El sushi con cerveza artesanal se impone a los espacios culturales

El año se va con el cierre de Sonora Casatomada tras ocho años dedicados a las actividades artísticas. Ya dejó de funcionar el Centro Cultural Leticia

30 Dic 2017

El año concluye con la pérdida de dos espacios dedicados al arte y a la cultura. Sonora Casatomada y el Centro Cultural Leticia se despiden de sus habitantes de sueños e ilusiones -tanto protagonistas como público- y bajan las persianas en un 2017 complicado en el que, en mayo, cerraron Aureliano Buendía y Casa Managua (esta última reabrió meses más tarde).

Se trata de fondas, bares o espacios en los que la música, el arte, el teatro y el show constituyen un valor agregado. La mayoría surgió en la última década y son claves para el desarrollo de la escena emergente.

Sonora Casatomada nació hace ocho años, cuando abrió sus puertas en Suipacha al 500 (una ubicación alejada del circuito) y luego se trasladó al centro, en San Juan 620. No sólo desfilaron diferentes bandas en sus escenarios, sino que se concentró en recitales de poesía y en pequeñas performances. Por sobre todo, fijó desde el comienzo un perfil inclusivo y una gastronomía poco común.

“Es verdad que hubo problemas económicos por cómo subieron los precios de los insumos y los impuestos, pero entre las razones de este cierre hay un poco de todo; también hay que tener en cuenta cómo evolucionó la gastronomía y el gusto de los clientes”, le dijo Ana Caram a LA GACETA,.

Junto a María Gallego García Posse encararon Sonora con una fuerte presencia propia. “La gente hoy busca otro tipo de propuestas… Creo que van a cerrar muchos espacios con nuestro estilo. Mi teoría es que volvemos a los 90, a la pizza con champagne que ahora se transformó en sushi con cerveza artesanal. Nuestra propuesta no es lo que la gente busca actualmente, eso es cierto”, describió.

Caram cree que todo es cíclico en la vida, que esta moda se irá y que luego regresará el momento de las fondas culturales. “Nosotras siempre tuvimos la línea de defender al cliente. Pero bueno, esto llegó a su fin: Sonora Casatomada se terminó, y no tenemos ningún proyecto que lo reemplace -apuntó-. Veremos qué pasa en el futuro, hoy no tenemos planes”.

Rock y cumbia

El Centro Cultural Leticia se creó hace más de tres años en San Martín 1.075. Numerosos talleres, fiestas, recitales y exposiciones estuvieron agendadas durante este tiempo. Igualmente, bandas nacionales como El Mató a un Policía Motorizado presentaron allí sus últimos discos, y brindaron recordados shows Miss Bolivia y Mala Fama, por ejemplo. El rock o la cumbia, el indie y la música tropical se codeaban sin conflicto en ese amplio local, de 1.000 metros cuadrados.

DANZA AÉREA. Por sus dimensiones, el grupo El Espejo utilizó el Centro Leticia para sus puestas en escena. 

Los responsables del proyecto, Alberto Parra y Silvia Gianfrancisco, establecieron una sociedad. “Yo me encargaba de toda la parte cultural y de la agenda artística. Cerramos porque el dueño del terreno, que es Parra, no tiene razones para renovar este emprendimiento y quiere vender el lugar, que es muy amplio”, explica Gianfrancisco.

La actriz y directora teatral lamenta este final. “Es una pena terrible: durante todo este tiempo puse sangre, sudor y mucha alegría para mantenerlo activo. Es muy lindo crear un lugar donde la gente pueda expresarse en distintas manifestaciones artísticas… Pero ahora termina el contrato y, de algún modo, sabía que esto iba a suceder”, añadió. El lugar llevaba el nombre de la abuela de Parra, que era cantante lírica a principios del siglo pasado.

Destinos distintos

La suerte de Casa Managua tuvo distintas etapas. A fines del año pasado se hablaba de su inminente cierre, lo que efectivamente se produjo en mayo, con lo cual se perdió un espacio para la música. Cinco meses después reabrió con la reformulación de su propuesta de cocina, se acondicionó el auditorio ampliando el escenario, se mejoró el equipo de sonido y se agregó un camarín para los artistas, contó Pablo Guaraz, uno de los nuevos dueños.

Un final diferente fue el que tuvo Aureliano Buendía (ubicado en Córdoba 1.150). Cuando se despidió este año Juan Fajre, le había dicho a LA GACETA: “la noche se está haciendo más careta. Cierran los bares culturales pero abren y son un éxito otros, en los que se bebe mucho y se come poco, que funcionan a un ritmo diferente que los nuestros”.

A la lista se suma Pal Pueblo, aunque con su propio camino. Si bien nunca hubo espectáculos en el bar de Alberdi 74 (enfrente de la sala Paul Groussac, donde estudian los alumnos de la Licenciatura de Teatro de la Facultad de Artes de la UNT), está identificado con el mundo del arte. En agosto, sus viejos dueños vendieron el lugar y lo adquirieron quienes ya trabajaban allí. Así, Noelia Ragone pasó de moza a administradora, y su experiencia confirma un giro en la tendencia de las nuevas costumbres gastronómicas y sociales, pero menos marcado que en otros espacios.

“Todo siguió tal cual, con los mismos clientes y los mismos empleados, que se sienten muy identificados con el bar y alguna vez hasta nos ayudaron a limpiar, porque nos conocemos desde hace años y ellos se sienten en parte dueños -destaca-. Potenciamos fuertemente nuestra publicidad en las redes sociales y mantuvimos casi toda la carta, pero incluimos hamburguesas especiales que está pegando fuerte, porque al tucumano le gustan mucho los sánguches. Nos defendemos manteniendo una línea clara que permite respirar un aire especial”.

PUNTO DE VISTA

Discontinuidad de lo alternativo
onás salto leitón
director del grupo elespejo, que actuaba en el centro cultural leticia

Discontinuidad de lo alternativo

Onás Salto Leitón - Director del grupo elespejo, que actuaba en el centro cultural Leticia

Hay una ciencia que estudia el significado de los espacios, que se llama proxemia. Las prácticas culturales populares son las que le dan un plus de significado a los lugares donde se realizan, porque cada actor o gestor cultural contribuye a dignificarlo desde lo que hace o planifica. Su cierre implica una ruptura, una discontinuidad de estas prácticas, porque ese espacio está configurado desde los sujetos, desde la toma de posición de las diferentes autorías artísticas que allí se desarrollan. Todo cierre viene a desestructurar subjetivamente a quienes apostamos al arte popular, sobre todo. Estos espacios y centros culturales tienen muchísima importancia social, a lo cual se agrega que son alternativos, ya que las salas “oficiales” están vedadas para la cultura del pueblo. Lugares como los teatros Alberdi, San Martín o Mercedes Sosa no posibilitan estas prácticas, que convocan a un público específico. Son lugares pensados desde una estructura oficial donde las decisiones son ajenas y no constituyen espacios de aprendizaje.

Comentarios