¿El fin de la fuga de beneficios de firmas en Estados Unidos?

El destino de las ganancias de las empresas.

07 Ene 2018

Quita el sueño a los políticos estadounidenses desde hace años: grandes consorcios del país como Apple, Microsoft, Cisco o General Electric depositan muchos de sus beneficios obtenidos en el extranjero en otros países, incluso en paraísos fiscales, para evitar el fisco estadounidense.

El presidente Donald Trump quiere atraer ese dinero al país con su reforma fiscal, con la intención de impulsar la economía y crear empleo. La pregunta que sin embargo se hacen muchos es si esa reforma impositiva cambiará realmente la práctica fiscal seguida por las empresas estadounidenses. Son sumas enormes: según el servicio financiero Bloomberg, los beneficios que las empresas estadounidenses depositan en el extranjero ascienden a unos 3,1 billones de dólares. En comparación: más que el producto interno bruto (PIB) de países como Francia o Reino Unido.

Desde hace mucho tiempo los políticos estadounidenses buscan la forma de recuperar ese dinero para el fisco de su país, pero hasta ahora, las cúpulas empresariales se negaron a hacerlo alegando impuestos demasiado altos en su país.

Por ejemplo, el director ejecutivo de Apple, Tim Cook, dijo en 2015 que le gustaría transferir a Estados Unidos los activos de la empresa en el extranjero, pero que le resultaría demasiado caro, pues tendría que pagar un impuesto del 35%. Cook y otros altos directivos prefieren por ello registrar sus beneficios internacionales en otros países, como Irlanda o Bermuda, donde pagan menos impuestos o incluso nada.

Hasta ahora les ha resultado relativamente fácil, porque el fisco estadounidense sólo actuaba sobre beneficios obtenidos en el extranjero cuando éstos eran devueltos al país. Pero ello podría cambiar con la nueva ley de Trump que rebaja el impuesto a las sociedades del 35 al 21% y que además ofrece llevar de vuelta al país los activos en el extranjero con un gravamen único extraordinario de entre el 8 y el 15,5%. Así, los beneficios en el extranjero podrán volver a Estados Unidos con una tasa de en torno al 10%. Los analistas alertan de un coladero fiscal.

Las empresas alertan de un peligro para sus activos colocados en el extranjero: así lo han hecho bancos como Goldman Sachs o Citigroup, que calculan costes millonarios, al igual que otras empresas que hacen gran parte de sus ventas en el extranjero. “En las próximas semanas muchas emitirán comunicados en ese sentido”, pronosticaba Ryan Dudley, de la asesoría Friedman LLP, en declaraciones a la emisora CNN.

Entonces, ¿supone la reforma fiscal de Trump un lastre para las emrpesas? No, opina el experto de la Universidad de Columbia James S. Henry, que trabaja en la red Tax Justice Network, en pro de la justicia fiscal: el impuesto especial sobre los activos de las empresas en el extranjero pretende cambiar la política de los grandes consorcios estadounidenses. Si se mira de cerca, los gastos para las empresas son mínimos y los costes pueden fraccionarse hasta en ocho palazos hasta 2025.

Los críticos consideran de hecho la normativa demasiado laxa y señalan que más que castigar a las empresas que ocultaron dinero en paraísos fiscales, las recompensa. También las empresas han dicho siempre que se verían beneficiadas a largo plazo.

Pero, ¿cambiará ello las prácticas de evasión fiscal seguidas hasta ahora? Los expertos lo dudan. Porque aunque ese impuesto único de entre el 8 y el 15,5% se paga sólo una vez, no está claro cómo se gravarán después esos activos.

“La reforma fiscal podría llevar a incluso a que más empleos, fábricas y beneficios fueran trasladadas a otros países fuera de Estados Unidos”, alerta incluso Steven Rosenthal, del centro fiscal Tax Policy Center. Porque la nueva ley incluso hará más fácil para las empresas evitar las tasas sobre sus beneficios internacionales, señala.

E incluso cuando las empresas estadounidenses quisieran devolver al país sus activos a gran escala, los economistas no creen que ello provocase un gran impulso de la coyuntura económica. Porque las empresas ya tienen beneficios, pero prefieren invertirlos en recompras de acciones o el pago de dividendos antes que en hacer inversiones. “La influencia de las rebajas fiscales en la economía podría ser limitada”, señalan también los analistas de la agencia de calificación Moody’s.

Así, al final, los más beneficiados podrían ser los inversores, que podrían tener réditos más altos en el futuro. Además, un regreso del dinero del extranjero podría volver a poner en marcha la rueda de adquisiciones empresariales.

Los mercados se preguntan qué harían especialmente gigantes tecnológicos como Apple, Microsoft o la matriz de Google Alphabet con sus enormes reservas de efectivo. Los analistas ya apuestan sobre qué empresas podrían convertirse en objetivo de compra. (DPA)

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