambios, esa cifra aumentaría a U$S 1.000. “La ATP está en el mejor momento financiero de su historia. Darle más dinero a los top no tiene sentido”, explicó Juárez. Estos cambios reducen el tiempo de cada torneo, y un jugador que llega a instancias finales podrá jugar la Qualy del torneo siguiente. El tucumano anticipó que a partir del año que viene todos los torneos Challenger (segunda división de la ATP) garantizarán el hotel a cada jugador, lo que les reducirá los gastos.

El tiempo vale oro. Y en tenis y en televisión, mucho más. El Abierto de Australia aplicó los límites de tiempo. Desde la entrada a la cancha hasta el momento del saque deben pasar exactamente siete minutos: uno para entrar, cinco de peloteo y uno para saque. Además, limitaron el tiempo entre punto y punto, para que no supere los 25 segundos. Las categorías inferiores cuentan con relojes para medir esto. Los jugadores debieron cambiar sus rituales dentro de la cancha. Por ejemplo, Antes Nadal usaba una sola toalla y debía cruzar de un lateral a otro para buscarla; ahora el mallorquín entrega dos toallas, una a cada ballboy en los extremos.

Polémica modificación

La prueba más esperada -y discutida- se puso en práctica en el torneo Next Gen (Milán), del que participan únicamente los siete mejores rankeados, menores a 21 años y un Wild Card (invitado), también menor de 21. La prueba se llama Coach in Match, y permite a los jugadores, al finalizar cada set, contactarse con su entrenador y recibir indicaciones mediante unos auriculares y micrófono. Actualmente, las indicaciones están prohibidas en este deporte. El entrenador sólo puede dar aliento a su jugador. Pero las comunicaciones no serán privadas, sino que serán reproducidas en la transmisión oficial, aunque no en las pantallas del estadio. Al tratarse de partidos a cinco sets, los jugadores podrán pedir este contacto hasta cuatro veces; más otra, si el rival pide asistencia médica.

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