Promoción turística de Humahuaca en 1923

06 Feb 2018

Manuel Riva - LA GACETA

La sección Güemes a La Quiaca del ferrocarril Central Norte Argentino, toca una zona de veraneo, acaso la mejor del país. Desde que el viajero sale de Jujuy hasta Humahuaca, advierte un cambio de clima que encanta, del calor de las ciudades se pasa a la temperatura fría de aquella región. El verano es desconocido allí. De esta manera nuestra edición número 3.371 del 1 de febrero de 1923 hacía promoción de la Quebrada de Humahuaca como destino turístico mucho antes de que se convirtiera en un atractivo mundial y que fuera declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2003.

La zona presenta signos de población de hace 10.000 años. Los maravillosos paisajes junto a pueblos casi detenidos en el tiempo son el atractivo del turismo internacional. Los vestigios precolombinos junto a los rasgos coloniales de algunas de las poblaciones le dan un color cautivante a la región.

El cronista de aquellos años rescataba: a esta deliciosa temperatura, se agrega el hermoso panorama y la bondad de la gente, con lo que se tiene un verdadero paraíso perdido. El modo de vida de los pobladores también era un atractivo: allí se vive una vida sencilla, sin los trajes ni las comodidades de las grandes poblaciones, pero gozando de las bellezas naturales y de un ambiente sano, que resulta más agradable.

Cortes de vías

Sin embargo, se destacaba que para utilizar el ferrocarril con comodidad se requería resolver el problema de los derrumbes, que cortaban las vías bastante a menudo.

Las vías del Central Norte Argentino atraviesan las estaciones Yala y Volcán por una especie de río seco, a unas tres leguas (unos 15 kilómetros) de un antiguo volcán que da el nombre a la región. Es un volcán muerto, pero que todos los años, en época de lluvias, causa daño al ferrocarril. Es el inconveniente mayor que se presenta en la línea. Las aguas se estancan en el cerro donde estaba el antiguo volcán y causan el derrumbe de grandes murallones, que van a tapar la vía en una extensión de dos o tres kilómetros. Este problema se mantiene en el presente, pero los cortes se producen sobre la ruta que conduce a la Quebrada, ya que el tren dejó de correr hace 50 años.

La trocha métrica, separación entre las vías que iban desde Jujuy hasta La Quiaca fue completada el 25 de mayo de 1908. Ya en 1923, con 15 años de funcionamiento, se señalaba: el volcán ha sepultado más de diez veces las vías del ferrocarril en aquel trecho, que se han construido una tras otra por resultar más económica la construcción de un nuevo enrrielamiento que desenterrar el tapado.

En 1930

El tema de los volcanes de lodo seguía siendo un problema en 1930, ya que otra crónica, informaba: Los “volcanes” de lodo, que revientan en ciertas épocas del año, cubren por entero sus vías imposibilitando el tránsito. El problema obligó a hacer estudios a los ingenieros de los ferrocarriles del Estado. El tramo era el que unía Jujuy con Bolivia. En aquel equipo se incorporó por primera vez un grupo de estudiantes y los elegidos fueron tres tucumanos. Los seleccionados, que estudiaban en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Tucumán, fueron José Tula Cabral, Ángel Carol y Roberto Delgado, quienes se sumaron inmediatamente a la comisión de estudio. El grupo partió en el tren internacional rumbo a Volcán en enero de 1930 y se quedaron en la zona por unos dos meses trabajando.

El asunto preocupaba a principio de la década de 1920 y requería la total atención de la administración ferroviaria. Ya se informaba de la necesidad de nombrar una comisión técnica para estudiar una solución al problema. Y se señalaba: entre los proyectos, figura el de construir un túnel, que permita atravesar sin dificultad la zona. Con esta obra se evitaría la cremallera de manera que el recorrido se haría con más economía y velocidad, usando las máquinas tipo 1200 a petróleo.

Pese a los problemas, que se planteaban en la época estival cuando las lluvias producían los deslaves, nuestras páginas destacaban las bondades de la región: Reyes, Yala, León, Volcán, Tumbaya, Purmamarca, Maimará, Tilcara, Huacalera, Senador Pérez y Humahuaca, en la estación veraniega, se pueblan de veraneantes, que dan a aquellas villas silenciosas una animación extraordinaria. Y agregaba: todos esos pueblos están levantados a la orilla del río que corre a lo largo de la quebrada. Y de noche, cuando cesa el bullicio, se oye el murmullo de las aguas que corren sin cesar.

Esas mismas aguas con sus crecidas y derrumbes impedían el acceso a la región, que llama a pensar cómo se ha formado a través de las edades.

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