Felipe Pigna: “la escuela se dirige a un sujeto que ya no existe”

Historiador políticamente incorrecto si los hay, presentó ayer en Tucumán “La vida por la patria. Una biografía de Mariano Moreno”. Con LA GACETA habló de su nuevo libro y contextualizó la figura del creador de “La gazeta” en el proceso revolucionario de 1810. La mirada crítica sobre el sistema educativo.

27 Oct 2017
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LA GACETA / FOTO DE FRANCO VERA

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En 1984 comenzó el camino de la divulgación histórica en sus múltiples formatos (libros, charlas, radio, televisión, productor y conductor de documentales), Autor de “Los mitos de la historia argentina” y de sendas biografías sobre Belgrano y San Martín (entre otros numerosos títulos), él resume su obsesión en una cita del catalán Josep Fontana: “a la historia hay que sacarla de los claustros”.

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En 1984 comenzó el camino de la divulgación histórica en sus múltiples formatos (libros, charlas, radio, televisión, productor y conductor de documentales), Autor de “Los mitos de la historia argentina” y de sendas biografías sobre Belgrano y San Martín (entre otros numerosos títulos), él resume su obsesión en una cita del catalán Josep Fontana: “a la historia hay que sacarla de los claustros”.


Cuando estaba en Tercero de la secundaria, en su Mercedes natal, Felipe Pigna tenía una profesora de Historia tan pero tal mala, que él y sus compañeros de clase se “afilaban” para ponerla en aprietos. Y la revancha llegó en Quinto, cuando le tocó en suerte una docente de las buenas. De ese contrapunto, recuerda el autor de “La vida por la patria, Una biografía de Mariano Moreno”, nació su decisión de convertirse en historiador. Es probable que esa genética de intelectual políticamente incorrecto haya pesado cuando eligió contar la vida del que fuera secretario de la Primera Junta de Gobierno en 1810 y que falleció en el mar, una muerte que sigue despertando debate, y que para muchos es conjetural, pero que para Pigna fue un homicidio. Este último es, precisamente, uno de los temas fuertes que aborda Pigna en esta nueva biografía, género en el que se siente a sus anchas. “La biografía me encanta. Vas a hablar del niño y también del tipo que muere”, enfatiza Pigna, cada vez más convencido de que a la historia hay que sacarla de los claustros.

- En tu biografía le das mucha importancia al Moreno intelectual. Se corre el eje de lo militar, y te centrás en el “héroe ilustrado”.

- Exactamente. Me interesó mucho esa cuestión. Y evidentemente tiene un costo para Moreno, porque es una persona que no tiene un día patrio. Creo que esa omisión en el calendario tiene que ver con eso de no haber sido militar. Creo que en la historia argentina “garpa más”, como dicen los chicos, el origen militar. Creo que eso, más su incorrección política, contribuyeron a la invisibilización del personaje. Tengamos en cuenta que su tesis doctoral en plena época de la colonia es sobre la explotación indígena en las minas de Potosí.

- Una cuestión que aparece en tu libro es el germen de una discusión sobre la democracia deliberativa....

- Completamente, él apuesta a una democracia tan representativa como deliberativa. Por eso es que él no se conforma con la ampliación de la Junta, cree que es una maniobra. Y lo es; porque no es un acto de federalismo trayendo a los diputados del interior, que, como su nombre lo indica, son diputados para un Poder Legislativo, a los que se los incorpora inadecuadamente a un Poder Ejecutivo para dejarlo en minoría. Y él sabe que, en definitiva, lo que va a ocurrir es que se va a postergar sin fecha la Constitución. Lo que le preocupaba es no tener ley; por eso él insiste tanto con Rousseau, que es el padre del constitucionalismo, del contrato entre gobernante y gobernado, entre obligaciones y derechos.

- ¿La corrupción aparece casi como consustancial al origen de la Nación?

- Exacto, a la colonia, que era tremendamente corrupta. Y así lo denuncia Moreno en la Representación de los hacendados. Dice que hay una falacia en esto de preocuparse por la importación de productos ingleses, cuando los propios monopolistas que quieren el trato con Cádiz, supuestamente en defensa del monopolio español, son los principales contrabandistas. “Si quiere constatarlo, vaya a las tiendas y vea los rubros ingleses que hay en sus negocios”, afirma.

- Hay un gran debate historiográfico acerca de la muerte de Moreno. ¿Cómo lo abordás?

- Creo que el término correcto es homicidio, que puede ser culposo o puede ser doloso. Yo lo digo en el libro: claramente, hay gente interesada en que él muera, que es el capitán del barco. Y también digo que no puedo decir quién lo mandó matar. Hay sospechas; es raro que el capitán del barco no haya querido ir al puerto de Río de Janeiro, que estaba muy cerca. Y hay otras cuestiones con las que hay que tener mucho cuidado, como la alegría incontenible de Saavedra al saber de la muerte de Moreno. Lo que no indica que él lo mandara matar. No necesariamente quien se beneficia con un crimen, lo comete. Sobre todo, un crimen político.

-En tu criterio, ¿qué encarnan, sintéticamente, Moreno y Saavedra en el contexto de la revolución?

- Creo que son, claramente, la izquierda y la derecha de la revolución. Lo que no tiene nada de anacrónico, porque los términos izquierda y derecha provienen de la Revolución Francesa. El saavedrismo es la expresión de una derecha que quiere sólo un cambio de figuritas. Que tiene una idea de poder vinculada con los negocios. El sector morenista, en el que están Belgrano y Castelli, es un sector que se propone cambios profundos.

- Ya fuera del libro, cada día apostás con más fuerza a la divulgación histórica. ¿Por qué?

- Con Darío Sztajnszraber estamos haciendo el conversatorio entre filosofía e historia. Hablamos durante dos horas del amor, el poder, la religión y la muerte; los grandes temas de la humanidad. Y nos emociona ver que el 70% de los que van son jóvenes. Y después los pibes se quedan esperándonos, y nos preguntan qué pueden leer. Eso contrasta con el estereotipo de que a los pibes no les importa nada.

- ¿Cómo ves la enseñanza de la historia en el sistema educativo?

- El paradigma atrasa. Los ministerios de Educación no actualizan sus prácticas; se dirigen al niño piagetiano de la década del 60, del 70, que ya no existe más. El de hoy es el sujeto electrónico, de las redes, de las plataformas virtuales. Se sigue insistiendo con los contenidos; y en el mundo avanzado no se trabaja más con contenidos. Se trabaja con el know how. Así como en la clase de química vas al laboratorio, en la de historia le enseñás a hacer historia. Y podés usarlo para el tema que quieras. En Islandia, uno de los modelos en educación en el mundo, los tipos no trabajan con contenidos. Trabajan con cómo se lee un texto, cómo se lee un documento, cómo se sacan conclusiones; cómo se trabaja en determinados contextos. Estaría muy bueno que la escuela prepare al ciudadano para hacer historia; para analizar un hecho histórico; pero la escuela desinteresa y se deslegitima a sí misma. Pero no es el docente, sino el sistema educativo.

- ¿Qué se pierde aquél que no se interesa por la historia?

- Se pierde saber de su identidad. Es como que no te interese quién es tu viejo.


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