Personajes que elucubran posibilidades

Narradores más cerca de las interpretaciones que de los hechos

17 Dic 2017
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POR LA INTERPRETACIÓN. El lector es impulsado a evaluar escenas ambiguas.

RELATOS

EL FIN DE LA INTIMIDAD

GUSTAVO PABLOS

(Postales Japonesas - Córdoba) 

Hace tiempo que parece haber una fuerte deficiencia en la capacidad de titular los libros de la reciente ficción nacional. Por eso siempre hay que celebrar la aparición de un gran título. Y El fin de la intimidad lo es. Su eficacia radica en que puede ser leído como la definición breve y certera de la época en que vivimos, pero también como la pérdida de privacidad que indefectiblemente acarrea la aparición de toda ópera prima, abandonar esa zona de confort secreta, llena de potencialidades, del texto inédito, antes de entrar en la imprevisible y siempre problemática esfera social.

Tal vez conscientes de este pasaje intimidante y fundacional, los personajes del auspicioso debut literario de Gustavo Pablos pasan gran parte de su tiempo elucubrando posibilidades. Es como si intuyeran que casi cualquiera puede contar historias, pero que son muy pocos los que se dedican a la contemplación (otro triste rasgo de nuestra contemporaneidad). Así, los narradores de estos relatos, siempre apuntalados por una prosa reflexiva, no parecen valorar tanto los hechos como las interpretaciones. Por lo tanto, el lector es impulsado a evaluar escenas ambiguas, a buscar nuevos nombres a situaciones simbióticas, a decidir si ciertas ascensiones son reales, simbólicas o imaginarias, a cerrar finales abiertos, y por último, a contemplar una imagen perturbadoramente feliz de su propia desaparición.

“La verdad tiene estructura de ficción”, afirmó Lacan. Seguramente nunca imaginó todo lo que nos haría pensar con dicha sentencia, en especial a la hora de abordar libros como El fin de la intimidad.

© LA GACETA

Marcelo Damiani

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