Un banco que busca recrear la confianza y la dignidad

19 Oct 2017 Por LA GACETA

Se ha hecho carne en una parte desfavorecida de la sociedad, producto de los descalabros financieros, de la desigualdad y de la falta de fuentes de trabajo dignas. De ese modo, se profundizó el asistencialismo en los últimos años. Ante las diferentes crisis económicas y en particular luego de la de 2001, el Estado salió a socorrer a una importante parte de la población que había quedado sin empleo.

Los planes sociales fueron inicialmente una salida provisoria hasta tanto se equilibrara la economía del país que había entrado en una pronunciada zozobra, pero luego se prolongaron a lo largo de los años, se multiplicaron en distintas variantes y nombres y en muchos casos, se desvirtuaron porque su manejo pasó a organizaciones no gubernamentales (ONG) -algunas de dudoso origen- o a punteros políticos. Los planes intentaban ser una pequeña ayuda y a cambio, el beneficiario debía brindar una contraprestación. Como desgraciadamente, suele ocurrir en nuestro país y, en particular en Tucumán, el sentido de los planes sociales fue desnaturalizándose en muchos casos.

En 2002, el Gobierno nacional importó el modelo del Banco Grameen, conocido como el Banco de los Pobres, y lo institucionalizó a través del Ministerio de Desarrollo Social. La entidad, fundada en Bangla Desh en 1976 por el economista Muhammad Yunus, fue la primera en el mundo en otorgar microcréditos a personas totalmente insolventes. “Nos reprochan que el sistema de microcréditos no es suficiente por sí mismo para eliminar la pobreza. Cierto. Pero nosotros no hemos dicho nunca que el microcrédito sea una medicina milagrosa, sino una buena y poderosa herramienta a partir de la cual empezar a trabajar. En todo caso, un estudio del Banco Mundial ha demostrado que cada año sale de la pobreza un 5 % de las prestatarias del Grameen”, dijo en una oportunidad Yunus, que recibió el Premio Nobel de la Paz en 2006 por su combate contra la pobreza. “Mi principal crítica es contra el sistema educativo porque en lugar de acercarnos a la realidad, nos aparta de ella. El propósito último de la educación es abrir las mentes de las personas, ampliar nuestra visión del mundo, aprender a pensar y a comprender para poder prosperar. Por tanto, no podremos cambiar la sociedad ni dar un futuro a los que sufren si antes no reformamos la mentalidad educativa”, dijo en esa ocasión Yunus.

El titular de la Fundación León que tiene a cargo el funcionamiento del banco señaló que en la actualidad, más de 1.200 mujeres, de entre 35 y más de 65 años, han logrado armar su emprendimiento. “No necesitan garantía material; asumen el compromiso de devolver su cuota todas las semanas en una reunión que -además del lado financiero- sirve de guía para el emprendimiento pero, por sobre todo, de contención”, dijo.

El equipo del proyecto Grameen en Tucumán acaba de celebrar una década. A menudo se habla de la imperiosa necesidad de recrear la cultura del trabajo. Esta experiencia ha demostrado su eficacia; sería importante que el Gobierno provincial se hiciera eco de ella y la amplificara; de esa manera, contribuiría a combatir la desocupación generando empleo real para muchos tucumanos. El objetivo del Grameen no es hacer desaparecer la pobreza, sino mejorar la calidad de vida de quienes viven en extrema pobreza. En esta sociedad tan mercantilizada, muchas veces indiferente a los excluidos, recuperar la dignidad y la confianza en el otro, no es poca cosa.

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