Le hacen todo el aguante

Neme contará con la asistencia del equipo Pro CDG, que llevó a la meta a todos sus pilotos.

24 Dic 2017

Es tan común como errónea la creencia de que al Rally Dakar lo corren sólo los pilotos. Detrás de ellos, se mueve todo un aparato logístico que tiene por misión principal ocuparse de que quien va al volante sólo deba preocuparse por manejar. Esos gigantescos camiones que acompañan a la caravana y que esperan a los pilotos en los vivacs son una pieza fundamental del engranaje dakariano.

Como apoyo de Ricardo Neme y su navegante Ramiro Corvalán, viajará el equipo Pro CDG, conformado por Ariel Isola, Juan Manuel Nicola y Marcos Acosta. Ellos fueron los encargados de traer desde Córdoba la Toyota SW4 y el camión de asistencia, que fueron presentados ayer por la tarde en el Open Plaza de la avenida Perón, en Yerba Buena.

“A esto, si no lo hacés con pasión, no lo aguantás. Es muy duro”, asegura Ariel, director del equipo. “Se dice que es una carrera contra vos mismo, contra tu cabeza, y realmente es así. Aparte, se trata de convivir con la misma gente durante un mes y medio, y si no ponés los paños fríos de entrada, se te complica”, describe, montado en la experiencia que le dieron sus nueve Dakar. “Estuve en todos los que se hicieron en Sudamérica, con pilotos argentinos y chilenos. Y en todos, el piloto que asistí llegó a la meta”, infla el pecho Ariel, y promete que Neme no será la excepción: “para mí, no existe la posibilidad de que no llegue. Siempre me propongo que el vehículo tiene que llegar, como sea, y trato de hacer que el piloto lo entienda así también”.

Mientras Ariel va por el décimo, para Juan Manuel será el primero. No obstante, asegura estar preparado para el desafío de pasar noches en vela y manejar un promedio de mil kilómetros por día. “Estoy ansioso, pero a la vez muy sosprendido por lo que el Dakar genera en la gente. Es un evento de la hostia, y que tiene sus particularidades. Por ejemplo, Ariel me decía que había que hacer tal cosa, yo le respondía que estaba loco si pretendía hacer eso y él me devolvía la misma frase: esto es el Dakar. Siempre tiene que haber una solución”, cuenta, con acento tan cordobés como el de su amigo.

Es que el Dakar es así: no da tregua, exige estar a full todo el tiempo y buscarle la vuelta a cada adversidad que plantea el camino. Eso no es para cualquiera. “El 90% de los pilotos, cuando termina el Dakar, dicen que es el último que corren en su vida. Pero en febrero ya te están llamando para ver qué se podría modificar para el año siguiente”, se burla Ariel, aunque admite que a él le pasa lo mismo: “a veces, te toca vivir cosas que te hacen preguntarte si vale la pena. Y después te tocan otras que te hacen recordar por qué estás ahí”.

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