Bergoglio y Ratzinger ante la crisis del siglo XXI

Rol, dilemas, discurso y estrategias de un Papa

22 Oct 2017
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ABRAZO HISTÓRICO. El 23 de marzo de 2013, Francisco y Benedicto XVI (había renunciado el 28 de febrero) se reunieron para rezar y para reflexionar juntos sobre la situación de la Iglesia Católica. El encuentro entre dos pontífices no ocurría desde 1418, cuando dimitió el papa Gregorio XII.

ENSAYO

FRANCISCO Y BENEDICTO

JOSÉ FERNÁNDEZ VEGA

(Fondo de Cultura Económica -  Buenos Aires)  

Desde hace unos cuantos años, lustros y décadas, una era que bien podría ser localizada entre finales del siglo XX, comienzos del siglo XXI y hasta hoy mismo, lo único que no se discute del Vaticano es que atraviesa una crisis profunda. Más explícita a veces, más implícita a veces, de forma más o menos virulenta o controlada, los vientos de la interpelación sacuden los cimientos de una Iglesia siempre forzada a vérselas con su eterna paradoja: ¿cómo corresponder a sus reglas de oro, a su sagrada genealogía, a una tradición llamada a persistir por los siglos de los siglos, sin por ello negarse a examinar los imperativos del hoy y dar cuenta, responder, atender, asistir?

En ese contexto, en el de una Iglesia demasiado enquistada en la macro política y sospechada de haberse alejado de la gente, es decir, de sus feligreses, y por lo tanto sospechada de desoír las acciones que más y mejor honran la fe, primero Benedicto XVI (Joseph Ratzinger) y después Francisco (Jorge Mario Bergoglio) llegaron al Vaticano con improntas e idearios diferentes que a grandes trazos son sencillos de determinar.

Benedicto XVI, de sólida formación intelectual o, más aún, considerado un intelectual propiamente dicho, creyó que la Iglesia se fortalecería en la medida que ganaran protagonismo los sectores más tradicionales. En esa especie de esencialismo ortodoxo el Papa nacido en Baviera edificó una tarea que sus exégetas valoran y llaman a retomar, pero que, a la vista quedó, resultó incompleta. De esa incompletud, pues, emanó la llegada de Francisco, un Papa menos escolástico y más dado al trabajo de hormiga puertas afuera. Un Papa, Francisco, más proclive a abrir el juego y a meterse a fondo con temarios políticamente incorrectos.

Todo en su lugar

Claro que estas líneas apenas si enuncian lo que José Fernández Vega despliega y examina en detalle, puesto que Francisco y Benedicto. El Vaticano ante la crisis global supone un ensayo con todo en su lugar. En principio, tal como se ocupa de alentarnos el propio Fernández Vega, postula la legitimidad de una mirada agnóstica como indispensable fuente de una distancia operativa y de una indagación si no vacunada contra impurezas preservada de forzamientos.

Luego, por extensión, la lupa del avezado investigador se posa menos en la eventual imponencia de las respuestas que en el vigor de las preguntas colocadas en el casillero correcto. De tal suerte, el rol de un pontífice en el siglo en curso, el discurso papal vinculado con la democracia, las instituciones a escala planetaria, las desigualdades y los incesantes ataques que sufre el medio ambiente y por supuesto la crisis de la Iglesia son algunos de los tópicos que profundiza un texto de igual valía para creyentes y meramente interesados.

Como la estética, reflexiona Fernández Vega, “la política tiene un núcleo opaco, inalcanzable para la razón, pero que no debe ser colonizado ni oprimido por el miedo”.

© LA GACETA

Walter Vargas

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