Una política de mantenimiento del arbolado urbano

18 Nov 2017 Por LA GACETA

En algunos casos hay indicios, pero en otros la adversidad hace una brusca aparición y desencadena una tragedia. Es lo que se denomina un accidente, es decir un suceso eventual del que involuntariamente resulta un daño. Ello sucedió en la noche del miércoles, que se desató un vendaval. En Monteagudo al 1.800, un hombre de 39 años salió presuroso a correr su automóvil estacionado bajo uno de los dos ficus, que él mismo había plantado hacía una década, cuando un ejemplar cayó destrozando el vehículo y quitándole la vida. Otros tres árboles se derrumbaron en otros sectores de la ciudad, sin consecuencias mortales.

El secretario municipal de Servicios Públicos dijo que la zona registra constantes problemas de pérdidas cloacales y de agua potable, lo que puede estar debilitando las raíces del arbolado. “También contribuye la propia pendiente de las calles, ya que con una mínima lluvia el agua corre a gran velocidad... de los 285.000 árboles que conforman el arbolado urbano, se cayeron cuatro. Lo de la Monteagudo al 1.800 fue una fatalidad terrible e imposible de prever, porque el arbolado de esa cuadra está en perfectas condiciones”, afirmó.

El infortunado episodio trae a la memoria aquel accidente ocurrido en noviembre pasado, cuando un antiguo eucalipto, que se hallaba en una propiedad privada, se desplomó sobre un transporte escolar y una moto en calle Solano Vera al 1.000, de Yerba Buena, ocasionando el deceso de un niño de cinco años. El hecho desató una suerte de psicosis y muchos comenzaron a destruir los eucaliptos.

En contrapartida a este hecho desgraciado, también se efectúan acciones positivas para conservar antiguos ejemplares. Días pasados, un palo borracho, de la calle Pellegrini primera cuadra fue designado “Árbol notable” de 2017 por la Municipalidad y la Sociedad Amigos del Árbol. Esta última entidad dijo que lo eligieron además para tratar de preservar los 11 yuchanes que hay en esa cuadra, de manera que cuando inicien las obras en la ex papelera no se atrevan a cortarlos. En la Pellegrini, entre las avenidas Mate de Luna y Kirchner, se destacan alrededor de 40 palos borrachos.

Dos ordenanzas se ocupan de los árboles en San Miguel de Tucumán: la N° 2.432 (data de 1994), declara al arbolado de uso público como Patrimonio de la Comunidad, y la N° 3.484 (2004) que ordena la creación de un registro de ejemplares. Se estima que hay unos 300.000 ejemplares distribuidos en plazas, parques y veredas. Algunos especialistas consideran que de ese total, un 20% debería ser reemplazado; es decir unos 60.000 árboles.

Sería positivo si se diseñara una política específica sobre el arbolado público a nivel provincial, que primeramente educara al ciudadano acerca de qué ejemplares plantar frente a su vivienda. Podría encararse en cada ciudad un censo para saber cuántos árboles tienen, verificar la edad de cada ejemplar, la altura, su estado fitosanitario; realizar un control permanente de las plagas. Podrían aliviar el peso de la copa de aquellos árboles antiguos inclinados, cuyas ramas largas significaran una amenaza de peligro, como sucede, por ejemplo, con algunas tipas de la ex plaza Rivadavia. En el parque Avellaneda, hay varios árboles que están secos y deberían reemplazarse.

No se pueden prevenir los terremotos, pero las edificaciones con cimientos antisísmicos colaboran a morigerar un desastre. Del mismo modo, no se puede predecir si un árbol joven de gran porte se caerá, pero acciones preventivas, como ocuparse de su salud, pueden evitar tragedias.

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